Peligra un legado cultural de 5000 años
Intentarán proteger 4000 sitios históricos
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NUEVA YORK (AP).– La Torre de Babel, los jardines colgantes de Babilonia, el héroe mítico Gilgamesh y la legendaria Nínive son algunos de los hitos que a lo largo de más de cinco mil años definieron la cuna de la civilización occidental, en lo que hoy es el territorio de Irak.
En esos territorios, que vieron pasar a sumerios, acadios, babilonios, asirios, hititas, arameos, caldeos, persas, griegos y romanos, entre muchos otros pueblos, se originó el mito del diluvio universal y se creó una de las primeras formas de escritura, la cuneiforme.
De una de sus ciudades más antiguas, Ur, salió hacia 1900 a.C. el patriarca Abraham, que fue figura fundacional de tres grandes religiones: judaísmo, cristianismo e islamismo.
Babilonia, que fue capturada por los persas al mando de Ciro y que vio morir a Alejandro Magno, lucía los Jardines Colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo, y era la sede del templo del dios Marduk, que puede haber dado origen a la concepción bíblica de la Torre de Babel.
Cuestión de leyes
Los territorios de la Mesopotamia fueron escenarios de incontables batallas, pero también dieron nacimiento a los primeros códigos legales y algunas de las primeras manifestaciones literarias: la épica, las lamentaciones y las disputas.
Alrededor de 1775 a.C., el rey babilonio Hamurabi redactó su famoso código legal con penas para los delitos y transgresiones, pero también disposiciones de protección para las mujeres.
Durante siglos, babilonios y asirios se disputaron el territorio y se alternaron en su primacía.
Aproximadamente en 670 a.C. el rey asirio Arsubanipal recopiló la primera gran biblioteca de la antigüedad, mucho antes que la de Alejandría, en Egipto. Según el experto Samuel Noah Kramer, los sumerios dejan el legado de la ciudad-estado, las leyes escritas y un sistema matemático sexagesimal (basado en el número 60) y, probablemente, la rueda de alfarero, el vehículo con ruedas y el bote a vela.
En enero, varios arqueólogos y curadores de antigüedades, preocupados de que una guerra en Irak pueda destruir monumentos que son patrimonio de la humanidad, lograron que el Pentágono aumentara de 150 a 4000 la cifra de monumentos y sitios histórico-culturales que debían tratar de no dañar en caso de guerra.
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