
Triste final para un rey que no fue
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YAKARTA (De una enviada especial).- Los diplomáticos que lo conocieron en algún fastuoso cóctel de uno de sus lujosísimos palacios de Yakarta lo describen como una persona "agradabilísima" y "refinada".
Unico líder para varias generaciones de indonesios, Suharto nació en 1921 y pasó su infancia entre campesinos en un pequeño pueblo del centro de la isla de Java.
A los quince años vivió un tiempo junto a un "dunkun" -una tradicional figura espiritual javanesa, similar a un curandero-, que lo empapó de un misticismo que lo acompañó durante el resto de su vida. Este le hizo creer que él era un "rey de Java", con una suerte de rol divino, por el cual debía mantenerse en el poder para ayudar a "su" pueblo.
En 1940 se incorporó al ejército holandés -entonces potencia colonial-, y rápidamente llegó al grado de sargento. Estuvo en el ejército nipón durante la posterior ocupación japonesa y, después de la Segunda Guerra Mundial, lideró los combates de la guerra de independencia contra los holandeses (la república de Indonesia se declaró en 1949, pero su independencia se proclamó en 1945).
Si bien en 1962 Suharto fue promovido general por Sukarno, el primer presidente indonesio, tres años más tarde tomó el poder, después de un intento de golpe de los comunistas contra su predecesor.
Los historiadores hoy creen que la participación de los comunistas en tal levantamiento no fue tal, sino que éste se debió más bien a divisiones internas en los militares. En los meses siguientes, cientos de miles de indonesios (se hablan de medio millón) considerados de izquierda fueron asesinados, la mayoría por el ejército.
Pese al baño de sangre que acompañó su llegada al poder, gracias a su anticomunismo Suharto recibió el respaldo de varias potencias occidentales, en pleno período de guerra fría.
Tras ser elegido presidente en 1966, Suharto proscribió al partido comunista y, luego de vestir a su régimen con un traje democrático, ejerció el poder de manera absoluta, aniquilando por medio de su aparato cualquier tipo de oposición.
Después de años de estancamiento, no obstante, en los 70 la economía del país comenzó a crecer gracias a la demanda mundial de petróleo.
Desde entonces hasta que en julio último estalló la crisis financiera en el sudeste asiático, la economía del país creció a una tasa anual del 7 por ciento, sobre la base de un modelo económico sumamente exitoso.
Modernización y corrupción
Así, en los últimos 32 años, Indonesia logró una modernización notable y una clase media cada vez más educada. Pero el hecho de que Suharto hiciera posible que muchos salieran de la miseria y que su gente tuviera TV, calles llenas de autos y motos, celulares y Mc Donald´s, no impidió que, de un día para el otro, se viera obligado a renunciar.
Si bien la chispa que hizo encender la presión popular fue un aumento de las tarifas públicas recetado por el FMI, fueron la falta de democracia y la corrupción las claves de su caída.
Algunos también dicen que el principio de su fin fue en 1996, cuando murió su esposa, conocida como Madame Tien. A ella, como al resto de la familia, se la ha acusado de sacar provecho de la posición de Suharto, cosa que hacía al recibir suculentos retornos a cambio de favores. Como en holandés "tien" significa diez, su apodo era "Madame Tien per cent".
Pero su punto fuerte, según cuentan, era el hecho de que, bien o mal, mantenía cierta discreción y control de los negocios de sus seis hijos. Estos, al desaparecer su madre, comenzaron a exhibir más abiertamente sus manejos turbios y su condición de tycoons, cosa que hizo aumentar la indignación de la gente.


