
Sarkozy y Bruni se casaron en una sencilla ceremonia en el Elíseo
La ex modelo rompe con el modelo tradicional de las primeras damas francesas
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PARIS.- Tras un fulminante romance de tres meses, Nicolas Sarkozy y la ex modelo italiana Carla Bruni se casaron ayer en una discreta ceremonia, cinco meses después que el presidente francés se divorció de su segunda mujer, Cecilia Ciganer Albéniz.
La boda, que duró 20 minutos, se realizó en el primer piso del palacio presidencial del Elíseo y fue celebrada por el alcalde del VIII distrito de París, François Lebel. "Casé a dos electores del VIII distrito que viven en el 55, de la rue du Faubourg Saint-Honoré (es decir la dirección del Elíseo)", dijo Lebel.
Según el alcalde, la ceremonia se hizo en presencia de unas 20 personas, entre familiares y amigos. "La novia estaba de blanco, hermosa como siempre, y el presidente en traje y corbata. Hubo intercambio de alianzas y el beso tradicional", agregó.
Electo en mayo pasado, padre de tres hijos, Nicolas Sarkozy es el primer presidente de la Quinta República, fundada por Charles de Gaulle en 1958, que se casa durante el ejercicio de sus funciones, y el primero en divorciarse durante su mandato. Su separación de Cecilia Ciganer fue anunciada el 18 de octubre. Carla Bruni, que se casa por primera vez y tiene un hijo de 6 años, es su tercera esposa. "Si no me equivoco, el último jefe de Estado que se casó en funciones fue Napoleón III. Y antes que él, Napoleón I", señaló Lebel.
La boda del presidente francés es la esperada conclusión de un meteórico romance que los franceses descubrieron el 16 de diciembre, cuando Sarkozy y Bruni se dejaron fotografiar juntos en Disneylandia de París. La pareja se había conocido en noviembre en una cena organizada por el publicista Jacques Séguela.
Desde entonces, a pesar de las negativas del Elíseo a comentar esa relación, el idilio alimentó diariamente la prensa del corazón. Sobre todo cuando la pareja decidió pasar unas vacaciones en Egipto y Jordania. Una publicidad poco apreciada por los franceses, que sancionaron al presidente con una caída brutal en las encuestas de opinión, de la cual aún no consigue recuperarse.
La gran discreción de la ceremonia de ayer parece confirmar que Sarkozy entendió el mensaje y que intentará borrar la imagen de "presidente bling-bling" (apodo que alude a su marcado gusto por todo lo que brilla).
"El presidente no quería que le volvieran a reprochar que expone su vida privada", explicó el diputado oficialista Patrick Balkany.
Primeras damas italianas
Carla Bruni rompe con el modelo tradicional de las primeras damas de Francia. A diferencia de la ex modelo y cantante, conocida por sus sonados y múltiples romances, sus antecesoras fueron ejemplo de discreción.
Por el contrario, esta no es la primera vez que Francia tiene una primera dama italiana. Fueron varias, con temperamento político, carácter impetuoso, y -con frecuencia- con imponentes fortunas. La primera fue la inolvidable Catalina (1589), hija única de Lorenzo de Médicis, que se casó con Enrique II, puso a disposición del reino 128.000 escudos de oro y -con bastante trabajo- le dio los futuros reyes Francisco II, Carlos IX y Enrique III.
Cincuenta años más tarde, María de Médicis llegó con un cortejo de 2000 personas y 600.000 escudos de oro de dote para casarse con Enrique IV, compartirlo pacientemente con sus 31 amantes oficiales y darle a su país adoptivo el futuro Luis XIII.
Menos ricas y menos serias, las llamadas "Mazarinettes" hicieron -según los historiadores- bien a la corte de Luis XIV. Sobre todo la ardiente Olympe Manzini, especialista de alcobas y filtros de amor, y su hermana María, la preferida del rey. Tras un período de piadosa virtud, Napoleón III tuvo como amante a la sulfurosa Virginia, comtessa de Castiglione.
Los tiempos han cambiado, pero los franceses siguen siendo sensibles a los encantos de bellas italianas: "Con Carla, las cosas son serias", confesó Sarkozy, enamorado, el 8 de enero.
"Por Francia, espero que sean muy felices", dijo ayer Bernadette Chirac. La ex primera dama agregó sin embargo una reflexión que la italiana tendrá seguramente dificultades en aceptar: "Cuando uno es presidente -dijo-, es mejor tener una compañera a quien poder decir lo que se puede y lo que no se puede. En cierto modo, se necesita un punching-ball... "


