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Quizá digan de él que es un sentimental. “Todos los días Pepe se instala en el sofá al lado de la puerta y espera a que yo llegue del trabajo, escuchando atentamente el ruido del ascensor. Cuando Nora, mi mujer, sale a hacer compras, Pepe espera a que vuelva con infinita paciencia, adoptando esta pose. Mi hija Noelia dice que cuando lo dejan solo Pepe se deprime”, cuenta Carlos A. de la Llana.




