Norma Aleandro, Norma Argentina.
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Desmenuzando la figura de la mucama argentina
Las tazas de te "del juego", el sofá de pana, las cartas (francesas, jamás españolas ni epistolares: ¡horror!) con las amigas: el módico menaje de la señora bien. La podés ver en las calles de Belgrano, ella tan Etam y peinado espumoso, paseando por la tierra de nadie que comparte con la otra señora del barrio, que camina pero no pasea: la mucama. En Cama adentro, Jorge Gaggero fotografía con sensatez y sentimientos (pero nada del miserabilismo cínico de otras películas argentinas poscrisis) esa zona fronteriza donde conviven las dos señoras de la casa: Beba, una sutil Norma Aleandro de acentos afrancesados, y Dora, una brillante Norma Argentina de silencios puntanos, ex mucama en la realidad y hoy intérprete consagrada: "Norma hace tan bien de mucama no porque haya sido mucama –explicó Aleandro–, sino porque es una gran actriz". Las dos Normas (actriz y mucama, la rica y la pobre) resumen una norma argentina. Si la corrección política o la pacatería biempensante impusieron eufemismos para llamar a la que sirve, ahora el descalabro nacional mezcla a unas con otras y en ese roce se adivinan las señales del amor auténtico, donde las clases se vuelven tan promiscuas como las calles de Belgrano. Ni "la chica que limpia" ni "la muchacha" ni "la señora que trabaja en casa": Cama adentro es la biopic definitiva sobre la mu-ca-ma, un mito argentino que quedaba por desmenuzar.





