
La relación de Fidel Castro con Estados Unidos
Un recorrido por la turbulenta relación entre los dos países
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Desde su llegada al poder la relación entre Fidel Castro y los Estados Unidos fue tensa y compleja. El embargo impuesto a la isla, la fallida invasión de Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles, fueron sólo alguno de los hitos en la diplomacia entre ambos países.
Tras la revolución cubana que derrocó a Fulgencio Batista en 1959, Castro se presentó como un nacionalista decidido a erradicar de Cuba la cultura de casinos dirigidos por gánsteres y poner fin a su reputación de ser "el burdel del Caribe". Sin embargo al poco tiempo dio un rápido giro hacia la izquierda, nacionalizó las grandes plantaciones (entre ellas, la de su madre) y empresas de propiedad extranjera, y se acercó a la Unión Soviética.

La respuesta de la Casa Blanca no tardó en llegar. El presidente Dwight David Eisenhower, tras conseguir la aprobación del Congreso, estableció el embargo sobre las exportaciones cubanas.
El bloqueo -que sigue parcialmente hasta la actualidad- se hizo casi total durante la presidencia de John Fitzgerald Kennedy con el objetivo de asfixiar a Cuba económicamente. La situación derivó en la ruptura de las relaciones diplomáticas que no fueron retomadas hasta el gestión del presidente estadounidense, Barack Obama.
En 1961 la CIA., con ayuda de exiliados cubanos, organizó la invasión de Bahía de Cochinos para apartarlo del poder, aunque sufrieron una gran derrota. Desde entonces, Castro se declaró abiertamente como marxista- leninista lo que ocasionó el 3 de enero de 1962 sea excomulgado por el Papa Juan XXIII.
Ese mismo año se produjo la Crisis de los Misiles que colocó al mundo al borde de una tercera guerra mundial. La inteligencia estadounidense detectó que la URSS abastecía de armamento a Cuba. Una serie de fotografías aéreas mostraron que la isla ya contaba con misiles balísticos con cabezas nucleares que podían alcanzar el territorio de Estados Unidos.
Luego de arduas negociaciones entre Kennedy y Nikita Kruschev, se llegó a un acuerdo: Rusia desmantelaría los misiles, y Estados Unidos se comprometió a no invadir Cuba.
Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos decidió fortalecer aún más su posición. En 1992, el embargo adquirió el carácter de ley. Según la normativa “las sanciones continuarán mientras el gobierno se niegue a dar pasos hacia la democratización y muestre más respeto hacia los derechos humanos”
Posteriormente en 1996, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley llamada Helms-Burton Act que eliminó la posibilidad de hacer negocios dentro de la isla o con el gobierno de Cuba por parte de los ciudadanos estadounidenses. También quedaron impuestas restricciones sobre el otorgamiento de ayudas públicas o privadas a cualquier sucesor del Gobierno de La Habana hasta que por lo menos ciertos reclamos contra el gobierno de Cuba quedaran aclarados.

En 1999, el presidente Bill Clinton amplió el embargo comercial prohibiendo a las filiales extranjeras de compañías estadounidenses comerciar con Cuba por valores superiores a 700 millones de dólares anuales, siendo por ello la primera ley transnacional en el mundo.
La situación no cambió hasta diciembre de 2014, cuando en un giro histórico que pone fin a más de medio siglo de enemistad, Estados Unidos y Cuba sorprendieron al mundo al anunciar que reanudarían sus relaciones diplomáticas y fortalecerían sus lazos económicos. La decisión rompió el aislamiento heredado de la Guerra Fría sobre La Habana y abrió una nueva era en el vínculo entre América latina y Washington.
El inesperado acuerdo estuvo mediado por el papa Francisco y Canadá, y se produjo luego de que Cuba aceptara liberar por "razones humanitarias" a Alan Gross, un contratista que trabajaba para la Agencia de Desarrollo Internacional (Usaid, según sus siglas en inglés), preso desde hacía cinco años y cuya salud se había deteriorado.
Además, Cuba dejó en libertad a un espía norteamericano de origen cubano que no fue identificado. Por su parte, Estados Unidos entregó a tres espías cubanos.
Así dieron el primer paso para normalizar sus relaciones y poner fin a una de las últimas anomalías de la política exterior norteamericana: un sistema de sanciones en pie desde 1961 que resultó inútil para su propósito, el fin del régimen de los hermanos Castro.
El presidente Barack Obama anunció el inicio de conversaciones con la isla para restablecer las relaciones diplomáticas, rotas hace 53 años, y para abrir una embajada en La Habana y justificó la decisión por la ineficacia de las sanciones diplomáticas y el embargo comercial. “
A dos años de aquel primer reencuentro e intento por retomar relaciones congeladas por más de medio siglo, el presidente de Estados Unidos viajó al suelo cubano junto a su familia. Barack Obama llegó a La Habana para hacer historia. En marzo de 2016 llegó a La Habana y se reunió con Raúl Castro e hicieron una conferencia de prensa conjunta. Si bien el presidente norteamericano declaró que siguen "teniendo diferencias muy serias, incluidos la democracia y los derechos humanos", se ha demostrado firme en mantener su decisión de tener relaciones abiertas con el país revolucionario.

Durante 2016 se consiguió la autorización de vuelos regulares a Cuba, viajaron cruceros a la isla y varias mega empresas piensan instalarse. En septiembre de este año, Obama designó por primera vez en más de cincuenta años a un embajador Jeffrey DeLaurentis, diplomático al mando para que lidere la relación con la isla. Antes de terminar su mandato, Obama mueve sus últimas fichas para hacer irreversible el deshielo con Cuba. A tres meses de abandonar la Casa Blanca, Barack Obama firmó una directiva presidencial para dejar anclado el acercamiento con Cuba.
El texto de 12 páginas incorpora nuevas normas de flexibilización y se suma al abanico de decretos emitidos en los últimos dos años para abrir progresivamente las relaciones con Cuba, cerradas a cal y canto durante cinco décadas de desconfianza y enemistad.
El decreto llegó acompañado de nuevas medidas de los departamentos del Tesoro y de Comercio para facilitar la colaboración científica, la ayuda humanitaria y reforzar el comercio bilateral.
Obama admitió que existen diferencias con el gobierno de Castro, pero se mostró convencido de estar en el camino correcto.
"Persisten desafíos -y persisten diferencias muy reales entre nuestros gobiernos en asuntos como democracia y derechos humanos-, pero creo que el compromiso es la mejor manera de abordar esas diferencias y avanzar en favor de nuestros intereses y valores", subraya el comunicado.
El progreso logrado desde el comienzo de la normalización bilateral, "reforzado" por las nuevas medidas, "debería recordar al mundo lo que es posible cuando miramos juntos el futuro", agregó Obama.


