
Un ataque químico eficaz pero cuestionable
Un gas permitió adormecer a los captores La sustancia se esparció por los conductos de ventilación Causó graves trastornos y se sospecha hasta la muerte en algunos rehenes con factores de riesgo
1 minuto de lectura'
MOSCU (EFE).- Un gas incoloro, inodoro e insípido, pero de acción fulminante, no letal en principio, aunque con efectos graves para grupos de riesgo, fue el arma más eficaz utilizada por las fuerzas rusas de seguridad en la operación de rescate de los rehenes en Moscú.
Con el paso de las horas, un goteo de informaciones sobre el aumento paulatino de rehenes muertos insinuó que el gas tal vez se pasó de eficacia.
Esparcido por los conductos de ventilación del teatro Dubrovka y en cargas especiales del grupo antiterrorista Alfa y del Vimpel, de acciones encubiertas, el gas somnífero llegó sin avisar.
Aunque no notaron inmediatamente qué entraba en sus pulmones, los terroristas y los rehenes quedaron intoxicados por un potente agente de los llamados neurotóxicos, neuroparalizantes o incapacitantes, de acuerdo con los escasos datos oficiales facilitados.
Sin síntomas irritantes al primer momento, el gas provocó espuma azulada, palidez cerúlea, vómitos, taquicardia, sueño profundo y una especie de alucinación acompañada de desorientación total, según los testimonios de sobrevivientes, médicos y testigos presenciales.
Vladimir Vasiliev, viceministro de Salud, eludió identificar el agente tóxico y sólo dijo que se usaron "recursos especiales", pero los efectos del gas son compatibles con los de varias armas químicas del grupo llamado "de baja intensidad". Entre estas armas, no prohibidas por la convención internacional contra la guerra química y biológica, se encuentran los llamados BZ, Agente-15 y otros gases que aparecen en los tratados especializados.
Boris Grizlov, ministro del Interior, había dicho antes de la operación que el FBI norteamericano y servicios secretos de otros países habían ofrecido "tecnología especial".
Las escenas descriptas por algunos testigos, personal médico y dos miembros de las unidades especiales reconstruyeron vívidamente algo de lo que pasó antes y después del asalto al teatro.
Una rehén que se identificó con el nombre de Anna declaró a la emisora Eco de Moscú en una comunicación en directo: "¡Nos están echando gases, no sé de qué tipo, Dios mío, parece que van a acabar con todos nosotros!"
Galina Kushnir, rehén ingresada en un hospital, dijo que había visto "a un hombre joven y corpulento" que vacilaba y luego "caía redondo al suelo".
"Una de las chicas repetía delirante la palabra gas, gas, gas, entre vómitos constantes, y cuando despertó preguntó: ¿estoy viva?", añadió Kushnir en el relato de su peripecia.
Olga Cherniak, periodista de la agencia Interfax cautiva los tres días que duró el drama, manifestó que los fuertes olores en la sala del teatro, procedentes del foso de la orquesta improvisado como letrina, contribuyeron a que no se detectara el gas.
"Cuando me di cuenta de lo que era, recordé lo que me decía mi abuelo y mi marido y yo nos cubrimos la cara con ropa, que mojamos como pudimos, pero perdí el conocimiento y desperté en el hospital", declaró.
Aturdidos
Un miembro de los grupos Alfa que participó en la recuperación del teatro declaró a la agencia MK que, tras lanzar el gas, "matamos a los terroristas mientras dormían, algo que suena a cruel, pero que es la única opción cuando tienen un cinturón explosivo adosado".
El coronel Yuri Bespálov, miembro de una unidad Vimpel, informó que el gas "deja a uno aturdido un mínimo de media hora". La sustancia no sería letal para las personas sanas, pero en las personas con factores de riesgo el efecto sería muy distinto. En esa categoría se encuentran las personas de edad avanzada, de contextura débil o con enfermedades cardiorrespiratorias.
Aunque Vasiliev dijo que ninguno de los rehenes muertos "tiene síntomas de envenenamiento por gas", el progresivo aumento de su número sugirió un posible proceso con efectos retardados.
Valeri Yakov, un periodista del diario Nóviye Izvestia que pudo entrar en el teatro, vio cómo al menos un rehén murió "ahogado en sus propias arcadas de vómito", y otras fuentes elevaron más tarde la cifra a cinco.
Vasiliev reconoció que uno de los problemas al planificar la operación fue que no había mucha experiencia sobre la "tecnología" utilizada y que tampoco se había empleado "en lugares cerrados y en cantidades masivas".
El Comité de Salud de Moscú prohibió a los médicos de la red pública que hablaran con la prensa, en una señal de la aparente inquietud oficial.



