Las 16 palabras que complican a Bush
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MIAMI.- La frase tiene apenas 16 palabras (20 en castellano), pero su inclusión por parte del presidente Bush en el tradicional discurso sobre el Estado de la Unión, el pasado 28 de enero, le ha creado un embrollo que amenaza con hostigar a su gobierno con consecuencias imprevisibles.
Bush dijo en esa ocasión que "el gobierno británico está en conocimiento de que Saddam Hussein trató recientemente de obtener significativas cantidades de uranio de Africa" (" The British government has learned that Saddam Hussein recently sought significant quantities of uranium from Africa ") y usó la referencia como una de las razones que urgían una intervención militar en Irak. La información resultó falsa.
La cuestión es ahora determinar si el presidente norteamericano fue víctima de un error de información o permitió deliberadamente la inclusión de la frase en el discurso, como una manera de fortalecer lo que ya entonces aparecía como un dudoso argumento para justificar la guerra.
"Esta no es una discusión acerca de un cierto número de palabras; es una disputa acerca de la politización de la información de inteligencia y la falsificación de los hechos", espetó el senador Edward Kennedy.
Mea Culpa
La Casa Blanca no ignora el poder devastador de las palabras. Después de todo, fueron apenas siete palabras (ocho en castellano) las que provocaron el juicio político a Clinton -(" I didn´t have sex with that woman "), "No he tenido relaciones sexuales con esa mujer"- y cuatro -" I´m not a crook " ("No soy un ladrón")- las que sellaron el destino político de Nixon.
Después de dos intentos por alejar la responsabilidad del Presidente por medio de sendos mea culpa del director de la CIA, George Tenet, y del viceasesor de Seguridad Nacional, Stephen Hadley, el vicepresidente Dick Cheney debió abandonar el jueves su habitual circunspección y contraatacar, alegando que haberse abstenido de embestir contra Saddam Hussein hubiera sido "extremadamente irresponsable" y podría haber puesto en peligro a Estados Unidos.
Otros defensores de la opción belicosa, como el neoconservador William Kristol, editor del Weekly Standard, también sumaron sus voces, ridiculizando lo que Kristol llamó "la hiperbólica prisa de la prensa por abrir juicio".
Un caso de juicio político
La Casa Blanca reconoce que incluir la frase fue un error, pero nunca ha admitido que dejarla fue una conveniente manera de fortalecer su posición. Prefiere minimizar su importancia, como lo hizo la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, quien se lamentó de que todo el escándalo fuera por "apenas dieciséis palabras". Pero como reflexionó para The Washington Post John Dean, quien fuera asesor de Nixon durante el escándalo Watergate, "esto podría convertirse en un caso de juicio político si se demuestra que existió un deliberado intento de engañar a la opinión pública en una caso que llevó a la nación a la guerra".
La situación se volvió aún más apremiante con la muerte del experto británico en armamentos, David Kelly, quien aparentemente se suicidó en Londres después de haber sido identificado como la fuente que proveyó información a la BBC para su informe donde cuestionaba las razones que el gobierno de Tony Blair invocó para acompañar a Estados Unidos en la invasión a Irak.
La aparición de su cadáver con las muñecas cortadas provocó el inevitable paralelo con el suicidio de Vince Foster, el abogado de la Casa Blanca, que llevó a muchos a sospechar que se trataba de un inquietante juego sucio y llevó a la designación de un fiscal especial.
La paradoja de la prensa
Si la fraguada historia del uranio nigeriano sigue vigente es porque la prensa no la suelta, lo cual en sí mismo constituye una paradoja.
Nadie colaboró más que la prensa norteamericana para facilitarle a Bush una causa para ir a la guerra a Irak. Es esta misma prensa que, hasta no hace mucho, se hizo eco entusiastamente de todas las operaciones de propaganda de la Casa Blanca y el Pentágono, incluyendo la farsa de los dobles de Saddam y el "heroico" rescate de Jessica Lynch.
Transformada ahora en ariete de las contradicciones de Bush, la prensa se distancia de sus propios errores. Después de todo, la historia recordará las dieciséis palabras que Bush no debió haber incluido y no las millares de palabras que permitieron que la descabellada invasión de Irak se realizara.
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