
Powell postergó su reunión con Arafat tras un nuevo atentado
El ataque de una joven kamikaze en un mercado de Jerusalén dejó seis muertos La suicida hizo estallar una carga explosiva poco después del diálogo del funcionario norteamericano con Sharon El hecho fue reivindicado por la Brigada de Mártires de Al-Aqsa
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JERUSALEN.- Era un día soleado, Jerusalén se encontraba más blindada que nunca por la presencia del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, que acababa de entrevistarse con el premier israelí, Ariel Sharon, cuando se oyó una terrible explosión. Y ocurrió lo que muchos temían: otro espantoso atentado suicida en el corazón de esta ciudad, que hizo postergar, posiblemente hasta mañana, la reunión que hoy tenía previsto mantener Colin Powell con el líder palestino, Yasser Arafat, y cualquier tregua en esta guerra cada vez más sangrienta.
Seis muertos y 65 heridos fue la trágica consecuencia de este nuevo ataque, que tuvo lugar en una parada de ómnibus frente al popular mercado de Mahane Yehuda, y fue obra de una mujer kamikaze originaria del campo de refugiados de Jenín. Un lugar arrasado por tropas israelíes en los últimos días, donde, según confirmó ayer el ejército israelí, murieron "centenares de palestinos".
Pese a que voceros del gobierno israelí enseguida definieron el atentado, revindicado por la Brigada de Mártires de Al-Aqsa, como "un mensaje" de los extremistas palestinos a Powell, Estados Unidos confirmó sus intenciones de seguir adelante con sus esfuerzos para concretar una tregua, un objetivo cada vez más difícil.
La entrevista de Powell con Arafat pareció quedar sujeta a una condición: que Arafat denunciara públicamente el ataque, como le exigió desde Washington George W. Bush, que también llamó al líder palestino a "demostrar algún liderazgo".
El atentado suicida ocurrió dos horas antes de que empezara en Israel el sabbat -la jornada de descanso sabático-, por lo que el mercado de Mahané Yehuda se encontraba atestado de gente que hacía las últimas compras para el fin de semana. En ese momento, Powell -que se aloja en un hotel que queda a tan sólo un kilómetro del lugar de los hechos- estaba yendo al helipuerto de esta ciudad para volar hacia la frontera de Israel con el Líbano, otro punto caliente de la zona por los ataques del grupo Hezbollah.
De inmediato, helicópteros, ambulancias e incluso policías montados a caballo llegaron al sitio del atentado, una parada de colectivos frente al popular sitio de compras, en la transitadísima avenida Jaffa, la principal de Jerusalén occidental. Pese a que el mercado es uno de los lugares más vigilados de la ciudad, una joven suicida logró sortear los controles e hizo explotar el artefacto que llevaba encima mientras subía a un autobús.
Escenas de horror
Al llegar al escenario de los hechos minutos después del ataque, LA NACION presenció escenas de verdadero horror. En una zona totalmente acordonada, llena de soldados y en medio del caos de ambulancias que se llevaban a gente ensangrentada, se veía a decenas de integrantes de unidades especiales que recogían en bolsas de plástico negras - body bags - los restos de las víctimas, que yacían despedazados en medio de vidrios, restos de fruta y verdura y escombros. A cincuenta metros del autobús destrozado, detrás del vallado policial, cientos de judíos ortodoxos vestidos de negro, que viven en este viejo barrio de religiosos, expresaban toda su furia. "¡Muerte a los árabes!", gritaban. "¡Expulsen a los árabes de Israel! ¡Hay que matarlos a todos! ¡Powell nos tiene que escuchar!", decían otros, fuera de sí.
Daniel Seaman, vocero del gobierno israelí, presente en el lugar de la masacre, expresó: "No tenemos otra alternativa que seguir adelante con nuestra ofensiva militar. Los hechos hablan por sí solos: hace tres días empezamos a retirarnos de 24 poblados y de dos ciudades palestinas, y ya hubo dos atentados", dijo a LA NACION, aludiendo al ataque suicida que tuvo lugar el miércoles último cerca de Haifa, que dejó ocho muertos.
Seaman también se mostró convencido de que no tienen "un socio del otro lado para negociar", y definió a Arafat como a "un cáncer que apunta a la destrucción de Israel".
Por la mañana, luego de entrevistarse con Sharon, Powell admitió que no había logrado lo que esperaba: una fecha precisa para un repliegue israelí de los territorios ocupados y para un cese del fuego.Horas más tarde, el atentado suicida trastornó todo.




