La verdad sobre la muerte de Diana
Se probó que las versiones sobre un complot fueron inventadas para cubrir la negligencia de Al-Fayed y del hotel Ritz.
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LONDRES.- Como en las mejores novelas de Agatha Christie, el juez a cargo de la causa por la muerte de la princesa de Gales, Herve Stephan, confrontó ayer a 35 testigos con un solo objetivo: establecer quién miente y quién dice la verdad.
El encuentro comenzó a las 9.30 en el Palais de Justice parisino y se extendió hasta las 18.30, con sólo una hora de descanso para el almuerzo.
Entre los convocados figuraron los nueve fotógrafos acusados de haber causado la fatal colisión, un motociclista y el médico que dio los primeros auxilios a la princesa. El guardaespaldas que sobrevivió al choque, Trevor Rees Jones, no estuvo presente.
El juez pidió, sin embargo, la comparecencia de Mohamed al-Fayed, el empresario egipcio padre de "Dodi" al-Fayed y de la madre de Diana, Frances Shand Kydd, aun cuando ninguno de los dos fueron testigos de lo ocurrido la noche del 31 de agosto último.
A pesar de estar "frente a frente" durante toda la jornada los representantes de la familia Spencer y Al-Fayed cruzaron palabras sólo por medio de sus abogados. Se sabe que la madre de la princesa no perdona al dueño de Harrod´s que haya dicho que está "un 99 por ciento seguro" de que su hijo y la madre del heredero de la corona británica fueron asesinados.
"Fue un horrible accidente y es hora de que dejen a mi hija y al resto de las personas que murieron en aquel terrible día descansar en paz", sostuvo la primera mujer del octavo conde de Spencer.
Muchos creen que gracias a las declaraciones recogidas ayer el juez Stephan estará en condiciones de dar a conocer su dictamen a fines de julio. La revista Paris Match estima, en cambio, que a raíz de las vacaciones de verano la publicación podría extenderse hasta mediados de octubre.
Mentiras y pistas falsas
La televisión británica dedicó esta semana dos programas a la trágica muerte de Lady Di.
El primero, de la estación ITN y con la participación de Al-Fayed, alimentó las ya existentes teorías conspirativas asegurando -sin apoyarse en fuentes sólidas- que el conductor del Mercedes, Henri Paul, tenía "buenos vínculos" con los servicios secretos británico y francés, y dando a entender que el accidente había sido provocado para evitar que Diana contrajera enlace con un musulmán.
Pero la serie "Dispatches", del Channel Four, confirmó los resquemores de la madre de la princesa al probar -con infinidad de testigos con nombres y apellidos- que todas las versiones sobre un asesinato fueron inventadas por Al-Fayed para ocultar la verdadera causa de la muerte de Diana: fue un accidente causado por la negligencia de la familia Al-Fayed y de los empleados del hotel Ritz, de su propiedad.
Con el fin de evitar juicios que pudieran desintegrar su extraordinaria fortuna, el empresario inició una campaña de mentiras destinadas a complicar las investigaciones. La primera consistió en afirmar que él había visto el cadáver de Diana y que una enfermera le había dicho que sus últimas palabras habían sido "que la dejaran en paz" (echando así la culpa a los papparazzi ) y el deseo de ser enterrada junto a Dodi.
"Puedo asegurar en los términos más absolutos que la única persona que tuvo acceso a la princesa fue el ministro del Interior -indicó Samir Nadir, el jefe de asesores del Ministerio del Interior francés-, que llegó al hospital media hora antes del arribo de la ambulancia con Diana y partió un hora después de que el cofín fuera trasladado a Inglaterra-. Nunca vi al señor Al-Fayed y en el estado en el que estaba la princesa le aseguro que no había posibilidad de que dijera una sola palabra."
