Resistencias y hermetismo en el combate a los incendios en la Amazonia

Los brigadistas combaten las llamas en la Reserva Nacional de Jacundá, en el estado de Roraima
Los brigadistas combaten las llamas en la Reserva Nacional de Jacundá, en el estado de Roraima Fuente: AP - Crédito: Eraldo Peres
Las brigadas de los militares, que prefieren guardar silencio sobre el operativo, enfrentan la oposición de los productores rurales en zonas afectadas por las llamas
Alberto Armendáriz
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29 de agosto de 2019  

PORTO VELHO.- Amanece en la Reserva Nacional de Jacundá. Mientras un gigantesco coro de pájaros y monos saluda los primeros rayos del sol, la luz deja ver el motivo del fuerte olor a quemado: una densa humareda se cuela por la vegetación de toda la selva y al fondo se escucha el amenazante crepitar de árboles quemados en los incendios que amenazan esta parte de la Amazonia brasileña, unos 100 kilómetros al noreste de Porto Velho.

En el interior de la reserva se encuentra el campamento de la 17» Brigada de Infantería de la Selva, que en esta zona dirige los esfuerzos de combate a las llamas como parte de la Operación Verde Brasil, establecida por el presidente Jair Bolsonaro el viernes último en un intento de apaciguar la crisis internacional generada por el descontrolado aumento de los incendios.

"El fuego ha disminuido bastante, pero aún hay varios focos peligrosos fuera de la reserva que pueden propagarse hasta aquí", señala el capitán Iván Lucas al centenar de efectivos del Ejército, la Fuerza Nacional de Seguridad y del Cuerpo de Bomberos del estado de Rondonia, así como brigadistas del Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) y del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), que cuentan con al menos cinco camionetas, un camión-cisterna, un camión de transporte de tropas, dos helicópteros y, de apoyo, dos aviones de la Fuerza Aérea que operan desde Porto Velho.

A las 7 en punto comienza el operativo de cada día, tras recibir las coordenadas de las aeronaves sobre la ubicación de los focos de fuego en este período de sequía crítico. En la Amazonia, la temporada de sequía comienza en junio y se extiende hasta octubre. Es el momento en que muchos productores ganaderos y agricultores aprovechan para quemar pastizales, pero también sectores de la mata amazónica para ampliar sus terrenos para cultivos o pasto para alimentar a las vacas. Este año, debido a las altas temperaturas, la baja humedad y los vientos fuertes, por un lado, y a la mayor acción criminal, por otro, el fuego se ha extendido mucho más de lo normal.

En muchos casos, las llamas alcanzan los bordes de áreas naturales protegidas, como la Reserva Nacional de Jacundá, e incluso penetran en ellas, así como en tierras indígenas. Equipados con machetes, palas, motosierras, bombas de agua en mochilas y tanques con productos para apagar el fuego, los efectivos se suben a sus vehículos y, en convoy, parten a la lucha diaria.

Ganaderos

La primera parada, a casi una hora de distancia del campamento por polvorientos caminos de tierra roja, es una zona de pequeñas estancias ganaderas entre los ríos Madeira y Jamari. La tarde anterior, un avión C-130 Hércules arrojó miles de litros de agua, pero las columnas de humo aún están activas y, a entender de los brigadistas, hay nuevos focos. Es que los ruralistas locales suelen iniciar los incendios al final de la tarde porque saben que por la noche quemarán varias hectáreas sin que las autoridades puedan intervenir sino hasta la mañana.

Al llegar a una granja para acceder al lugar de donde provienen las mayores llamas, el dueño, un productor lechero de unos 60 años, se hace el desentendido del fuego. Asegura que no tiene idea de cómo comenzó y sigue llenando tambores de leche ayudado por su esposa, su hijo y otro hombre. A regañadientes permite el paso de los efectivos antiincendios, pero cuando LA NACION se presenta como prensa y le hace algunas preguntas prohíbe el acceso a este corresponsal.

"Es mi propiedad y yo decido quién entra. La prensa extranjera no es bienvenida acá. ¡Váyase!", ordena irritado. Ante un nuevo pedido de permiso para acompañar a los brigadistas, el hombre se exaspera. "¡Le dije que no! ¿No entiende portugués? A ver si entiende el idioma de mi escopeta?", amenaza ante la mirada de dos mujeres soldados que intentan calmarlo y aconsejan a LA NACION retirarse del otro lado de la tranquera de entrada.

Allí, las militares cuentan que días atrás había ocurrido otro episodio similar con periodistas holandeses y aclaran que no pueden hacer nada si el hombre -que varias veces vocifera el nombre de Bolsonaro y resalta que la Amazonia es de soberanía brasileña y el resto del mundo no tiene injerencia- no quiere dejar entrar a alguien.

Finalmente, LA NACION accede a la zona posterior del incendio a través de otra propiedad, la mayor parte de ella quemada. En el camino se ven varios otros focos de fuego menores, un vasto campo devastado, humeante y con palmeras chamuscadas aún en pie.

A medida que el incendio mayor está más cerca, se escucha con más intensidad el crujido de las maderas y plantas. Cerca del alambrado que marca el inicio del terreno del hombre exasperado, la humareda apenas permite la visibilidad; el suelo está carbonizado, muy caliente, y se vuelve difícil respirar. Unos brigadistas hacen señas de no avanzar y sugieren seguir a otro equipo, fuera de la propiedad. En esos momentos, un helicóptero militar sobrevuela la zona y el humo se esparce entre la vegetación como si fuera un pesticida.

Dentro de la mata más profunda, el otro equipo de la Fuerza Nacional de Seguridad, el Ibama y el ICMBio se aboca a una tarea primordial: limpiar la maleza y abrir con machetes y motosierras un cortafuego, una división de unos dos o tres metros que deje las llamas sin combustible y no permita que avancen más allá de la zona ya afectada.

"Nuestra misión es evitar que los incendios lleguen a la Reserva Nacional de Jacundá", explica luego un miembro civil del equipo que requirió el anonimato porque "las Fuerzas Armadas comandan toda la operación y dieron órdenes de que nadie hable con la prensa".

Más tarde se anunció que una conferencia de prensa, prometida desde el fin de semana, será hoy... en Manaos. Eso a pesar de que la mayoría de los periodistas están apostados en Porto Velho. Parece que el hombre furioso no está solo en su animadversión por la prensa.

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