“No queda otra salida que la renuncia”

Hace dos semanas las FARC advirtieron que lo asesinarán si no abandona el cargo La situación de Jorge Cedeño es similar a la de otros 202 jefes municipales amenazados Pese a las promesas de Pastrana, dijo que no cree que la situación vaya a cambiar
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26 de junio de 2002  

Hace dos semanas que el alcalde de Arauca, Jorge Cedeño, fue amenazado de muerte por las FARC y todavía no encuentra otra salida que la renuncia.

Al igual que a otros 202 jefes municipales, la guerrilla le exige que abandone su cargo si no quiere ser hombre muerto. Y Cedeño no quiere ser uno más en un país donde se pasa muy rápido de la intimidación a la acción.

“Presentamos la renuncia en forma colectiva. La presenté yo como alcalde, y también los concejales y los diputados del departamento de Arauca”, relató Cedeño desde Bogotá, en un diálogo telefónico con LA NACION.

El hombre relata los hechos con evidente resignación y cree que hay poco espacio para lograr una solución distinta sin que esto implique poner en riesgo más vidas.

“Desde que me amenazaron pensé de qué forma debía actuar, no tuve otra salida que la renuncia. Necesitamos medidas mínimas de seguridad en nuestra región, y eso pasa por soluciones integrales que hoy no están y que son fundamentales para ejercer el cargo estando protegidos”, explicó el funcionario.

Para encontrar mejores condiciones de seguridad, Cedeño afirma que no puede volver a instalarse en su oficina municipal, pues allí nadie puede ofrecerle actualmente ninguna garantía.

Arauca ha sido una región duramente golpeada por la guerrilla y hoy tiene a los siete alcaldes departamentales renunciados. Desde el viernes último, 97 funcionarios abandonaron sus funciones ante el temor de no poder eludir el prometido castigo mortal.

“Hemos viajado hasta Bogotá, con algunos diputados, y nos reunimos con el presidente Pastrana y sus ministros, pero por ahora no vemos que cambie la situación”, confió Cedeño a LA NACION.

Decretos en marcha

El gobierno prepara para hoy una serie de decretos con los que, asegura, garantizaría el funcionamiento de las administraciones municipales en condiciones de seguridad.

Así lo expresó ayer el ministro del Interior, Nelson Amaya, mientras su par de Defensa, Gustavo Bell, aseguraba que “habrá protección efectiva” para todos los funcionarios.

“Las amenazas de muerte contra la vida de estas personas son una afrenta contra el sistema democrático que los colombianos hemos elegido libremente”, consideró Bell tras la reunión en la Casa de Nariño –sede del gobierno– con diputados, concejales y alcaldes amenazados.

Pese a las exigencias que le plantearon los representantes del castigado interior colombiano, Pastrana descartó ayer que vaya a dictar el estado de sitio para hacer frente a la ola de amenazas guerrilleras.

“Nos han convocado para mañana (por hoy) a otra reunión con el Consejo de Seguridad y veremos qué otras posibilidades surgen”, afirmó Cedeño. “Estamos todos muy preocupados. No sabemos cómo salir de esta situación y vemos cada vez más difícil y complicado el panorama”, dijo el funcionario.

Las amenazas son telefónicas en algunos casos, pero en su mayor parte se hacen por intermedio de comunicados que los grupos guerrilleros envían a los medios. En el caso del alcalde de Arauca fue la radio local la que difundió un comunicado con las amenazas de las FARC.

La ola de amenazas de muerte ha ido en aumento a medida que la guerrilla comprobó su efectividad con renuncias que se acumulan día tras día.

El gobierno colombiano, incluso, no descartaba ayer que ante un agravamiento de la situación, con nuevas y sucesivas renuncias de funcionarios amenazados, pueda designar alcaldes militares que los reemplacen.

Como paso previo, Pastrana ofreció trasladar a los alcaldes a unidades militares para que trabajen desde allí.

–¿Está de acuerdo con instalar su despacho en un destacamento militar? -preguntó LA NACION al alcalde de Arauca.

“Creo que podría ejercer el cargo desde otra parte. Podría ser una manera de evitar la inseguridad. Pero no creo que sea posible en una base militar. Me parece más lógico que llevemos nuestros despachos a ciudades seguras y trabajemos desde allí”, dijo Cedeño.

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