La lucha por sobrevivir en los últimos minutos dentro de las Gemelas
El drama se centró en los pisos superiores
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NUEVA YORK (The New York Times).- Comenzaron como llamadas de ayuda, información y orientación. Rápidamente se convirtieron en sonidos de desesperación, furia y amor. Hoy son las recordadas voces de los hombres y mujeres que quedaron atrapados en los pisos superiores de las Torres Gemelas.
De esas palabras finales surgió un inquietante relato de los últimos 102 minutos en el World Trade Center, construido sobre centenares de llamadas telefónicas, e-mails y el testimonio directo de los pocos que pudieron escapar.
Juntos dan forma humana a una de las facetas más invisibles de esta catástrofe: la progresiva destrucción de los 19 pisos superiores de la Torre Norte y de los 33 de la Torre Sur, donde el 11 de septiembre la pérdida de vidas fue más severa. De las 2823 personas muertas en Nueva York, 1946 estaban en esos pisos.
Esas últimas palabras hablan de un mundo destruyéndose. Una mujer recuerda a una colega rompiendo con su zapato rociadores antiincendio inutilizados. Un hombre que con calma llama a su esposa le recuerda sobre su seguro de vida, le cuenta que el piso se desmorona y le dice que ella y sus hijos son todo para él.
Ninguna llamada por sí sola describe las escenas que se desencadenaban a una terrible velocidad. Pero juntas ofrecen una escalofriante visión de las zonas devastadas y son la única ventana a los actos de coraje registrados en un momento brutal.
Más de 1100 personas que estaban en la zona de impacto y en los pisos de arriba sobrevivieron al choque. Muchos vivieron hasta que los edificios colapsaron. En la Torre Sur, incluso después de que la aeronave se estrellara, una escalera despejada conectaba los pisos superiores con la calle. Al menos 18 personas la utilizaron para escapar. En ese momento, unas 200 personas se dirigían al techo del edificio, sin darse cuenta de la existencia de esa escalera y creyendo -incorrectamente- que podrían abrir la puerta de la terraza. Todos murieron.
En ambos edificios, mucha gente perdió su oportunidad de escapar. Algunos se detuvieron para hacer una llamada; otros, para ayudar a liberar a personas encerradas. Estos son los relatos:
8.46 AM - Torre Norte, piso 91°; 1 hora y 42 minutos para el derrumbe . El impacto llegó a las 8.46.26. El vuelo de American Airlines se estrelló a una velocidad de 752 km/h y se abrió camino a través de los pisos 94 al 98 hacia las oficinas de Marsh&McLennan Co.; su combustible quemó todo a su paso. Tres pisos más abajo, en el 91°, nada se movió en la oficina de Steve McIntyre. Ni siquiera se apagó su computadora.
Segundos después vino el latigazo. Una poderosa onda expansiva rebotó de una punta a la otra de la torre, moviéndola como a un bote en una tormenta. "Debemos salir ya", gritó Greg Shark, ingeniero de American Bureau of Shipping, fuera de la oficina de McIntyre.
De alguna manera, habían sobrevivido. Ambos se apresuraron a salir a través de las escaleras centrales de la torre. Al llegar, McIntyre las descubrió destrozadas, inundadas por el humo y bloqueadas. Nadie podía ya descender desde el piso 92° o desde más arriba.
McIntyre estaba parado en una frontera crítica. Arriba,en los 19 pisos superiores, había 1344 personas pidiendo ayuda. Ni una sola sobreviviría. Abajo, en los 90 pisos restantes, había también miles. Casi todos vivirían.
Mientras McIntyre encontraba una escalera despejada y eventualmente salía a la calle, en el piso 92° los empleados de Carr Futures hacían lo mismo: buscar una salida. Pero estaban del lado equivocado. En ese piso, Damian Meehan llamó a su hermano bombero. "Ni funcionan los ascensores", le dijo.
"Andá a la puerta y fijate si hay humo", recuerda haberle dicho Eugene Meehan. En el fondo -cuenta Eugene- se oían gritos y conmoción. Pero no pánico. Al regresar, Damian le contó que el humo cubría todo. "Andá a la escalera, fijate de qué lado viene el humo y vayan hacia el lado opuesto", le recomendó Eugene. "Debemos irnos entonces", contestó Damian. Fue la última vez que Eugene escuchó la voz de su hermano.
9 AM - Torre Norte, piso 106°, Restaurant Windows of the World. 1 hora y 28 minutos para el derrumbe.
"¿Qué hacemos?, ¿qué hacemos?" Doris Eng, la gerente del restaurante ubicado en los últimos pisos, llamó varias veces al comando de bomberos con esas preguntas. Habían pasado sólo minutos del impacto y el lugar ya se llenaba de humo. Ella luchaba por dirigir a las 170 personas a su cargo.
El humo era cada vez más espeso; no había electricidad ni información. Poco a poco, el restaurante se aislaba del mundo. Veinte minutos más tarde, Christine Olender, secretaria de Glenn Vogt, gerente general del restaurante, llamó a la casa de su jefe, que ese día no había ido a las Torres. La atendió su esposa. La secretaria le contó que nadie les había dicho qué hacer. "Los techos se caen -agregó-. Los pisos ceden."
Por su parte, los bomberos de Nueva York luchaban por responder a las llamadas de ayuda. Una hora después del impacto, sólo habían podido alcanzar el piso 50°. "Uno no podía hacer más que decirles que mojaran toallas y que se cubrieran el rostro", relató Alan Reiss, ex funcionario de la Autoridad Portuaria (dueña de las torres). Pero el avión había dañado las instalaciones de agua. Y el personal del Windows of the World tuvo que acudir al agua de los floreros.
9.01 Piso 104°; 1 hora y 27 para el derrumbe.
Sólo dos pisos abajo del Windows of the World, el desastre marchaba a un paso más lento. El humo no había alcanzado las oficinas de la financiera Cantor Fitzgerald tan rápidamente. De hecho, Andrew Rosemblum, un operador de bolsa, pensó que sería una buena idea avisar a las familias. Llamó a su mujer, Jill, y le pasó los números de teléfono de entre 40 y 50 de sus colegas.
"Por favor, llamá a sus esposas para decirles que estamos bien", le dijo a Jill.
9.02 Torre Sur, piso 98°. Aon Corp. 57 minutos para el derrumbe.
Los que estaban en la Torre Sur eran aún espectadores. "Beverly, hubo una explosión en la otra torre. Hay fuego. Es... es horrible", dijo Sean Rooney a su esposa. Desde allí, la gente podía sentir el calor de las llamas en el otro edificio y ver cuerpos cayendo. Muchos decidieron dejar la Torre Sur. Pero las autoridades les advirtieron que permanecieran donde estaban.A las 9.02, Rooney volvió a llamar a su esposa. "Querida, nos vamos a quedar aquí. Es más seguro. Pero...", dijo y se detuvo.
Mientras hablaba, el vuelo 175 de United Airlines cruzaba el puerto de Nueva York directo a la Torre Sur.
El drama en cifras
69%
En los pisos superiores
El 69% de las 2823 personas que murieron en las Torres Gemelas estaba en los pisos superiores de ambos edificios.
353
Los que se despidieron
Al menos 353 personas alcanzaron a comunicarse con familiares, amigos o colegas para despedirse.
Entre 37 y 50
Los que saltaron
Entre 37 y 50 personas saltaron al vacío desde la Torre Norte; ninguno lo hizo desde la otra.

