Moscú: entronizan al nuevo patriarca de la Iglesia Ortodoxa
La máxima autoridad religiosa asumió en una ceremonia de la que participaron el presidente, Dmitry Medvedev, y el primer ministro, Vladimir Putin
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MOSCÚ.- El patriarca de Moscú y de todas las Rusias Kirill fue entronizado hoy en la catedral de la capital, como jefe de la Iglesia ortodoxa, en una ceremonia a la que asistió el presidente, Dmitry Medvedev, y el primer ministro, Vladimir Putin.
"íAxios!, íAxios!, íAxios!" ("íEs digno!", en griego), corearon los aproximadamente 4000 asistentes a la ceremonia, entre representantes ortodoxos, de otras confesiones, responsables políticos y creyentes reunidos en la Catedral del Cristo Salvador.
Con estas palabras, Kirill, que fue elegido por el concilio eclesiáticos ortodoxo en la misma catedral, quedó formalmente entronizado como nuevo Patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa.
Rito. Unos minutos antes, se vistió con el hábito de Patriarca y los metropolitas de Kiev y de Minsk le hicieron sentarse tres veces en el trono, conforme al rito en vigor.
Medvedev y Putin, acompañados por sus esposas con sus cabezas cubiertas por pañuelos blancos, se santiguaron bajo la impresionante bóveda de la catedral hacia la cual se elevaba el humo del incienso.
Así Kirill se convirtió en el decimosexto patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, la mayor de las iglesias ortodoxas nacionales y reemplazó a Alexis II, que murió el 5 de diciembre pasado a los 79 años.
La elección del patriarca es considerada en Rusia un acontecimiento para toda la sociedad. Tras la caída de la Unión Soviética la Iglesia, hasta ese entonces reprimida, ganó popularidad. Dos tercios de los 143 millones de rusos confesan la fe ortodoxa. La iglesia ortodoxa pasó a ocupar el vacío que dejó el hundimiento de la ideología soviética, cuando sólo un cuarto de la población la profesaba poco antes de la caída de la URSS (Unión Soviética), en 1991.
De 62 años de edad, el hasta ahora metropolita de Smolensk y Kaliningrado estaba a la cabeza de la diplomacia de la Iglesia en Rusia desde 1989 y se le considera abierto al mundo. Según analizan los expertos, podría modernizar la comunicación de la Iglesia de Rusia, aún manteniéndose tradicionalista en el fondo.
Barba blanca. Este hombre con la misma larga barba blanca que caracteriza a los dignatarios ortodoxos, hereda la cabeza de una Iglesia que se reforzó desde la caída de la Unión Soviética y durante el Patriarcado de Alexis II, fallecido en diciembre de 2008 y de quien Kirill fue un cercano colaborador.
Hasta ahora metropolita de Smolensk y Kaliningrado y durante casi dos meses jefe interino de la Iglesia ortodoxa rusa, Kirill es el único alto responsable ortodoxo popular entre los rusos gracias a su propio programa semanal de televisión "Las palabras del pastor".
Además, a lo largo de sus casi 20 años como director del poderoso departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú -el equivalente de una cancillería- se convirtió en el rostro de la Ortodoxia rusa en el extranjero.
Desde ese cargo estableció unas relaciones con el Vaticano que le han acarreado críticas, en un ambiente de acusaciones de proselitismo contra los católicos.
Según los expertos, Kirill no es un reformista pero tiene una mente independendiente y quiere que la Iglesia juegue un papel político y social. Por eso, las autoridades rusas no lo controlarán fácilmente.
"Con Kirill, la Iglesia podría tener la oportunidad de ser independiente en la escena política en vez de seguir siendo objeto de las manipulaciones del Estado", señaló el semanal Vlast.
Según su biografía oficial, Kirill manifestó su inclinación hacia la religión desde su más tierna infancia, en una familia donde su padre y su abuelo fueron popes.
En 1965, a los 19 años, Kirill -cuyo verdadero nombre es Vladimir Gundiayev- entró en el seminario de su ciudad natal, Leningrado (noroeste, actual San Petersburgo).
Según su hermana Elena -citada en el diario popular Tvoi Den- siendo aún estudiante le dijo: "si no encuentro una chica con la quiera pasar el resto de mi vida, me haré sacerdote". Y se dio como plazo hasta el 27 de marzo de 1969.
El 3 de abril de ese año, Kirill vistió los hábitos sacerdotales y en los años 70 aceleró su carrera: primero fue secretario personal del metropolita Nikodim de Leningrado y a partir de 1971 ocupó su primer cargo diplomático como representante del Patriarcado de Moscú ante el Consejo Mundial de las Iglesias.
En ese cargo acompañó regularmente al patriarca Pimen en sus viajes antes de ser nombrado jefe del departamento de Relaciones Exteriores en 1989. El 25 de febrero de 1991 fue nombrado metropolita de Smolensk y Kaliningrado.
En los años noventa su reputación se vio empañada: mientras la Rusia postsoviética caía en el marasmo económico, la prensa le apodó el "metropolita del vodka", por las presuntas acusaciones de aprovecharse de las exenciones fiscales sobre el alcohol y el tabaco de que se beneficia la Iglesia ortodoxa.
Estas últimas le valieron la reputación del "hombre más rico de la Iglesia ortodoxa rusa", recordó recientemente la publicación opositora Novaia Gazeta.
Agencias AFP, DPA y EFE




