Un sobreviviente de Cromañón declaró que la madre de Pato Fontanet repartía bengalas. Fue golpeado y luego acusado de falso testimonio. Conocé su historia.
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Cuando las letras de Patricio Fontanet todavía le sonaban como propias, Emiliano Palacios se tatuó en el brazo derecho el nombre de la banda que lo emocionaba. Ocho meses después de la tragedia de Cromañón, cuando todavía lloraba la pérdida de su amigo, Sebastián Bonomini, declaró que había visto cómo Susana de Fontanet, la madre del cantante, repartía bengalas en el estadio de Obras. Y Villa Celina, el barrio en el que las paredes dicen “basta de culpar a callejeros”, no se lo perdonó. Un mes después de presentarse en Tribunales, lo amenazaron, lo golpearon y le exigieron que dejara de hablar en contra del grupo de Celina, el barrio de la banda. Y también de Emiliano.
La noche de la tragedia, como solían hacer antes de cada show, él y su grupo de amigos se juntaron en un bar de Once para hacer la previa de la fiesta callejera. El recital recién había empezado cuando Emiliano salió del baño de Cromañón. “Nos morimos todos”, alcanzó a escuchar. Apenas pudo reaccionar. Pensó que no había podido despedirse de su familia. Después, cayó desmayado.
Tras peregrinar más de 19 horas por hospitales, clínicas y morgues, su mamá, Beatriz, lo encontró en el Instituto Dupuytren. Se despertó cuatro días más tarde y enseguida preguntó por Sebastián, su amigo de la infancia, con quien se había criado en los edificios de Villa Celina. “Está bien.” Beatriz no pudo más que mentirle. Cuando se recuperó, Emiliano recibió la otra noticia. Hasta ese momento no había visto a Nora, la mamá de Sebastián, aparecer en los medios exigiendo justicia junto con Ricardo Righi y Luis Fernández, los denominados “padres duros” de Cromañón.
Pero mientras intentaba superar el trance, sufrió otra decepción: por Celina circulaba el rumor de que Pato Fontanet había acusado a Sebastián de ser uno de los que prendían bengalas en los recitales. Algo que, según Emiliano, le confirmaron en sede judicial cuando el 2 de septiembre de 2005 lo citaron a declarar, pero que el abogado de la banda, Eduardo Guarna, niega rotundamente.
“Por lo que veía, Callejeros se estaba lavando las manos bastante. Pero nunca pensé que se iban a meter con una persona muerta, que los seguía y que era mi amigo. Pato me defraudó”, dice Palacios. Había sido el mismo Sebastián quien alguna vez le presentó al líder de la banda.
Con mucha bronca, ese día Emiliano se decidió a decir lo que sabía. “Conté que en los recitales de Obras del mes de julio, la mamá de Pato era la que les pasaba las bengalas a los chicos”, relata. Aprovechando que no tenía que someterse a los exhaustivos cacheos, dice Emiliano, Susana de Fontanet entraba las bengalas de los chicos del barrio. Lo que se decía, según Palacios, era que la seguridad de la banda también les dejaba entrar las bengalas a los fans conocidos.
Unos días después de su presentación en Tribunales, una voz de hombre grabó en el contestador de la familia Palacios una advertencia para Emiliano: “Dejá de hablar en contra de Callejeros”. En la madrugada del 8 de noviembre, un Ford Falcon gris lo interceptó en una playa de estacionamiento, a cuatro cuadras de su casa. Bajaron dos jóvenes, le robaron plata y el celular, y empezaron a golpearlo con palos, en la cabeza y las piernas. A Emiliano le pareció un simple robo hasta que le gritaron lo mismo que la voz del contestador. Apenas pudo, salió corriendo y fue a hacer la denuncia a la comisaría deVilla Recondo, en La Matanza. Beatriz ya no podía estar tranquila y decidió que su hijo viajara a España para pasar un tiempo con su hermano, Gastón.
Callejeros ya no suena en el equipo de Emiliano. “Ahora son buenos recuerdos, de estar con mis amigos antes de los recitales, ese momento”, explica. “Antes me llegaban mucho las letras de Pato y ahora veo que mintió en todo. Ellos no son culpables, pero tienen una gran responsabilidad y se tienen que hacer cargo.”
A principios de este año, Guarna denunció a Emiliano por falso testimonio por su declaración contra la madre de Fontanet. El juez de primera instancia lo sobreseyó pero el 30 de junio pasado la Cámara de Apelaciones revocó el fallo. Según dijeron los camaristas, deberá investigarse en sede penal “el comportamiento de Palacios”. Algo que ya está en curso.
De considerarse válido, el testimonio de Emiliano será más que importante en el juicio oral, cuando la banda, acusada del delito de estrago doloso, tenga que demostrar que no incentivaban el uso de bengalas. Emiliano todavía conserva a sus amigos de la infancia pero se distanció del grupo de seguidores de la banda. Y ya no circula por la zona más callejera de Celina. Mientras tanto, el tatuaje sigue ahí, pero no está solo. Dos años después de Cromañón, con 21 años, le hizo un homenaje al amigo que perdió: “Seba presente. Descansas en mi corazón”. Y además, se escribió con tinta en la pierna: “El que mata los sueños merece una condena”.
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