
Sólo una cachetada logra sacudir la campaña en Francia
Un candidato presidencial golpeó a un niño
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ESTRASBURGO.- Los políticos europeos han descubierto que, a diferencia de lo que ocurre en la Argentina, enredarse a las trompadas con los ciudadanos a veces reditúa ventajas electorales.
El ejemplo más contundente acaba de darlo François Bayrou, el candidato del partido liberal de derecha UDF (Unión por la Democracia Francesa) para la primera vuelta de la elección presidencial por realizarse este domingo. Una contienda dominada por un binomio de veteranos: el neogaullista presidente Jacques Chirac, de 69 años (20 por ciento de intención de voto, según IFOP), y el socialista primer ministro Lionel Jospin, de 64 (16,5 por ciento, según la misma encuestadora).
Con su slogan "Yo soy el Tony Blair del mundo galo", este ex maestro de 50 años apenas alcanzaba en las encuestas el 5 por ciento hasta que, durante una visita a un barrio pobre de la capital alsaciana, un grupo de jóvenes de origen árabe decidió frenarle el paso con cánticos antisemitas.
En medio de la confusión, Bayrou metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta en busca de su teléfono celular para encontrarse allí con los dedos de un manifestante de 10 años. "¡A mí no me vas a limpiar el bolsillo!", sentenció el candidato acompañando sus palabras con un espontáneo bofetón. El ladroncito se quedó frío; la multitud, muda.
La escena, registrada por todos los noticieros de televisión, cambió el rumbo de lo que había sido una soporífica campaña electoral, al punto que un 33% de los franceses no pensaban ni siquiera ir a votar.
La "Gifle de Strasbourg" (La Cachetada de Estrasburgo) se convirtió en el gran tema de conversación de los franceses que ahora respaldan, en un 9%, al "corajudo" Bayrou. Un apoyo que ni siquiera se redujo por lo que parece ser otro hábito electoral en Europa: darles un tortazo a los candidatos. La crema en el rostro de Bayrou -estampada durante otro rally- le ha ganado todavía más adeptos.
El candidato liberal se encuentra a apenas un punto de la línea que en teoría necesitaría para competir en la segunda vuelta (10%), aunque probablemente quedará bien detrás de Chirac y Jospin. Nadie sueña con ver a Bayrou en el Elíseo. Sí, en cambio, en la casa de gobierno, porque la contienda presidencial trae consigo un tentador "premio consuelo". Ocurre que, para deshacerse de la "cohabitación" que obligó a Chirac y a Jospin a compartir a regañadientes el poder, los partidos mayoritarios acordaron reducir el mandato presidencial a cinco años y a llamar a elecciones legislativas en cuestión de un mes.
Una figura intermedia
A menos que el electorado cambie rápidamente de opinión, esto significa -o al menos ésa es la teoría- que la fuerza ganadora de las presidenciales del 5 de mayo próximo se llevará también la mayoría de la Asamblea Nacional y, por ende, las riendas del gobierno.
Pero con 16 candidatos a la presidencia, en representación de partidos tan diversos (de la ultraderecha de Jean-Marie Le Pen al trotskismo de Arlette Laguiller pasando por el "partido de los cazadores" y el de "la familia"), lo más probable es que la mayoría sea ajustada. El cargo de premier tendrá entonces que caer en una figura "intermedia", como Bayrou, capaz de negociar con todas sin antagonizar ni al oficialismo ni a la principal oposición.
Hace un año, la trompada infligida por el viceprimer ministro británico John Prescott a un agresor callejero inclinó la balanza de otro electorado aburrido hacia el laborismo. Aquello fue un galardón popular a la espontaneidad.
El mérito del "sopapo" de Bayrou fue aquí el de abordar en un segundo los dos temas que más preocupan a los franceses: la inseguridad y los conflictos creados por una descontrolada inmigración, tanto legal como ilegal.
Bajo el pretexto de los sucesos en Medio Oriente, varios cementerios judíos han sido profanados en Estrasburgo, una ciudad con barrios donde la policía se ha confesado impotente para controlar a los que llaman "sauvageons" (pequeños "salvajes" norafricanos). Es por eso que para la mayoría de los franceses la drástica reacción de Bayrou no sólo fue natural, sino también una prueba concreta de la "tolerancia cero" que muchos predican pero pocos se animan a practicar.



