
Por el cambio climático, hasta los esquimales necesitan refrigeración
Con temperaturas más elevadas en el Artico, los inuit compran acondicionadores de aire
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OSLO.- Las señales de que el clima del planeta se está calentando están en todas partes. Algunas son tan gráficas como la de los miembros del pueblo inuit, habitantes del Artico, que decidieron comprar acondicionadores de aire.
Más conocidos como "esquimales" o por los tradicionales iglúes que construyen cuando salen de caza en el hielo polar, los inuit han ido modificando su estilo de vida y, en muchos casos, abandonaron su tradicional nomadismo por las ciudades.
Sin embargo, también allí se producen cambios impensados hace algunas décadas: los inuit del pueblo de Kuujjuaq, en el Quebec canadiense, están instalando 10 aparatos de aire acondicionado para unos 25 oficinistas. "Son tiempos en que el norte extremo tiene que tener acondicionadores de aire para funcionar. Nuestros hogares son herméticos, para no dejar entrar el aire frío y, por lo tanto, no se ventilan bien cuando hace calor", explica Sheila Watt-Cloutier, destacada activista y defensora de los derechos de los 155.000 inuit de Canadá, Alaska, Rusia y Groenlandia.
Las temperaturas en Kuujjuaq, donde viven unas 2000 personas, alcanzaron los 29 grados a fines de julio pasado. Si hasta los inuit sienten calor, es posible que la gente que vive más al Sur se esté cocinando.
Lo que sucede en el Artico es una muestra extrema de un fenómeno global y poco estudiado. En los próximos años, lo que se vislumbra como un calentamiento climático en el nivel mundial producirá cambios en el estilo de vida de las naciones ricas, con un costo de miles de millones de dólares. De hecho, ya está afectando la demanda en rubros tan disímiles como las bebidas, los alimentos, la arquitectura y el turismo.
"El calentamiento cambiará los estilos de vida... Y las empresas tendrán que ser flexibles", dice Manfred Stock, del Instituto Potsdam para la Investigación del Cambio Climático en Alemania. Y agrega que las temperaturas serán más inestables. "Por ejemplo, puede andar mal el negocio de los helados y habrá que soportarlo", dice. "El que gane un año puede perder al siguiente", agrega.
El estudio que faltaba
La mayoría de los estudios sobre calentamiento global se centran en las oportunidades para que las empresas ahorren energía, o para pasarse a la energía eólica o solar, especialmente ahora que el petróleo alcanzó los 75 dólares el barril. Y los estilos de vida de las personas quedan en segundo plano, aunque el alza de la temperatura afectará a sectores tan diversos como los productores de cerveza, de bronceadores, de ropa liviana, de acondicionadores de aire, de trajes de baño y de autos descapotables, entre muchos otros.
Lo cierto es que probablemente en el futuro se puedan producir incluso ciertos cultivos más cerca de los polos, lo que cambiaría la gama de opciones. Y los turistas podrían abandonar los centros de esquí alpinos de baja altura, que podrían no tener nieve, o las playas tradicionales donde haga demasiado calor.
La gente hasta podría desarrollar cierta resistencia a vivir junto al mar, por ejemplo, en Florida, especialmente si tiene que pagar primas de seguro más altas por la subida de nivel de los océanos. Quizás haya que diseñar casas capaces de retener el calor en invierno, así como capaces de eliminarlo en verano en zonas de climas fríos.
En Europa, después de la ola de calor vinieron inundaciones extendidas en 2002. La de 1990 probablemente fue la década más cálida de los últimos 1000 años, y 1998 el año más caluroso, según datos de la ONU. Las temperaturas subieron 0,6 grados desde fines del siglo XIX y podrían subir de 1,4 a 5,8 grados para 2100.
David Viner, un destacado climatólogo de la Universidad de East Anglia en Inglaterra, dice que el turismo podría cambiar de manera dramática en el siglo XXI. Las playas mediterráneas podrían volverse demasiado sofocantes para los europeos del Norte, que preferirán quedarse en sus países. "La gente del norte de Europa va al Mediterráneo porque los veranos son impredecibles en sus países. Pero los veranos en el Norte se volverán más cálidos", dice.
Con poblaciones más acaloradas y sedientas, los fabricantes de acondicionadores de aire aparecen como seguros ganadores, junto con las cervecerías. Pero, a menudo, es difícil saber cómo afecta el clima a la demanda: entran en juego también la moda, la salud u otras preocupaciones.
Los analistas no tienen claro hasta dónde el precio de las acciones de las cervecerías, por ejemplo, reflejan las expectativas de que habrá años más cálidos. Sin embargo, los esfuerzos de muchos consumidores por mantenerse frescos pueden tener efectos colaterales indeseables: los acondicionadores de aire, como los que quieren instalar en Kuujjuaq, dependen de la electricidad generada por combustibles fósiles, que la mayoría de los científicos consideran responsables del calentamiento climático.




