Para EE.UU., financió ataques suicidas

Washington tiene información de que Arafat autorizó pagos a un grupo terrorista
Jorge Rosales
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27 de junio de 2002  

WASHINGTON.- Estados Unidos cuenta con información de inteligencia que indica que Yasser Arafat financió al grupo extremista que se adjudicó los atentados suicidas de la semana pasada en Israel. Esa es la razón central que llevó al presidente George W. Bush a exigir a los palestinos un cambio de liderazgo como condición necesaria para la creación de un Estado palestino.

El gobierno estadounidense recibió información de que Arafat autorizó el pago de 20.000 dólares a la organización Brigadas Mártires de Al-Aqsa, una rama de la facción Al-Fatah que se responsabilizó por los atentados en Jerusalén, que dejaron 26 muertos y decenas de heridos, indicó un alto funcionario de la administración.

El sector más duro del gobierno de Bush, representado por el vicepresidente, Dick Cheney; el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, fue el que impulsó la política de aislamiento de Arafat y de respaldo a las acciones de Israel. Siempre lo acusaron de estar comprometido con el terrorismo o de hacer muy poco por detenerlo.

El pedido de remoción de Arafat tomó por sorpresa a los líderes árabes, como el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, que estuvo en Camp David con Bush hace menos de dos semanas y nada escuchó al respecto, según confiaron diplomáticos egipcios.

Proceso de reforma total

Pero, ¿en quién piensa el gobierno norteamericano cuando reclama un nuevo liderazgo para los palestinos?

En la administración nadie señala un nombre para reemplazar a Arafat. Mencionan un proceso de reforma total en los territorios que deje atrás las vinculaciones con el terrorismo y la corrupción, y edifique nuevas instituciones basadas en la democracia.

"No hay nadie en mente", dijo a LA NACION un funcionario del gobierno estadounidense que pidió no ser identificado.

El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, señaló en las últimas horas que Estados Unidos respetará el liderazgo palestino que surja de elecciones limpias y libres. Pero no logró transmitir en un reportaje radial el convencimiento de qué es lo que harán si en esas elecciones es elegido nuevamente Arafat. "Veremos cómo es la escena. Trataremos con las circunstancias cuando las encontremos", respondió.

El presidente Bush expuso el lunes su propuesta para alcanzar un acuerdo de paz en Medio Oriente, basado en la creación de un Estado palestino que sólo se podrá alcanzar, dijo, si hay un cambio de liderazgo. Es decir que no está dispuesto a negociar con Arafat.

La decisión de cortar las relaciones con el líder palestino implicó también la revisión de lo que sería la política norteamericana después del esperado discurso de Bush, que preveía una misión inmediata a Medio Oriente de Powell y la convocatoria a una conferencia de paz. Las dos iniciativas quedaron ahora congeladas.

Powell señaló ayer que en abril ya le había indicado a Arafat que se estaba moviendo en la dirección equivocada y que era tiempo de hacer una elección estratégica para su pueblo. "Desafortunadamente, esa elección no fue hecha", señaló.

Nosotros apoyamos la democracia, pero la democracia no está en acción en los territorios palestinos en este momento, insistió Powell. "Vemos corrupción en la ANP, no se han tomados acciones determinantes contra las organizaciones terroristas. No se ha alcanzado la clase de resultados necesarios, no sólo para la paz, sino para el pueblo palestino", señaló el titular del Departamento de Estado.

Un experto en cuestiones palestinas de la Brookings Institution, Khalil Shikaki, considera que el llamado de Bush sólo fortalece la posición de Arafat. "No vamos a ver a ningún palestino que tome la iniciativa y diga que Arafat tiene que irse. No habrá una conspiración contra Arafat", señaló en un seminario.

Por eso, una de las mayores incógnitas, que ni los funcionarios del Departamento de Estado ni los del resto de la administración han podido dilucidar hasta el momento, es cómo actuará el gobierno estadounidense de aquí en adelante mientras Arafat continúe siendo el líder palestino y hasta que se realicen las elecciones, previstas para enero del año próximo. Elecciones en las que, ahora, el propio Arafat será candidato.

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