Al-Fayed invirtió millones en su campaña de desinformación. Contrató los servicios del ex ministro de Justicia francés George Keishman para que lo representara legalmente y de Pierre Ottavioli, ex jefe de la Brigada Criminal francesa, y John McNamara, ex detective de Scotland Yard para su "propia" investigación.
Era un invento
"Lo único que les interesa a estos tres individuos es probar que todo fue una gran conspiración -señaló Thomas Sancton, el periodista de la revista Times que los entrevistó para la elaboración de su libro "La muerte de una princesa"-. Por eso quisieron convencer al juez de que el famoso Fiat Uno blanco que habría chocado con el Mercedes-Benz pertenecía a uno de los fotógrafos. Era todo un invento. El auto que ellos encontraron no tenía nada que ver con el accidente".
Otros trascendidos surgidos de las oficinas de Al-Fayed afirmaban que los tests de sangre realizados al conductor Henri Paul habían sido adulterados para indicar alcoholismo cuando "lo único que él bebía era jugo de ananá con agua". Al mismo tiempo, sin embargo, alertaban que los mismos análisis habían revelado un alto grado de monóxido de carbono, lo que confirmaría un envenenamiento.
Pero el mismo hombre que Al- Fayed contrató para verificar las pruebas clínicas salió a desmentirlo. "No hay nada raro en esto -indicó Peter Vanezis, profesor de medicina forense de la Universidad de Glasgow-. Es probable que Paul haya sobrevivido cinco segundos después del choque. El motor del auto seguía prendido y el caño de escape estaba roto, lo que hizo que el monóxido de carbono entrara en lo que quedaba del vehículo. Bastó con que tomara uno o dos respiros para que el gas entrara en sus pulmones. ¿Por qué Dodi no dio muestras de este envenenamiento? Porque murió en forma instantánea".
La negligencia de Al-Fayed se tradujo no sólo en dar la orden desde Londres de aceptar la idea de su hijo de poner a Paul al frente del volante -aun cuando estaba ebrio- sino en colocar como conductor a una persona que no tenía licencia para conducir limosinas y tampoco había realizado el contrato de alquiler del Mercedes-Benz, pasando así por alto dos bien conocidas regulaciones.
Cegado por la nobleza
El programa también reveló cómo Al-Fayed obligó a su hijo a abandonar a su novia, la modelo norteamericana Kelly Fisher, con quien había estado en París hasta el 14 de julio último, para iniciar una relación con la princesa en busca de concretar su sueño de entrar -aun cuando fuera en forma indirecta- en el seno de la familia real británica.
Pero Dodi no tuvo el coraje de informar a la modelo de la nueva situación -especialmente cuando habían fijado fecha de matrimonio para el 9 de agosto- y fue así como, mientras él disfrutaba del sol en un yacht con Diana en Saint Tropez, Fisher fue mantenida en otra nave de propiedad de los Al-Fayed a corta distancia. "Fue sólo leyendo las revistas que enteré más tarde de lo que estaba pasando -indicó la joven-. Llamé varias veces a Dodi en su teléfono móvil, pero no me contestaba, así que traté con su secretaria. Esta me pasó a Mohamed, quien, con varios insultos, me dijo que no llamara más a ese número."
Bob Loftus, jefe de seguridad de Harrod´s desde 1987 a 1996, reveló también que Al-Fayed graba desde hace años todas las conversaciones telefónicas que se realizan en sus propiedades, incluidas las de los huéspedes del hotel Ritz y probablemente también las realizadas por Diana desde el yacht en la Costa Azul. Al-Fayed habría utilizado la información recogida de esa forma para extorsionar a varias personas.
"Pero eso no es todo. Cada vez que la princesa hacía compras en Harrod´s teníamos la orden de avisarle de modo que él pudiera aparecer, como por accidente, para saludarla -señaló-. De esta forma la pobre se llevaba la impresión de que era un comerciante preocupado por su negocio cuando en realidad rara vez ponía pie en el lugar. El estaba obsesionado con la familia real y no iba a parar hasta estar vinculado con ella."




