Se enfrentan enemigos de larga data
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"Me tocó perder", reconoció Vladimiro Montesinos en el momento de ser entregado al ministro del Interior peruano, el general Antonio Ketín Vidal.
La frase no es casual. Hacía referencia a la que pronunció el propio Ketín Vidal a su "presa" más famosa, el líder de Sendero Luminoso Abimael Guzmán, capturado en 1992. En ese momento, al verse rodeado por los efectivos militares en la escuela de danzas limeña en la que se refugiaba, Guzmán se rindió ante Ketín Vidal, por entonces jefe de la Dirección Nacional Contraterrorista.
"Usted sabe... en la vida se gana o se pierde. Usted es dialéctico, tiene que entender que ha perdido", dijo el general al estrechar la mano de la persona que buscaba desde hacía años.
La captura de Guzmán convirtió a Ketín Vidal en un héroe, lo más parecido a una leyenda viviente.
Con Montesinos, Ketín Vidal mantiene una larga relación, que comenzó siendo ambos cadetes de 18 años, en la Escuela Militar de Chorrillos, en Lima. Compartieron aulas y se graduaron el mismo año, 1966. Sin embargo, nunca fueron amigos. Todo lo contrario.
Tras llegar al poder de la mano de Fujimori, Montesinos -jefe máximo del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN)- comenzó a realizar una profunda purga en los organismos de seguridad y las fuerzas armadas. A Ketín Vidal le hizo la vida imposible por haberse negado a entregar a Guzmán para el manejo político del gobierno y, finalmente, lo pasó a retiro.
En noviembre último, con la fuga del "Rasputín" de Fujimori, el presidente provisional, Valentín Paniagua, nombró a Ketín Vidal ministro del Interior y le dio una misión: capturar a Montesinos costase lo que costase.
Entrenado en Scotland Yard y en la ex KGB, Ketín Vidal, "el mejor sabueso de Perú", era el hombre más indicado para la misión. Desde un principio estaba convencido de que Montesinos se hallaba en Venezuela. Y afirmaba que si Chávez no lograba entregarlo, él mismo lo iría a buscar. Era una cuestión de tiempo, y de venganza personal.




