Jair Bolsonaro: "Yo tengo una misión de Dios, lo veo de esa manera"

Bolsonaro recibió a LA NACION en el Palacio del Planalto
Bolsonaro recibió a LA NACION en el Palacio del Planalto Crédito: Marcos Correa/Presidencia de Brasil
Bolsonaro le dijo a LA NACION que está haciendo esfuerzos para pacificar a Brasil y evitar las divisiones; criticó a la prensa
Alberto Armendáriz
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1 de junio de 2019  

BRASILIA.- Tras la virulenta campaña electoral del año pasado, generó cierto alivio cuando, en su discurso de asunción, el 1º de enero, Jair Bolsonaro prometió "unir al pueblo brasileño". Pero aquellas ilusiones de una superación de la grieta ideológica se desvanecieron rápidamente.

Desde entonces, el presidente no ha dejado de operar en "modo campaña", con embestidas casi cotidianas contra sus rivales del Partido de los Trabajadores (PT); ofensas a la "vieja política"; críticas a la prensa, y crecientes polémicas de corte social para imponer una agenda de valores conservadores que empezaron a ahuyentar a empresarios y sus votantes más moderados, y que produjeron divisiones en el seno del gobierno.

"Usted se informa por los diarios -se atajó durante la entrevista con LA NACION-. Si viera las redes sociales, eso no existe. Gran parte de la prensa brasileña cuenta mentiras sobre mí, luego dicen que di marcha atrás? es el relato de los grandes medios, los mismos que durante la campaña me demonizaron, me llamaban racista, fascista, homofóbico, misógino? La primera vez que fui llamado misógino no sabía qué era eso, tuve que meterme en Google y enterarme de que es alguien a quien no le gustan las mujeres. ¡Ahora resulta que soy gay! Todo bien? Pero ¿cómo una persona puede ser todo eso y ganar las elecciones? Encima con un sistema de voto electrónico en el que nadie cree, pero como tuve tantos votos, era difícil hacer fraude".

-Más allá de sus críticas a la prensa, ¿cree que está haciendo esfuerzos para pacificar al país?

-Sí, estoy haciendo esfuerzos, no estoy atacando ni buscando la división. Pero hay gente a la que no le gusto aun sin conocerme. Cuando empecé a salir con mi actual esposa [Michelle], le preguntaban qué estaba haciendo con ese monstruo. Y ella sigue enamorada de mí hasta hoy.

-También hay muchas disputas dentro del gobierno que no inventó la prensa, entre sus ministros militares y Olavo de Carvalho, su gurú ideológico, que los ataca de manera pública.

-Los militares son parte de mi círculo de amistades, después de pasar 15 años en el Ejército. Es lógico traer gente que tiene un pensamiento similar al mío. Lula [da Silva] y Dilma [Rousseff] trajeron terroristas y ladrones aquí y nadie decía nada. Sobre Olavo de Carvalho, reconozco su trabajo y sus ideas, que desde que yo estaba en el Congreso compartía. Le agradezco que mucha gente abrió su cabeza a la realidad por él, porque el socialismo no funcionó en ningún lugar del mundo. Él juega rudo, y puede hacerlo con quien quiera. Es parte de la libertad de expresión. En el pasado, la izquierda buscó un contrato social con los medios porque sabe que dominándolos es más fácil gobernar, instalar fake news, y gran parte de la prensa brasileña quedó contaminada.

-Coloca siempre la culpa de sus males en los demás. En estos meses de gobierno, ¿cuáles fueron sus errores? ¿Qué aprendió?

-Fui 28 años diputado y nunca pedí cargos a cambio de nada. Seguí todo lo que pasaba, pero con desdén, sin hacer nada malo. Menos mal, porque si no ya estaría preso. Cambiamos la manera en que se relaciona el Ejecutivo con el Legislativo, y la mayoría de los legisladores apoyan eso.

-Apuntaba a qué equivocaciones cree haber cometido para que el gobierno esté hoy más débil. ¿O no cree en las encuestas?

-Nadie cree en las encuestas en Brasil. Si usted saliese conmigo a las calles vería que es diferente. Le puedo mandar videos por WhatsApp. No es así. No estoy preocupado en ser buenito; quiero lograr mi objetivo, cumplir mi misión. Todo candidato que piense en la reelección está condenado al fracaso, a menos que tenga mucho dinero. ¿Sabe cuánto gasté en mi campaña? Menos de un millón de dólares. Toda la prensa me llama homófobo, racista, fascista, misógino y? ¿cómo se llama al que no le gustan los de afuera? ¡Xenófobo! Aunque si lee nuestra ley migratoria es un desastre.

-¿Y cuál es esa misión que tiene?

-Yo tengo una misión de Dios, lo veo de esa manera. Fue un milagro estar vivo [después del atentado que sufrió el 6 de septiembre] y otro milagro es haber ganado las elecciones. Dios me ha ayudado también mucho en la elección de mis ministros.

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