Paniagua, sinónimo de austeridad y consenso
Garantiza una transición pacífica.
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LIMA (De un enviado especial).- Los últimos cinco días le cambiaron la vida a Valentín Paniagua y le garantizaron un lugar en los libros de historia de Perú.
El jueves último, cuando fue elegido presidente del Congreso, este abogado de 64 años ni siquiera imaginaba la posibilidad de instalarse en la Casa de Pizarro, la sede del Ejecutivo. Poco antes había enfrentado en la votación del hemiciclo al oficialista Ricardo Marcenaro, representante de la línea dura del régimen fujimorista.
Integrante de la Acción Popular del ex presidente Fernando Belaúnde, Paniagua es considerado uno de los políticos más democráticos, honestos y respetados que ha tenido este país andino. Pero, más allá de sus cualidades profesionales, a Paniagua se lo eligió presidente del Congreso porque dejaba satisfechos a todos los sectores de la oposición, para quienes su pequeño partido no representa un desafío político en el período de transición hasta las elecciones del 8 de abril.
Y si les quedaba alguna duda, la comisión de alto rango enviada anteayer por el Departamento de Estado norteamericano le dio el espaldarazo final al expresarle su apoyo.
Paniagua nació el 23 de septiembre de 1936 en Cuzco; allí comenzó sus estudios de derecho en la Universidad de San Antonio Abad, para luego terminarlos en la Universidad de San Marcos de esta capital. Fue dirigente estudiantil y desde el Frente Universitario Reformista Independiente (del que fue uno de los fundadores) enfrentó con convicción a las fuerzas comunistas.
Militante demócrata, en 1963 resultó elegido diputado en la lista de la alianza Acción Popular-Democracia Cristiana, y, poco después se convirtió -a los 27 años- en el ministro de Justicia más joven de Perú. Se casó con Hilda Jara, con quien tiene cuatro hijos.
Ministro de Belaúnde
Llegado el golpe militar del general Juan Velasco Alvarado, en 1968, Paniagua abandonó la Democracia Cristiana luego de que el partido apoyó el quiebre del orden constitucional. Fue entonces que se pasó totalmente a Acción Popular.
Durante el segundo gobierno de Fernando Belaúnde (1980-1984) fue designado ministro de Educación, una cartera que le dio una de sus más grandes satisfacciones: fue condecorado con la Orden del Sol en el grado de Gran Cruz "por sus valiosos y brillantes servicios a la nación". Antes, al retomar sus labores parlamentarias, había sido presidente de la Cámara de Diputados (1982).
Fue un duro adversario del gobierno aprista de Alan García, y, desde 1985, además de ejercer la cátedra de Derecho Constitucional, se dedicó a defender con firmeza los derechos de jubilados y pensionados.
Desde el inicio del régimen fujimorista se enfrentó sin tregua al presidente e, incluso, en 1997, asumió la defensa de los miembros del Tribunal Constitucional que fueron defenestrados por el régimen. En las polémicas elecciones de abril de este año volvió a ser elegido como miembro del Congreso, donde rápidamente adquirió prestigio y ganó el respeto general cuando, con gran sagacidad y haciendo de la tolerancia su bandera, contribuyó al establecimiento de la mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición en el marco de la OEA.
Ahora, a un paso de convertirse en presidente, enfrenta su mayor desafío: rescatar las instituciones y llevar al país hacia una elecciones libres, transparentes y justas.




