
No llores por mí, Hong Kong
Los ingleses abandonan la colonia con un gusto amargo; una fuente del gobierno británico pronosticó que los próximos tres meses serán cruciales
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HONG KONG, 26.- Clima de mudanza en la oficina del tercer piso del St. John´s Building: cajas, carpetas, baúles, libros, archivos apilados, listos para ser empacados, y caras largas. "Me tengo que ir el 1º de julio", explica un funcionario británico de alto rango y mano derecha del gobernador Chris Patten, que pide reserva.
"Son los últimas periodistas que recibo", agrega con voz melancólica a La Nación y a Clarín.
Tema obligado: el inminente traspaso y un balance de la transición que culminará la medianoche del lunes próximo, cuando los ingleses, tal como lo estipuló un tratado firmado entre el Reino Unido y China en 1898 por el que arrendaron por 99 años los llamados Nuevos Territorios, restituirán la colonia de Hong Kong a la República Popular de China.
"No la hubiéramos devuelto"
"Si no hubiera existido ese tratado y la fecha límite del 1¡ de julio, no la hubiéramos devuelto", admite, al contestar una pregunta sobre la relación de este histórico traspaso de soberanía con un tema candente para los argentinos, como lo es la utópica posibilidad de una devolución de las islas Malvinas.
Pero prefiere no tocar esta controversia y, como buen miembro del servicio diplomático británico, explica: "Represento al gobierno de Hong Kong, no al del Reino Unido".
Al margen de esto, se presta a hablar de lo que sucederá dentro de cuatro días, y no oculta su tristeza al tener que partir, como tampoco su preocupación por lo que vendrá. "La gente es aprensiva en cuanto al futuro. Pocos dicen públicamente que se oponen a lo que pasa, pero cada vez hay más gente inquieta: hay desconfianza en el comunismo chino, en su estilo de gobierno y en su corrupción", dispara.
Asegura que la gente de Hong Kong le teme más a la corrupción que puede llegar de la mano de China que a la pérdida de libertad de expresión o de prensa que también puede acarrear.
Recuerda que en las negociaciones que Inglaterra tuvo con los chinos en los últimos años para la transición obtuvo cientos de acuerdos, como que Hong Kong siga siendo miembro del World Trade Organization (WTO), la continuidad de sus leyes, sus fuerzas del orden y de la justicia, etc. Como también un gran desacuerdo, pero importante, sobre la Legislatura elegida en el 95, que será reemplazada por una provisional designada por Pekín.
Su máxima preocupación, sin embargo, es cómo funcionará la administración y el Ejecutivo del nuevo gobierno, cuyo jefe será el magnate naviero Tung Chee-Wha. Si bien menciona una de las máximas de la política exterior del Foreign Office desde siglos: Wait and see ("Hay que ver y esperar"), advierte que habrá seguramente "otro estilo de gobierno" y que "será más intevencionista que los gobernadores británicos".
Y explica: "La llave del éxito de Hong Kong es que el gobierno británico siempre ha dado el marco, la infraestructura legal y judicial, pero nunca ha dicho a la gente qué tenía que hacer o dejar de hacer". Tan negro ve el panorama este funcionario que pronostica que en los tres próximos meses la situación puede tornarse muy difícil, y hasta puede llegar a haber renuncias en el seno del Consejo Ejecutivo.
Para él, que los sectores empresarios como tampoco el mercado reflejen su sensación de descalabro inminente no quiere decir nada. "Es cierto que hay un boom de las propiedades, mucho entusiasmo en la bolsa por las red chips (empresas chinas), y muchos dicen que todo va a ser fantástico, pero hay empresarios de los sectores de servicios que sí están preocupados. Nadie cree que China vaya a arruinar a Hong Kong porque China depende de Hong Kong y su régimen comunista depende del éxito económico. Hoy el cliché es que los chinos no van a matar a la gallina de los huevos de oro. Pero el punto es otro: ¿Qué le van a dar de comer a esa gallina de los huevos de oro?", remata.
Este allegado al gobernador Patten está convencido de que sin prensa libre, ni leyes libres, no se puede tener un centro financiero próspero como lo es hoy Hong Kong, cuyo producto bruto per cápita es de unos 25.000 dólares anuales.
"No creo que los chinos se permitan entender que hay una gran relación entre libertad económica y libertad política. Para una economía basada en los servicios, como la de Hong Kong hoy, tanto la información como la educación libres son fundamentales", afirma.
Un lugar para los negocios
Y sigue: "Seguramente Hong Kong va a seguir siendo el lugar para hacer negocios con China, pero la cuestión es si va a seguir siendo un centro financiero para toda la zona del sudeste asiático o sólo la puerta de entrada a China".
Pero su pragmatismo puede más que su pesimismo: "Si tuviera plata, la pondría en Hong Kong", admite.
En cuanto al anuncio de la víspera de que tanto el cónsul británico como el norteamericano asistirán a la ceremonia de inauguración de la controvertida Legislatura Provisional, en la madrugada del 1¡ de julio, el funcionario explica que esa decisión no fue para bajar los decibeles de la disputa entre Gran Bretaña y China por ese tema. "Nosotros ya sabíamos que iba a ir el cónsul por razones de protocolo: esto no significa un cambio de actitud". (Ni Tony Blair ni Madeleine Albright, que son los que cuentan, asistirán).
El tampoco piensa ir. Ese día, el 1¡ de julio, deja la colonia. Aunque fue invitado a irse junto a Patten y al príncipe Carlos en el Royal Yacht Britannia, se tomará un avión, para luego "comenzar un año sabático". Después verá qué hacer con su vida.
Por el momento lo que le queda, además del orgullo de haber sido protagonista de un hito histórico de este fin de siglo, es un sabor muy amargo en la boca.



