A cada cual su duende

La duendería gana terreno en ferias y locales especializados
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22 de noviembre de 2002  

El embrujo celta no para de seducir. Si hace unos años los porteños se habituaron a buscar la mejor cerveza en bares irlandeses, un nuevo influjo llegó para adornar su vida cotidiana: el de las artesanías de duendes.

Antes, se los solía ver tomando sol en jardines. Pero ahora pululan por ferias artesanales (como las del parque del Centenario y Plaza Francia), ciertos locales y hasta tienen su casa propia en un local de San Telmo.

"El fenómeno superó las expectativas y excede lo comercial", afirma Ricardo Nieva, coleccionista y dueño de El Rincón de los Duendes, local especializado en estos seres mágicos. "Hay gente que entra todas las semanas como si esto fuera Disneylandia. O chicos que pasan dos minutos para saludar a los duendes antes de irse a dormir", relata.

Con corteza de álamo en su estructura, el comercio de Defensa al 1300 representa una cabaña con balcón, puertas y ventanas. Allí, cincuenta artesanos exponen sus productos. Y la vidriera muestra a un estrafalario duende sosteniendo un enorme libro de madera, en donde cada visitante puede dejar escritos sus deseos. El duende se llama Ote y la cabaña es su casa.

"Los duendes me apasionan desde chico, pero tardé años en aprender a comercializarlos -explica Nieva, que además publica una revista y organiza encuentros y talleres para fabricarlos-. Lo creía algo sacrílego y no me cerraba la idea de hacer plata con ellos. Entonces busqué un concepto distinto: inventé a Ote como dueño del lugar, y tengo un trato especial con los artesanos. Se corrió la voz y llegan chicos de Córdoba, Salta o Mendoza."

Si no les tienen fe...

La creencia en estos seres fantásticos es como el certificado de garantía de un buen artesano dedicado a su producción. Tal es el caso de David Osinaga, un salteño afincado en Villa Gesell que afirma haber visto duendes en dos oportunidades. También es experto en la tradición celta. "Históricamente, los duendes son parte del wicca, la concepción celta de la femineidad de la creación, que se opone a la masculinidad romana. Entonces, con intención de difamarlos se hablaba de los duendes como demonios", explica Osinaga, y agrega que "todas las culturas tienen sus propios duendes. Por ejemplo, en China se los llama gremlins".

Creador de duendes, gnomos y hadas en madera y masilla epoxi (otros usan cerámica, yeso o porcelana fría), Osinaga reparte su trabajo entre Villa Gesell y la feria de Ituzaingó. "En general, repuntó la demanda de artesanías, pero la duendería tiene un lugar preferencial en el gusto de la gente", comenta David, que además tiene un vínculo mágico con sus creaciones: "Cada pieza es como un hijo al que le doy la labor de llevar un mensaje ancestral a quien lo cobija: reconciliarlo con la naturaleza".

El arquitecto Juan Carlos Rossi, además de abastecer varios locales, tiene su propio espacio en la galería Boulevard, de Rivadavia al 6700. Busca igualmente transmitir espiritualidad, pero de otra forma. "No creo en los duendes, pero esta actividad se basa en la relación con la gente. Es difícil de explicar... Me emociono cuando llama un cliente y no vendo si no sé adónde va mi mercadería -aclara-. Tras diez años de complicaciones, hoy la cosa mejoró. Podemos vender afuera, y ya exportamos a España más de cuatro mil unidades."

Fútbol, salud y trabajo

Menos artesano que diseñador, Rossi creó la línea de Duendes Protectores: figuras de madera con un cartel que invoca la protección de sentimientos como el amor, la amistad o el afecto. Y que se multiplican en útiles como lapiceros, portallaves, veladores o ceniceros. "También vendo duendes protectores que no me gustan -admite-. Como los de clubes de fútbol, del trabajo y la salud. ¡Hay gente que me compró llorando un duende de la salud para algún enfermo! Cree que le va a resolver un problema y no es así. Las leyendas portan un deseo: la ilusión del pensamiento infantil que todos tenemos. En definitiva, aquí no hay nada esotérico. Aunque cuando miro a mis hijos pienso que quizá antes hayan sido duendes."

Dueño de 1500 piezas, Ricardo Nieva conoce virtudes y defectos de los gnomos de jardín, los borrachines leprechauns, los orejudos trasgos, y los xilfos. "He visto fotos de éstos -dice, muy serio-. Mis duendes son traviesos. Es frecuente que hagan desaparecer cosas o apaguen y enciendan las luces. Al principio me quedaba estupefacto. Ahora, si pasa, voy y los reto."

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