Putin ya negocia para el día después
En Tadjikistán, descartó la presencia de talibanes en un nuevo gobierno; prometió más ayuda a la Alianza
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DUSHANBE, Tadjikistán.- Desde este desolado territorio de la ex URSS vecino a la zona de guerra, el presidente ruso, Vladimir Putin, excluyó ayer la presencia de talibanes en una futura coalición en Afganistán. Al darle así un gran espaldarazo a la opositora Alianza del Norte, Putin pareció ir en contra de los deseos de Paquistán y de Estados Unidos, que la semana última auspiciaron la presencia de "talibanes moderados" -una categoría extraña ya que para muchos no existen talibanes moderados- en el futuro gobierno afgano.
En esta gris capital de Tadjikistán, la más paupérrima de las ex repúblicas soviéticas, que comparte con Afganistán 1340 kilómetros de frontera -vigilados por más de 20.000 soldados rusos-, Putin también prometió ayuda militar, técnica y humanitaria a la oposición del Norte, en un mensaje más que importante.
Lo hizo durante la reunión que mantuvo aquí con su par tadjiko, Emomali Rakhmonov, y Burhanuddin Rabbani, el depuesto presidente afgano y principal representante de la opositora Alianza del Norte. El objetivo fue discutir una solución política para Afganistán, algo muy poco claro en estos momentos de guerra, pero ciertamente clave en el más que preocupante futuro escenario postalibán.
Procedente de la cumbre de la APEC en Shanghai, donde reafirmó sus buenas migas con George W. Bush y se reunió con su secretario de Estado, Colin Powell, Putin dijo que los Estados Unidos "comprenden" la posición de Moscú, así como de Rabbani, en cuanto a que una futura coalición deberá excluir a los talibanes, porque éstos "han colaborado con el terrorismo internacional".
Putin, Rakhmonov y Rabbani afirmaron que "todos los grupos étnicos deberían participar en la formación del próximo gobierno afgano", y coincidieron en la necesidad de que tanto Naciones Unidas como otros gobiernos extranjeros se involucren más, para la estabilidad de Afganistán.
Más tarde, con los tres líderes se reunió también el general Mohammad Qassim Fahim, líder militar de la Alianza del Norte, considerado el sucesor del asesinado Ahmed Massud, el llorado "león del Panshir", que era de origen tadjiko.
En esta cita, que llamó la atención por su simbolismo -los tres líderes se sentaron en fila, debajo de sus respectivas banderas-, el presidente tadjiko Rakhmonov llamó a Rabbani "presidente afgano" y Putin definió a Fahim como "ministro de Defensa".
Rabbani fue derrocado por los talibanes en 1996, pero aún es reconocido como tal por la ONU y muchos otros Estados. La Alianza del Norte, que controla el 10% de Afganistán, lucha desde hace años para derrocar a los talibanes.
Estados Unidos, que pareció respaldarla en un principio para que avanzara en su contra, la semana pasada dio marcha atrás al hablar de la presencia de "talibanes moderados" en el futuro gobierno. Lo hizo bajo presión de Paquistán, su nuevo aliado.
Temor a la desestabilización
Putin llegó a este país de mayoría musulmana -que tiene 6 millones de habitantes en un territorio similar al de la provincia de La Pampa- en momentos en que se teme que el ataque norteamericano en el vecino Afganistán despierte aquí los gérmenes de un nuevo período de violencia y desestabilización, a raíz de una eventual sublevación de partidos radicales islámicos, que no se sienten representados.
Desde que se independizó de la URSS en 1991 -sin querer, como todas las ex repúblicas de Asia Central-, Tadjikistán se hundió en una desgarradora guerra civil, en la que un gobierno neocomunista luchó en contra de los guerrilleros de la oposición unida islámica. Durante la guerra civil, que duró hasta 1997 y causó 50.000 muertos, muchos opositores tadjikos escaparon a Afganistán.
En 1997, un acuerdo sellado en Moscú puso fin a las hostilidades, pero de los tres grupos que habían luchado, sólo el Partido del Renacimiento Islámico (PRI) logró ser registrado oficialmente como el principal de la oposición, por lo que la violencia sigue siendo moneda corriente. A mediados de septiembre, un día antes de los festejos por los 10 años de independencia, fue asesinado el ministro de Cultura, que paradójicamente había organizado el evento, y ese mismo día fue desbaratado un atentado contra el presidente, por parte de un kamikaze islámico, contaron a LA NACION.
En Dushanbe -que en tadjiko significa "lunes"-, de todos modos, la gente no parece demasiado alterada, salvo por la presencia de los periodistas que llegan hasta aquí para poder ingresar luego en el norte de Afganistán. Como en las demás ex repúblicas soviéticas de mayoría musulmana, también en esta capital típicamente rusa, que se limita a una única gran avenida arbolada, uno no parece estar en un país islámico. Si bien se ven más mujeres y hombres vestidos con ropa tradicional que en Uzbekistán, la mayoría se viste al estilo occidental.
Pocos, sin embargo, están de acuerdo con el bombardeo angloamericano en Afganistán. "Creo que los talibanes son unos terroristas, pero no estoy de acuerdo con la guerra y con que bombardeen a civiles inocentes en Afganistán", dijo a LA NACION Samaridin, el dueño de un puesto de géneros del bazar de la ciudad.
El intérprete Iskandar -que en persa significa Alejandro-, coincidió: "Estados Unidos sólo tiene que buscar a Ben Laden y a los talibanes, no tiene que bombardear o dejar de morir de hambre y sed a miles de civiles".
Un escape forzoso que no se detiene
Miles de desesperados afganos continuaron huyendo en los últimos días de los ataques de Estados Unidos e intentaron ingresar a la fuerza en territorio de Paquistán. En el paso de Chaman, en el Oeste, se produjeron enfrentamientos con piedras con la policía paquistaní que impedía el avance de las caravanas. Los refugiados rompieron alambres de púa colocados sobre los caminos. Hubo cinco heridos.


