
Víctima de acoso sexual
Anita Hill
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1991
Sus padres eran nietos de esclavos, y su niñez transcurrió en una humilde granja de Oklahoma, con doce hermanos. Lejos estaría de imaginar Anita Hill que se convertiría en una destacada abogada y que un día un testimonio suyo frente al Senado norteamericano sería visto por televisión por más de 20 millones de personas. En el medio, claro, había un caso de presunto acoso sexual y alguien designado para ocupar una banca en la Corte Suprema. Y se sabe que una vacante en el máximo tribunal da pie a una batalla entre demócratas y republicanos, como quedó reflejado en los últimos días con la renuncia de la jueza Sandra Day O´Connor.
Recibida en la Universidad de Yale en 1980, Anita comenzó a trabajar en un estudio de abogados y un año más tarde conoció a Clarence Thomas, quien la llevó como asistente al Departamento de Educación y luego a la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo. Thomas era un ferviente defensor de los derechos civiles. Ambos trabaron amistad, pero poco después, según contó ella, él la invitó a salir y, ante la negativa, Thomas comenzó a acosarla sexualmente, mediante toda clase de insinuaciones y comentarios subidos de tono.
Esa actitud habría quedado en la oscuridad, de no ser por un hecho fundamental en toda esta historia: en 1991, el presidente George Bush padre necesitaba cubrir una vacante en la Corte Suprema, por la renuncia del juez afroamericano Thurgood Marshall. El designado para ocupar ese lugar fue Clarence Thomas.
En aquellos días, Hill (que había dejado la Comisión de Igualdad en 1983) se desempeñaba como profesora de derecho en la Universidad de Oklahoma. Cuando se enteró de la designación de Thomas, no dudó en acusarlo ante el FBI. La información fue filtrada a la prensa por los demócratas, y Hill debió presentarse para declarar ante el comité de justicia del Senado, ya que la Cámara alta era la encargada de confirmar o rechazar a los designados por el presidente. Más allá de la batalla política, el debate sobre el acoso sexual se trasladó del recinto legislativo a todos los hogares y oficinas. Nadie fue indiferente.
Las audiencias en el Senado continuaron. Thomas negó todo y se convirtió en el primer juez negro de la Corte, al ser refrendada su elección por 52 votos a favor y 48 en contra.
2005
El caso Thomas tuvo un enorme impacto en la sociedad norteamericana, que tomó conciencia de un problema cada vez más extendido. Basta con decir que, de 6127 casos de acoso sexual denunciados en 1991, se pasó a 15.342 en 1996, y que las compensaciones a las víctimas en ese mismo período treparon de 7,7 millones de dólares a 27,8 millones. Todo este fenómeno social quedó reflejado en un best seller de Michael Crichton, "Acoso" ("Disclosure").
"Creo que ahora la mujer tiene mucho más apoyo. Se comprende mejor que si una sociedad quiere prosperar y ver lo mejor de sí misma, tiene que considerar que la importancia de la mujer es equivalente a la del hombre", dice ahora Anita, que el 30 de julio cumplirá 49 años.
En 1992, la revista conservadora American Spectator publicó un artículo firmado por David Brock en el que acusó a Hill de mentirosa, y la calificó de "un poco trastornada y un poco promiscua". Nueve años después, Brock se desdijo: afirmó haber distorsionado la evidencia y haber confiado en información "fabricada".
Hill se desempeña hoy como profesora de leyes, política social y estudios de la mujer en la Universidad Brandeis, de Massachusetts, y en 1998 escribió su autobiografía, "Speaking truth to power". En más de una vez ha manifestado que la fuerza que la impulsa a seguir adelante se la dan sus alumnos. "Ellos merecen una sociedad mejor, y eso es lo que me motiva. Ocupo un lugar desde el cual puedo ayudar a impulsar ese cambio, y no quiero desperdiciar la oportunidad".
En sus ratos libres, Anita lleva una vida tranquila, disfrutando, en sus ratos libres, del dibujo y la pintura, dos de sus pasatiempos preferidos. Sin embargo, en una reciente entrevista para la revista de Oprah Winfrey, se refirió a la posibilidad de Bush designe a Thomas para la presidencia del máximo tribunal en caso de renuncia de su titular, William Rehnquist, por enfermedad. Y señaló que no cree que el mandatario norteamericano tome esa decisión. "Se da cuenta de que va a tener algunas batallas y no creo que para él ésta valga la pena. Probablemente ni siquiera Karl Rove (principal asesor de Bush) quiera encargarse del asunto".
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