Sobrevivir bajo los escombros: historias de vida, muerte y abandono tras los terremotos en La Guaira
Diez días después de los mortales sismos, sobrevivientes, voluntarios y médicos relatan una tragedia marcada por la devastación, la solidaridad civil y las críticas a la lenta respuesta oficial
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LA GUAIRA, Venezuela.– Juan Zapata acababa de cenar mirando al Caribe desde su departamento en un 5° piso y se estaba por dar una ducha cuando fue arrojado al extremo de la habitación por la fuerza de los terremotos gemelos que hace diez días sacudieron la costa venezolana.
Zapata pasó dos días y siete horas bajo los escombros, atrapado entre dos varillas de acero, hasta que fue rescatado por los rescatistas.
“Mientras me rescataban les dije, ‘Estoy en el quinto piso’, y me contestaron: ‘No, estás en el sótano’. No podía creer lo que me había pasado”, dice Zapata, parado junto a su camilla en un hospital de campaña de La Guaira que es manejado por la organización de ayuda humanitaria Samaritan’s Purse.
Inicialmente fue ingresado en el hospital público de La Guaira, la zona más afectada por los sismos, y llegó al hospital de campaña tras visitar su edificio, el Costa Brava, y encontrarlo totalmente destruido.
Se está recuperando de varias costillas fracturadas, así como de cortes y raspaduras graves. Tiene las piernas vendadas y le sigue doliendo al respirar.
“Perdí todo, pero Dios me dio salud”, dice.
Como perdió el celular durante el terremoto, Zapata no ha podido contactarse con su hija que vive en Estados Unidos ni con su hermana de Canadá, y tampoco tiene su documento de identidad.
Según el director médico del hospital de campaña, Peter Holz, hasta el momento han atendido a unos 400 pacientes, y hasta el sábado a la noche había practicado cerca de 30 cirugías.
“Al ingresarlos, todos los pacientes reciben atención por traumatismos causados por el terremoto, y luego se hacen visitas de seguimiento”, explica Holz desde la farmacia del hospital, levantada sobre lo que habitualmente es un campo de béisbol.
El equipo de 100 personas de Samaritan’s Purse irá transfiriendo gradualmente las tareas a los médicos locales, que podrán continuar con su tarea en ese mismo lugar o integrar todo el equipamiento y suministros del hospital de campaña de forma permanente a los hospitales locales, explicó Holz.
“Se convertirá en un centro de salud comunitario”, agrega Holz. “Hay muchas historias tristes, pero también mucha esperanza en medio de todo esto”.
Compromiso civil
Tras días de críticas generalizadas por la respuesta oficial ante los sismos, la presidenta interina Delcy Rodríguez rechazó enérgicamente las acusaciones de que su gobierno no reaccionó con suficiente prontitud.
Este domingo, el gobierno elevó la cifra oficial de fallecidos a 3342 y el sábado anunció el despliegue de casi 30.000 agentes, sumados a los 3281 rescatistas internacionales, para ayudar a las personas afectadas por los sismos.
Según cifras oficiales, más de 16.000 personas quedaron sin hogar. Algunas viven en albergues del gobierno y otras en campamentos. Pero el recuento de desaparecidos no oficial, pero ampliamente aceptado, es que la cifra asciende a poco más de 41.000 personas.
Desde los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron la región el 24 de junio, a la zona más afectada han llegado civiles de todo tipo, incluidos familiares, paramédicos voluntarios y equipos de rescatistas extranjeros, y los propios sobrevivientes.
Muchos de los que excavan entre los escombros junto con organizaciones de ayuda internacional sostienen que la respuesta del gobierno fue lenta e ineficaz, que la entrega de ayuda en alimentos y suministros médicos llegó muy demorada, y hablan de una continua falta de maquinaria pesada para remover los escombros durante las operaciones de búsqueda.
El sábado, nueve días después de su llegada desde el estado de Aragua, un equipo de civiles dirigido por Alexander Delgado, que en su vida cotidiana es profesor de educación física, sigue intentando rescatar a las víctimas en un complejo de viviendas públicas devastado en La Guaira conocido popularmente como Los Cocos.
Miguel Poleo se unió al equipo para buscar a su hijastra y su familia. Hasta el momento, solo ha encontrado a su perro, muerto entre los escombros.
“No creo que sigan vivos”, dice en un momento de descanso tras remover escombros de un túnel.
“El presidente dijo que la ayuda llegó rápido, pero no fue así. La ayuda vino de gente común”, dice Poleo, y agrega que hay algunos grupos de soldados ayudando en las labores de rescate, pero que la presencia oficial sigue siendo escasa.
“La policía anda por ahí con sus armas, sus semiautomáticas, como si fuera una guerra”, dice Poleo. “Lo que necesitamos nosotros es que trabajen”.
Poleo y Delgado están dispuestos a quedarse hasta que sean encontradas todas las víctimas.
Hasta el terremoto, Poleo trabajaba como mecánico. Ahora quiere darle a su esposa la oportunidad de enterrar a su hija y a sus nietos. “Al menos tenemos que encontrar los cuerpos”.
Traducción de Jaime Arrambide
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