Trump refuerza su papel interventor con más presión a las grandes empresas

En otra señal de la intromisión en asuntos corporativos, recibió en la Casa Blanca a los máximos directivos de las principales automotrices; los instó a relocalizar plantas de producción en el país
Silvia Pisani
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25 de enero de 2017  

Trump recibió ayer a los ejecutivos de las automotrices, en Washington
Trump recibió ayer a los ejecutivos de las automotrices, en Washington Fuente: AP - Crédito: Pablo Martínez

WASHINGTON.- Tanto como un poderoso actor, la industria automotriz es también fuerte símbolo de la riqueza de este país. Ahora, con un intervencionismo pocas veces visto, el presidente Donald Trump quiere convertirla en un caso testigo contra los efectos de la globalización fronteras adentro, al que podrían seguir empresas de otros sectores de bienes y servicios.

Bajo el palo de nuevos aranceles y la zanahoria de una baja de impuestos y mayor flexibilidad en regulaciones ambientales, el millonario puso ayer a las principales automotrices contra la pared al exigirles formalmente que lleven su producción "de nuevo a Estados Unidos ".

Con un encuentro de menos de una hora en el Salón Oval , las tres grandes de la industria -General Motors, Ford Motors y Fiat Chrysler- vieron así cristalizar la amenaza de campaña de castigarlas si insistían en producir y ensamblar vehículos fuera del país.

Antes del encuentro, Trump había declarado la guerra en Twitter: "Quiero que se construyan nuevas fábricas en el país para vender más autos aquí", ordenó.

Tanto el mensaje como el encuentro en sí mismo constituyen uno de los picos de intervención directa de la Casa Blanca en la vida corporativa de las empresas en muchos años. Todo, bajo el lema de que "la vida de las familias y de los trabajadores norteamericanos debe estar por delante de todas las decisiones de gobierno", según sostuvo en su discurso inaugural.

Trump insiste en poner aranceles de hasta el 35% al ingreso de automóviles que empresas norteamericanas fabriquen en el exterior. Con eso quiere dar vuelta uno de los efectos que tuvo la globalización en el país: la relocalización de plantas en territorios donde la mano de obra es más barata.

También volvió a amenazar con aplicar "un impuesto sustancial" a las empresas que se vayan del país como consecuencia de su política y de dar ventajas impositivas y de regulación medioambiental para las que produzcan aquí para consumo interno.

De acuerdo con cifras del sector, casi un tercio de la producción automotriz norteamericana se ensambla fronteras afuera. Sobre todo, México, donde el costo laboral y fiscal hace mucho más apetecible la inversión.

"Lo que enfrentan ahora las automotrices es un dilema de hierro. O producen autos más baratos fuera del país o los producen dentro del país, pero más caros", sintetizan analistas del sector. Dicho de otra manera: se suben los precios o se absorben los costos. Se fabrica fuera del país y se vende más barato o se fabrica dentro de Estados Unidos a un costo mayor y con menos ventas.

La industria sabe, de todos modos, que es una simplificación y que las cosas no son blancas o negras. Lo que sí es evidente es que la Casa Blanca impone un cambio directo en las reglas del juego. Por lo pronto, ayer las empresas respondieron con un tono más moderado que cuando enfrentaban a Trump como candidato en campaña.

"Estamos más animados por lo que dice el presidente y por las políticas que impulsa", dijeron los directivos apenas salieron del Salón Oval. Fueron citados allí para desayunar el titular de Ford, Mark Fields; el de General Motors, Mary Barra, y el de Fiat Chrysler, Sergio Marchionne.

Los comunicados que emitieron luego del encuentro estuvieron cargados de adjetivos positivos. El propio Marchionne admitió luego, sin embargo, que Trump "no dio muchos detalles" sobre la forma en que aplicará su intención global de recuperar empleos automotrices.

Para muchos, el de la poderosa industria automotriz es un avance de lo que podría venir luego para otros sectores, ante la intención del presidente de intervenir directamente en el escenario productivo.

Trump interviene en un sector que se recupera desde el golpe de la recesión en que terminó el mandato de George W. Bush y que cerró el año con un récord histórico de más de 17 millones de autos vendidos.

Pero lo cierto es que la relocalización en territorios con mano de obra más barata es un fenómeno que se agudizó a lo largo de las últimas dos décadas. Entre otras cosas, alentó a que en 2013 la ciudad de Detroit, otrora sinónimo de mundo automotor, se declarara en quiebra.

Las tres gigantes que estuvieron ayer en la Casa Blanca tienen, en conjunto, 35 plantas de ensamblaje. La quinta parte de ellas -siete- están en México, el país que más se benefició con la relocalización.

La estimación es que un operario calificado cobra 58 dólares la hora en Estados Unidos, mientras que en el país vecino la misma paga no llega a los nueve dólares. "Es una diferencia abismal", dicen desde el sector.

La contracara de lo que ofrece Trump es una baja de impuestos y menos regulaciones en materia de respeto al medio ambiente. "Ése es un tema que está sobrevalorado", suele decir, y ayer lo repitió. Los directivos partieron sin haber resuelto el dilema de hierro.

Otros llegarán pronto detrás de ellos. Trump está decidido a cambiar las reglas para imponer el sello de su lema: "Las familias norteamericanas primero". Aun cuando haya cifras cercanas al pleno empleo.

El candidato para la corte

El presidente norteamericano, Donald Trump, anunció ayer que nombrará a su candidato a ocupar la actual vacante en la Corte Suprema la semana próxima. "En algún momento de la próxima semana tomaré mi decisión", dijo Trump en el Salón Oval. Una de las nueve plazas de la Corte Suprema está vacante desde febrero de 2016 tras la muerte de Antonin Scalia.

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