
Buenos días, robot
En "El hombre bicentenario", que se estrenará mañana, el inefable comediante se pone ahora en la piel de un androide imaginado por el escritor Isaac Asimov.
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SAN FRANCISCO.- Tras anunciar que se alejará del cine "por un tiempo" para regresar a lo que él considera las fuentes de la actuación (las "stand up comedies", es decir, los chistes, monólogos e imitaciones en clubes nocturnos), Robin Williams vuelve a poner a prueba su histrionismo en las entrevistas por el lanzamiento de "El hombre bicentenario", una película de 100 millones de dólares, dirigida por el taquillero Chris Columbus ("Mi pobre angelito"), que está basada en un relato del autor de ciencia ficción Isaac Asimov y se estrenará mañana en la Argentina. El traje de robot que usó Robin Williams en esta historia sobre el proceso de humanización de un androide que fue adquirido por una familia para las tareas de la casa, no le cuesta tanto trabajo sacarlo de su cuerpo como el de comediante, una piel que ansiosamente lleva encima y hace notar, a veces en forma forzada, hasta cuando camina por el hall de un hotel.
Verborrágico, hiperkinético, en cualquier comentario lo invaden las voces de otros actores y personajes que él mismo hilvana en su discurso sin dar respiro a su interlocutor. Hasta el comentario más comprometido para la ocasión está filtrado por un guiño humorístico o comentario al margen. En un inglés con acento vienés anima a un Sigmund Freud que explica su antigua adicción a la cocaína. En la voz del jefe de Homero Simpson, Ed Burns, hace referencias a su joven piel lustrosa en "El hombre bicentenario". Y, al pasar, hasta concreta una conversación de aire escatológico entre su Boxer blanco y su Poodle francés.
Pero así como en los años ochenta su adicción a las drogas y la muerte de su amigo, el actor John Belushi, le provocaron una fractura también en su carrera, Robin Williams (amado por muchos y odiado también por su corrección política para ser gracioso en las comedias y romántico en los dramas) dice que necesita tomar una nueva dirección.
Fue una recomendación, dice a La Nación , que le dio Chris Rock, justamente, uno de los comediantes norteamericanos más políticamente incorrectos contra el sistema: "Volvé a las rutinas de los monólogos. Para cambiar, no necesitás un máster en circo. Sos un tipo realmente divertido. Sólo andá y hacelo, así vas a saber directamente qué es lo que opina la gente de tu trabajo". "Es un mundo raro el de las "stand up comedies" _agrega Williams, ahora con la voz nasal del marciano Mork que lo lanzó a la fama_. Es como el boxeo, uno está poniendo el c... ahí arriba. Pero es difícil encontrar personajes como ésos en una película de Hollywood".
Yo lo quiero así
Claro que los 20 millones de dólares que actualmente gana por película no lo impulsan demasiado a la rebeldía en contra del sistema, en todo caso, más al capricho. En "El hombre bicentenario", atraído por el tema de la inteligencia artificial y el comportamiento humano, fue él quien decidió vestir el traje del robot en la primera parte de la película.
"Está tan bien hecho que parece una imagen creada por computadora, pero es un animatronic _aclara_. Hubiera sido muy caro hacerlo en CGI (por computadora). También cualquiera hubiera podido meterse en el robot, pero yo preferí hacerlo: si el personaje iba a evolucionar de robot hasta llegar a ser un humano, yo tenía que estar ahí desde un principio, para tratar de encontrar los aspectos humanos en la máquina y para que también el público pudiera identificarse conmigo. Entonces aceptaron crear el disfraz en mi cuerpo y por eso éste tiene mis proporciones. Yo pensé: "Si estoy ahí dentro podré darle una cualidad especial". El piropo más lindo que me dieron es que con mi esencia atravieso ese traje de plástico y silicona. La gente me ve, de alguna manera, ahí." En una industria en donde los actores acrecientan cada vez más su poderío, las decisiones de Robin Williams exceden, obviamente, las marcaciones de un director como Chris Columbus, taquillero, pero dependiente del poder de convocatoria de un actor como Williams. Aunque el protagonista de "La sociedad de los poetas muertos" y de "Buenos días, Vietnam", que solamente ganó un Oscar como actor de reparto por "En busca del destino", parece también mofarse de las pacaterías impuestas por las majors . Entonces cuenta los chistes sobre sexo que hacían con Sam Neill entre tomas. "Nos reíamos mucho porque a él le parecía bastante desconcertante tener esas conversaciones con una máquina, y cuando yo me reía la carcaza se empezaba a mover. En una de esas charlas de rodaje, jugando, Andrew le dice que el sexo de los humanos le parece bastante caótico. Y Sam me contesta: "Así es como nos gusta". Entonces pedí incluir esa línea en la película, pero me dijeron que no "porque es una película de Disney". "A la m...", les dije, "pónganlo igual"."
