Adiós a Stan Lee, el fabricante de superhéroes

Stan Lee en la premiere de "Iron Man 3", una de sus creaciones, en 2013
Stan Lee en la premiere de "Iron Man 3", una de sus creaciones, en 2013 Fuente: Reuters
Juan Manuel Domínguez
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12 de noviembre de 2018  • 17:46

Es divertido que el hombre que creó a los personajes de Marvel que hoy son los juguetes favoritos de Hollywood se haya hecho famoso como un personaje que vivía en el universo que él había creado. Stan Lee , que murió hoy, a los 95 años, era ese viejito que aparecía en cameos en casi todas las películas de Marvel (desde El juicio del Increíble Hulk, en 1989, con Lou Ferrigno, hasta la que sería su aparición final, Avengers: Infinity War de este año). El universo cinematográfico de Marvel es una creación que ayudó a fundar, generar, definir, vender y sostener durante décadas como editor, guionista y mentor de talentos, para así convertirlo en un fragmento clave de la Estados Unidos que, en los 60, descubría a los Beatles, al Che Guevara y se fascinaba con Bob Dylan. Su leyenda ya de por sí iba a vivir por siempre: es el padre –aunque uno de muchos– del superhéroe moderno.

Del Capitán América de los Vengadores (a quien le dio una segunda vida en los cómics de los años 60 a pesar de no haber sido su creación), al Daredevil de Netflix basado en el cómic, pasando por Spider-Man, Iron Man, Doctor Strange, Black Panther, Los 4 Fántasticos, