Un "recorte de seguridad" para mantener una expansión récord

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1 de agosto de 2019  

NUEVA YORK.- La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) redujo ayer su tasa de referencia por primera vez en más de una década, aun con la economía norteamericana expandiéndose a niveles récords, con el desempleo en mínimos históricos y con el consumo a todo vapor.

Detrás de esta medida, que ya se esperaba, están la incertidumbre acerca del crecimiento global y la baja inflación persistente, ya que ambas representan una grave amenaza para la salud de la economía norteamericana, en momentos en que la Fed -el Banco Central de Estados Unidos- tendría pocas armas para combatir una recesión.

Fue lo que se llama un "recorte de seguridad", lo que aplican los bancos centrales para mantener en alza el crecimiento.

Las principales tareas de la Fed son mantener el empleo al máximo y la inflación bajo control. Hace tiempo que sus autoridades aspiran a un aumento óptimo de los precios de un 2% anual. Es bueno tener un poco de inflación, porque genera un colchón que impide que los precios se desplomen en tiempos de poco crecimiento. Pero una deflación declarada es peligrosa, porque hace que los consumidores acumulen efectivo, ante la certeza de que mañana los mismos bienes y servicios costarán menos.

¿El problema? Desde que la Fed adoptó formalmente el sistema de metas de inflación, en 2012, no ha logrado cumplirlas de manera sostenida.

Y esa baja inflación persistente también desinfla las expectativas de inflación a futuro, lo que podría conducir a una profecía autocumplida: si las empresas esperan baja inflación, fijarán sus precios en función de esa baja expectativa.

El bajo incremento de los precios puede sonar bien, pero también puede impedir que las empresas aumenten sus sueldos. Además, la política de tasas de interés de la Fed toma en cuenta el aumento de los precios, así que una inflación demasiado baja le deja poco margen para recortar su tasa de referencia ante una caída abrupta de la economía.

Los planificadores políticos buscan anticiparse a una recesión económica global. La preocupación por el rumbo actual de la economía global viene en aumento, un cóctel de ansiedad al que se suman una guerra comercial en varios frentes, la desaceleración de China y el debilitamiento de varias economías desarrolladas.

En tiempos en que la inflación ya es baja y donde la tasa de interés no tiene demasiado margen para caer, los planificadores políticos quieren atajarse ante cualquier golpe que pueda perturbar el crecimiento de la economía norteamericana.

Uno de los sectores donde la preocupación ya estaría colándose en la actividad real es el manufacturero: los índices de producción en muchas economías desarrolladas ya muestran una desaceleración o incluso una contracción.

Si bien los servicios representan una porción cada vez más grande del PBI de los países, la evolución de las fábricas sigue siendo una excelente señal de alerta económica, ya que la producción de manufacturas empieza a debilitarse antes que otras industrias. Por eso los funcionarios de la Fed siguen de cerca y con temor la evolución de ese sector.

El desempleo, por su parte, es un indicador muy pobre para los funcionarios, ya que suele mantenerse bajo hasta que la recesión ya es declarada.

Si bien la inflación, la incertidumbre global y las señales de una ralentización de la actividad económica empujaron a la Fed a reducir su tasa, existen buenas razones para que los funcionarios no estén previendo ya un ciclo recorte de tasas completo, que devuelva los intereses a niveles cercanos a cero. Los consumidores siguen gastando, el mercado laboral crece y la producción sigue firme.

Pero todos esos datos responden tardíamente cuando la economía se debilita.

La tasa de desempleo, por ejemplo, no se modifica decisivamente hasta que la recesión ya está instalada. Así que las autoridades de la Fed parecen pensar que el momento de actuar es este. Después se verá, una vez que la economía tenga un poco de colchón donde recostarse.

Traducción de Jaime Arrambide

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