Las leyes de Robin
"Yo decido quién vive y quién muere en Hollywood -dice, interpretando vaya uno a saber qué personaje de su bagaje profesional-. Tengo el poder absoluto, ¡adórenme! No, en verdad, nunca choqué con un director, nunca le tiré a un escritor su guión diciéndole "esto es una m..." Si me proponen trabajar en una película en la que ya hay elegido un director nunca ejerzo el poder del que estás hablando. Entonces, ¿tengo poder de decisión? Probablemente, sí, pero nunca lo ejerzo. En realidad, me niego a sólo una cosa: nunca hago publicidad encubierta, y normalmente, si una película tiene merchandising, no me usan a mí. Por eso en esta película no hay ningún muñequito que diga "hola, yo soy Andrew"."
Sin embargo, Robin Williams se plantó firme en medio del rodaje cuando el estudio dijo "no vamos a gastar más plata". "Recortamos gastos y hasta bajamos nuestros cachets hasta que nosotros también dijimos "hasta acá llegamos, no la hacemos" -cuenta-. Hubo una serie de discusiones y todo se paró por dos semanas. Disney preguntó: "¿No van a hacer la película?" "No". Con Chris estábamos muy seguros de lo que creíamos que la película debía ser."
Aparentemente, lo que los estudios buscaban repetir era el tono y la comicidad de uno de los más grandes éxitos de Chris Columbus, "Mi pobre angelito". "Fue bastante deprimente ver que eso era lo que pensaban de la película. Nosotros pensamos que era una historia adulta sobre la humanidad, sobre un viaje, un recorrido, sobre lo que significa ser diferente o ser como todo el mundo. Y ellos la estaban vendiendo como "Mi pobre angelito"."
Williams cuenta que lo fascina el universo creado por Isaac Asimov, especialmente por la moral que expresan los personajes del escritor de "Yo robot". Y repite las tres leyes de la robótica que Asimov creó en 1950: "Un robot no puede dañar a un ser humano, o a través de una omisión permitir a un ser humano que sufra un daño. Un robot debe ofrecer las órdenes que le da un ser humano, excepto cuando dichas órdenes entran en conflicto con la primera ley. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley".
Y sigue con su monólogo:"En los libros de Asimov hay reacciones negativas hacia los robots: hay rebeliones, son destruidos, y por las tres reglas no pueden defenderse. Pero si los robots empezaran a actuar por sí mismos la gente los rechazaría y, probablemente, los destruiría por miedo a que se transformaran en la raza dominante. Ese fue siempre el tema de la ciencia ficción. Pero Asimov fue el primero en hablar de una criatura humanizada, un robot con moral. El robot no puede negar sus tres mandamientos, nosotros sí podemos violarlos".
Una partenaire robótica
En la interpretación del robot Andrew, Williams consiguió una actuación más bien sobria. En todo caso, su sobreexcitación natural le corresponde a su partenaire robótica llamada Galatea. "En cuanto a la forma de actuar -explica-, sí, estoy calmo y sedadamente medicado (bromea). Es que Andrew tiene una posibilidad de elegir cuando le dan una demostración de personalidad. Aun teniendo una posibilidad tan up (arriba) él elige una personalidad neutra."
Entonces Williams cambia la voz, le agrega una buena dosis de azúcar y, bien "up", ensaya: "¿No es éste un día hermoso?" "Decime si no te embolaría después de un tiempo que el personaje hablara así -pregunta-. Entonces yo también elegí esa forma medida, porque el personaje gana cosas mientras va viviendo."
Aun así, Robin dice que reacciona a los personajes políticamente correctos de Hollywood haciendo "stand up". "Aunque no pienso que mis personajes tengan esa corrección política. En todo caso, son personalmente correctos para las cosas que yo quiero hacer."
Lo que no puede negar es que entre el público haya gente que lo detesta por la fibra extremadamente sentimental con la que compone sus personajes. "Sí, es cierto que hay gente que me odia por sentimental. Nunca vi una reacción tan en contra de mí como con la película "Patch Adams". Pero por otra parte, también recibí millones de cartas del público. Para mí eso vale mucho más y compensa la incomodidad de escuchar a la gente que te odia. Alguna gente te quiere y otra te quiere muerto en una fosa descomponiéndote con un pequeño animalito encima. Pero hay que ignorarlos. Y la mejor revancha es vivir tu vida y que te vaya bien. Entonces, a los que me odian les digo: "¡Ja! ¡Ja!"."




