Seguridad y educación, lo que falta para completar el sueño uruguayo

Satisfecho con el rumbo de la economía, el electorado considera que en esas dos áreas el Frente Amplio no estuvo a la altura; aumentó la percepción de delincuencia
Ramiro Pellet Lastra
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23 de octubre de 2014  

MONTEVIDEO.- Confiados en que la economía se sostendrá razonablemente bien, en la recta final para las elecciones del próximo domingo los uruguayos critican dos temas en los que el gobierno del Frente Amplio "faltó como loco": la seguridad y la educación.

" Mujica hizo muchas cosas buenas, pero en el tema seguridad anduvo mal, mal, mal. Faltó como loco. Si la policía va para un lado, los ladrones van por otro, como si hicieran trabajo de inteligencia. Y las penas deberían ser más duras, no puede ser que te maten y les den cinco años", dice Nellio, un marino mercante de 33 años consultado por LA NACION en la esquina de un barrio lejos del centro de Montevideo.

Pese a su contextura atlética, este marino parece sentirse más cómodo en alta mar que en cualquier calle de la ciudad.

Pero su bronca refleja una preocupación general. Uruguay tiene una de las tasas delictivas más bajas de América latina, y tiene a la vez la segunda percepción de inseguridad más alta, según un informe del centro Latinobarómetro.

La gravedad está más en el declive de la seguridad con respecto a 10 o 20 años atrás que en la comparación con otros países. Es el temor, sin duda fundado, a perder la consabida calma que fue rasgo central del país.

Los robos, hurtos y rapiñas trepan a 20.000 incidentes al año. Y entre 1990 y 2012 hubo un aumento del 79% en la tasa de homicidios, que suman cerca de uno por día.

Las cifras son una excelente medida de la delincuencia y dan cuenta de un problema en boca de todos. Pero si se trata de esbozar a grandes rasgos un mapa del delito en las calles, basta conversar con cualquier taxista avezado que trajine los barrios de noche y de día.

"En la Ciudad Vieja se había armado una movida de boliches y restaurantes para salir de noche, pero después de unos años la dejaron caer y creció la delincuencia -dice Horacio, un taxista de 39 años, mientras maneja en el mediodía montevideano-. En Cordón había una cuadra donde todos los días rompían vidrios de los autos para robarte el bolso o la cartera. Cerca del hipódromo hay una bandita, que se llama Los Pitufos, que te cortan la calle con un carro de bebe o haciendo que juegan al fútbol, y ahí te afanan".

La enumeración podría extenderse a todos los barrios de la ciudad. En Paso Molino, por ejemplo, una zona de pequeños comercios donde el lunes pasado, a seis días de las elecciones, instalaron cámaras de seguridad a lo largo de la principal avenida, Agraciada. Una inauguración típicamente preelectoral, con televisión y discurso.

Pero bienvenidas sean. En la Ciudad Vieja, las cámaras ya llevan un tiempo y están contribuyendo, si no a revertir, por lo menos a templar el clima de bajos fondos que describió el taxista en su geografía del crimen.

La clave parece estar en la respuesta rápida de los patrulleros para correr en segundos al lugar de los hechos, no bien reciben el alerta, como comentan entre ellos dos comerciantes de Paso Molino.

"Acá de día no hay problema porque hay mucho movimiento y guardias de seguridad, pero de noche esto cierra y queda oscuro, es una boca de lobo. Yo de noche no paso", dice a LA NACION otro comerciante del lugar, Nicolás, que atiende un carrito de panchos, hamburguesas y gaseosas.

La preocupación instalada en la sociedad condujo a que el domingo, a la par de la votación general, se vaya a votar también en un referéndum para bajar la edad de imputabilidad en casos de delitos graves, de 18 a 16 años.

Los primeros sondeos dejaban creer que ganaría la opción por la baja, pero a medida que pasaban las semanas el entusiasmo se fue enfriando, y crecen los indicios de que la propuesta será derrotada: más que medidas draconianas, se buscan soluciones de fondo.

En cuanto a la segunda de las grandes inquietudes de esta campaña, la educación, lo menos que se puede decir es que el nivel no es el de otros tiempos, cuando brillaba en los tres niveles, primario, secundario y universitario.

Fue un declive que nadie sabe precisar cuándo empezó, o contra quién lanzar los dardos, si a los militares, los colorados o los blancos. Pero el consenso es que tampoco tuvo respuesta en estos dos gobiernos del Frente Amplio, en el poder desde 2005. Y que la gravedad exige que ya no se siga barriendo debajo de la alfombra.

¿El mayor déficit del sistema educativo? El nivel secundario. Una vez más, como en la seguridad, según las pruebas PISA Uruguay sólo estaría detrás de México y Chile en calidad educativa en la región. Pero con una mirada más amplia está muy lejos de los primeros puestos a nivel mundial, que les corresponden a los países asiáticos y europeos, sino más bien cerca del fondo.

Lo admitió Tabaré Vázquez en una entrevista con la cadena Red de televisión, quizás recogiendo el guante de las demandas ciudadanas: "Realmente tenemos problemas en la educación secundaria, y estamos trabajando, pero no se puede decir que toda la educación está mal".

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