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En una reveladora entrevista realizada el año pasado en el podcast Armchair Expert with Dax Shepard, Brad Pitt decidió abrirse sobre uno de los capítulos más complejos de su vida personal y profesional. Lejos del presente de éxito y estabilidad que atraviesa actualmente, el actor se remontó a mediados de la década del noventa para explicar el vacío existencial que lo invadió al alcanzar la fama temprana. A sus 30 años, Pitt sintió la necesidad de alejarse de todo, una experiencia que dejó una huella imborrable en su salud física y mental durante aquella época.
Al recordar aquel periodo de 1994, el intérprete reveló que se encontraba en un mal momento. “Tuve un verano rarísimo”, admitió durante la charla. Según relató entonces, la situación llegó a niveles alarmantes, exacerbado por la influencia de su pareja de aquel entonces, cuya fascinación por los animales exóticos los llevó a convivir con 40 camaleones en su hogar. El estilo de vida de Pitt durante esos meses estuvo marcado por una desconexión total del cuidado personal y las exigencias de Hollywood. Al describir su rutina, el actor fue contundente: “Simplemente necesitaba desconectar. Me despertaba... agarraba una pipa y me tomaba cuatro gaseosas con hielo. Nada de comida”.

El actor, que ya había cautivado al público con su papel en Thelma y Louise, recordó que su estado de ánimo era sumamente bajo mientras observaba el juicio de O.J. Simpson por televisión. “Ese verano, en particular, vi el juicio de O.J. Simpson y pensé ‘¿qué hago acá?’“, compartió con el conductor del podcast. Aquella pregunta retórica sintetizaba la incertidumbre sobre el rumbo de su carrera profesional y el sentido de su propia existencia tras los últimos proyectos laborales que había protagonizado.
Sin embargo, el destino le presentó una oportunidad crucial para salir de aquel pozo profundo. Fue a través de su representante, Cynthia, que recibió el guion de Seven: los siete pecados capitales. Aunque al principio se mostró escéptico ante la trama, su encuentro personal con el director David Fincher resultó revelador. “Hablaba sobre películas como nunca antes escuché hablar de cine. Volví a entrar en razón. Encontrar eso, en cierto modo, revitalizó lo que quería de esto, lo que es posible”, recordó el actor durante aquella conversación sobre el impacto positivo que tuvo el trabajo en su recuperación.

Esa etapa de transición también coincidió con el inicio de su mediático vínculo con Gwyneth Paltrow, con quien comenzó a salir durante el rodaje de la película. A pesar de que el compromiso terminó meses después, aquel tiempo permitió a Pitt reconectarse con el arte. La historia, que también incluyó su posterior matrimonio con Jennifer Aniston en el año 2000, cierra un capítulo oscuro de un hombre que, al igual que los personajes que interpreta, encontró en el cine una forma de redención personal.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA



