Al maestro con cariño

Javier Faroni
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1 de diciembre de 2014  

En algún momento me consultaron en una nota sobre él y dije que era el Maradona de los empresarios teatrales. Hoy, por estas épocas, tengo tremenda duda si no es el Messi de los empresarios teatrales. En realidad, creo que tiene lo mejor de cada uno.

Cuesta mucho salirse del cariño que le tengo para hablar de Carlitos pero, en lo estrictamente profesional, me dejó enseñanzas para toda la vida. Al estar desde muy chico en esta profesión, al igual que él, y tenerlo cerca en todo este proceso me dio la posibilidad de escuchar sus consejos, su sabiduría, su ética hacia el trabajo, su forma de ver el negocio del teatro. Todo esto hizo que mi crecimiento profesional y como persona sea mucho más rápido, sostenido, seguro y feliz. Tuve la mejor universidad de producción, el maestro que me daba los retos necesarios o el aliento suficiente para seguir adelante en cada momento. Son esas cosas de la vida que uno las encuentra de casualidad y hay que sacarle el mejor provecho para su crecimiento.

En un momento, a mis 12 años, me encontré con Carlín Calvo y me hizo conocer y amar el teatro. Unos años después, la vida me cruzó con Carlitos que me hizo conocer la ética y sapiencia del teatro.

En lo estrictamente personal tuve la suerte de encontrar a un tipo que me brindó su amistad, más allá de la diferencia de edad, y de contenerme a mí y a mi familia en cada momento. En cada verano, en cada cena, en cada café, en cada charla telefónica hasta la madrugada. Fue otro maestro, pero de la vida. En todos estos largos años de amistad hubo momentos muy fuertes que pasamos juntos por los que le estaré agradecido de por vida, no sólo por mí, sino por mis hijos para quienes no es más que "el mago Carlitos" con sus diversiones de magia en la sobremesa. Para mí es el "maestro Carlitos". Gracias eternas.

El autor es productor teatral y político

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