
Peces, barcos y soberanía: Islandia sopesa su futuro europeo
Antes de un referéndum sobre la posibilidad de entrar en la Unión Europea, la isla se debate entre los beneficios de la ayuda del bloque y el temor de perder el control de sus aguas
6 minutos de lectura'

COPENHAGUE/REIKIAVIK.– Hace 50 años, Gylfi Geirsson y Sigurbjorn Svavarsson cortaban los cables de arrastre de barcos pesqueros británicos y esquivaban fragatas de la Marina Real a bordo de pequeñas embarcaciones de la Guardia Costera islandesa, utilizando tácticas similares a las de la guerra de guerrillas para mantener a las flotas extranjeras fuera de sus aguas.
Islandia ganó aquella serie de enfrentamientos conocida como las “Guerras del Bacalao”, y el control de esas aguas se convirtió en la base de la economía de la isla volcánica.

Medio siglo después, el temor a perder ese control se encuentra en el centro del referéndum del 29 de agosto sobre la posibilidad de reanudar las negociaciones para el ingreso de Islandia en la Unión Europea (UE).
Para muchos, la votación se reduce a una disyuntiva: si unas tasas de interés más bajas y un lugar en la mesa europea valen la pena a cambio de ceder parte del control sobre la pesca y de la autodeterminación que definieron la independencia de Islandia desde que se separó de Dinamarca hace ocho décadas.
Preocupación por Trump y el costo de vida
El debate público previo a la votación está profundamente marcado por los derechos de pesca, pero ahora también se centra en el costo de vida y en las amenazas del presidente norteamericano, Donald Trump, de adquirir la vecina Groenlandia, lo que generó interrogantes sobre las propias defensas de Islandia.

“La situación que veo hoy es que existe el temor de que podamos perder el control sobre aquello por lo que luchamos”, afirmó Svavarsson, quien en 1976 se desempeñó como primer oficial del buque de la Guardia Costera Aegir, en el apogeo de las Guerras del Bacalao, y probablemente votará en contra de reanudar las negociaciones.
Islandia había solicitado ingresar en la UE en 2009, tras el colapso de su sistema bancario el año anterior, y pasó cuatro años negociando antes de que un nuevo gobierno euroescéptico archivara el proceso en 2013.
Encuestas muy parejas
“Definitivamente voy a votar que sí”, afirmó Geirsson, quien fue operador de radio durante los enfrentamientos con Gran Bretaña y luego pasó 42 años en la Guardia Costera, antes de representar a Islandia en negociaciones internacionales sobre pesca.
“No podemos ser una isla aislada en medio de la nada. Tenemos que cooperar con los países vecinos”, dijo, y agregó que al menos le gustaría ver qué acuerdo podría alcanzarse antes de tomar una decisión.
Pero si Islandia perdiera el control de sus zonas de pesca después de negociar un acuerdo con la UE, votaría en contra del ingreso.
“Sentiría que todo lo que hice de joven fue en vano”, afirmó.
La consulta no es una votación sobre el ingreso a la UE y cualquier tratado de adhesión requeriría un segundo referéndum.
Una encuesta de Gallup realizada este mes mostró a los votantes divididos respecto de la reanudación de las negociaciones: el 46% dijo que votaría a favor y otro 46% en contra, mientras que el 8% se declaró indeciso. Los sondeos muestran que una mayoría se opone al ingreso efectivo al bloque.
La pesca como identidad
La pesca sigue siendo fundamental tanto para la economía como para la identidad de Islandia, junto con el aluminio y el turismo. Gran parte del bacalao que se consume hoy en los tradicionales locales británicos de fish and chips proviene de aguas islandesas, un legado del mismo conflicto que protagonizaron Geirsson y Svavarsson.
“La pesca se convierte en un símbolo de la soberanía de Islandia, ya que es la base de su independencia económica”, afirmó Eirikur Bergmann, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Bifrost.

Heidrun Marteinsdottir, titular de la asociación del sector Pesca Islandia, señaló que la industria procesa toda su captura en el país en lugar de exportarla sin procesar, un sistema que, advirtió, podría desmoronarse si Islandia se incorporara a la Política Pesquera Común de la UE. “Tenemos el 100% de las ganancias en Islandia y queremos que siga siendo así”, afirmó.
Ningún ministro de Relaciones Exteriores, dijo Bergmann, podría firmar jamás un tratado que cediera el control: “Esa persona sería expulsada del país”.
Para otros, la cuestión no tiene nada que ver con la pesca. “Solíamos ser una colonia de Dinamarca”, dijo Floki, un diseñador de 27 años de Reikiavik que prefirió no revelar su apellido. “Creo que se trata, sobre todo, de mantener el control sobre nuestras propias decisiones y elecciones como país”.
Seguridad y Rusia
Islandia se encuentra en un punto geopolítico estratégico, atravesada por la llamada brecha GIUK —entre Groenlandia, Islandia y Gran Bretaña— que la OTAN considera desde hace tiempo una vía crucial para vigilar los movimientos de la Armada rusa hacia mar abierto.
El país no tiene un Ejército propio y su defensa se basa en su pertenencia a la OTAN y en un acuerdo bilateral con Washington firmado en 1951.

Sin embargo, los expertos sostienen que la presidencia de Trump, incluidos sus aranceles y sus amenazas de adquirir Groenlandia, obligó a los islandeses a revisar supuestos que antes daban por sentados, aunque la decisión de convocar el referéndum es anterior al segundo mandato de Trump.
“Todo el asunto de Groenlandia hizo que los islandeses se detuvieran a reconsiderar su relación con Estados Unidos y se preguntaran si Estados Unidos es un socio confiable (...) algo que nunca había sido una preocupación en Islandia hasta ahora”, afirmó Bergmann.
La ministra de Relaciones Exteriores, Thorgerdur Gunnarsdottir, dijo a Reuters que la OTAN y el acuerdo de defensa con Estados Unidos seguirán siendo la base de la seguridad de Islandia independientemente del resultado de la votación, aunque la pertenencia a la UE podría ser “un valioso complemento”, particularmente en materia de seguridad económica.

Sobre las amenazas de Trump contra Groenlandia, afirmó: “Estamos decepcionados por la campaña de presión ejercida tanto contra los groenlandeses como contra Dinamarca”.
Pero, según la ministra, la principal preocupación está en otro lugar. “Nuestra principal preocupación está centrada en las actividades de Rusia, principalmente en Ucrania, pero también en sus actividades marítimas en nuestras aguas y en las zonas cercanas, en el Atlántico Norte”.

