Una herida letal para toda Europa
PARIS.- La decisión del primer ministro griego, Giorgios Papandreu, de convocar a un referéndum sobre el plan de rescate para Grecia ha abierto una herida potencialmente letal en la estrategia de la eurozona para superar la crisis de la deuda soberana.
Se lleve a cabo o no, y sin importar su resultado, la apuesta de Papandreu garantiza largas semanas de incertidumbre política justo cuando la moneda común de las 17 naciones necesita desesperadamente un período de calma para que se apliquen las recetas acordadas la semana pasada.
Será mucho más difícil, por no decir imposible, restablecer la confianza de los inversores en la deuda soberana de gran parte de la eurozona o convencer a los chinos de que vuelquen miles de millones de dólares en bonos de los gobiernos europeos.
Esta situación podría obligar al Banco Central Europeo a tomar una participación más activa en el desarrollo de la crisis, interviniendo para estabilizar el mercado de bonos.
La fuerte reacción de ayer en los mercados, donde los bonos italianos y españoles alcanzaron niveles críticos, subrayó la sensación de riesgo entre los inversionistas.
La aturdida reacción de los líderes políticos de Francia y Alemania fue un reflejo de esa misma sensación. Justo ahora, cuando los líderes de la Unión Europea contaban con tener un poco de aire para levantar un escudo de protección en otros países de la eurozona contra el impacto de un posible default griego, tendrán que ocuparse de otro golpe político.
"El riesgo de un default caótico al estilo Lehman Brothers es más amenazante que nunca, e incluye el peligro de que Grecia deba abandonar la eurozona si se niega a ofrecer una quita paulatina de su deuda a cambio de un mayor ajuste", dijo el economista Holger Schmieding, del Banco Barenberg.
El presidente de la eurozona, Jean-Claude Juncker, advirtió ayer que si los griegos votaban "no", el país terminaría en la bancarrota.
El sorpresivo anuncio de Papandreu descolocó a todos, en vísperas del inicio de la cumbre del G-20, donde Europa esperaba lograr el apoyo global a sus esfuerzos para frenar la crisis de la deuda.
Por el contrario, los líderes europeos tendrán que soportar una frenética ronda de consultas en reuniones bilaterales durante la cumbre, subrayando ante los mandatarios de países como Estados Unidos, China, Japón, Rusia y Brasil la fragilidad política de cada una de las decisiones de Europa.
La movida de Papandreu puso en duda el verdadero sustento del acuerdo alcanzado la semana pasada.
Esa estrategia proponía una quita en la deuda griega, bajo el paraguas de un segundo paquete de rescate, junto con una supervisión internacional más rigurosa de la aplicación del programa de austeridad y una resignación "voluntaria" de los acreedores privados del 50% del valor de sus bonos de la deuda griega.
También implicaba la recapitalización de los bancos europeos y aumentar el Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) para asegurar los bonos de los países en problemas y atraer a capitales extranjeros para realizar inversiones en bonos de los gobiernos europeos. "Ciertamente, esto desestabiliza la situación y hace peligrar todas las decisiones tomadas el 26 de octubre", dijo Janis Emmanouilidis, un investigador greco-germano del Centro de Estudios de Políticas Europeas, de Bruselas.
"¿Cómo afectará esto las conversaciones para convencer a los bancos de que acepten voluntariamente un recorte en el valor de la deuda griega? Algunos arriesgan que ya todo el programa está en duda", afirmó.
Referéndums
La Unión Europea tiene un largo y desdichado historial de referéndums, algo que, según sus críticos, demuestra que la integración de Europa no es más que una proyección de una elite que no goza de apoyo popular.
Dinamarca votó en contra de sumarse a la integración monetaria en 1992, un duro revés para el sistema de la UE. En 2000, Suecia también le dijo no al euro, y los votantes de Irlanda, los Países Bajos y Francia han votado en contra de la ratificación de los tratados de la UE a lo largo de la última década: en el caso de Irlanda, dos veces.
Los politólogos dicen que los votantes suelen utilizar los referéndums para manifestar su fastidio con el gobierno por plantear la pregunta, o contra todo el sistema político, en vez de votar estrictamente sobre el tema en cuestión.
Debido al grado de indignación de la opinión pública después de dos años de dura austeridad y la perspectiva de cuatro años más de recesión, al impopular gobierno de Papandreu tal vez le resulte muy difícil arrancarles un sí a los griegos, sin importar cuál sea la pregunta.
Traducción de Jaime Arrambide
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