Las sanciones, factor de divisiones en la UE
PARÍS.- La estrategia de Rusia de fomentar la inestabilidad en Ucrania sin lanzar una intervención militar abierta está agudizando la división en la Unión Europea (UE) sobre si deben imponerse sanciones económicas, lo que vuelve improbable una inminente decisión de endurecer la postura del bloque frente al conflicto.
Los ministros de Relaciones Exteriores de la UE decidieron ampliar la lista de 33 individuos cuyos activos fueron congelados y sus visas derogadas por su rol en la toma y anexión de Crimea por parte de Moscú en febrero. Pero esa decisión enmascara profundas diferencias sobre cuál debería ser el disparador de una tercera fase de sanciones contra Moscú, que pasaría de ser una batería de medidas diplomáticas simbólicas y restricciones personalizadas para convertirse en limitaciones más amplias al comercio, las finanzas y los recursos energéticos de Rusia.
A pesar de la declaración del canciller francés, Laurent Fabius, de que los líderes de la UE podrían reunirse la semana que viene para adoptar nuevas sanciones, fuentes diplomáticas dicen que esa cumbre especial tiene pocas posibilidades de prosperar, debido a que las posturas de los países son muy encontradas.
"Si Rusia no cruza la línea roja de una intervención militar directa, entonces no creo que la UE cruce la línea roja de las sanciones económicas", dijo Stefan Lehne, un ex alto funcionario de la UE sobre Europa Oriental.
En cambio, Moscú parece estar usando la toma de edificios públicos por parte de milicias armadas prorrusas en Ucrania oriental para aumentar las presiones sobre Kiev y socavar las elecciones presidenciales previstas en Ucrania para el próximo 25 de mayo.
Como suele suceder en la UE, la posición de Alemania -principal potencia económica del bloque y con relaciones históricas especiales con Moscú- será crucial, pero Berlín se abstuvo hasta el momento de tomar una acción decisiva.
El vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, también ministro de Economía y Energía, pidió ayer a Moscú que demostrara que eran serias sus intenciones de desactivar la crisis durante las conversaciones que las cuatro potencias tendrán mañana, en Ginebra, en la primera ronda de negociaciones que sentará en la misma mesa a los ministros de Relaciones Exteriores de Rusia, Ucrania, Estados Unidos y la UE.
Cualquier sanción económica requeriría que los miembros de la UE compartan la carga, lo que implica un equilibrio delicado. Alemania es la que tiene lazos energéticos más lucrativos con Moscú. Francia se juega un importante contrato de barcos de guerra, mientras que Gran Bretaña es el centro financiero offshore de la riqueza rusa.
Hasta ahora, cada una de las partes instó a las demás a hacer la primera movida. Londres pidió que se reduzca la dependencia energética de Rusia y que se detengan las exportaciones de armas, pero calló sobre detener el flujo financiero. Mientras que París insiste en que hay que pegarle a la elite rusa por el lado del bolsillo, Lituania -que depende del suministro de gas ruso- quiere que las sanciones se enfoquen en las finanzas y la venta de armas.
"Es obvio que una invasión rusa sería un detonante, pero de no existir tal invasión, será muy difícil aplicar sanciones económicas a Rusia", zanjó Lehne.
Traducción de Jaime Arrambide
Adrian Croft y Paul Taylor
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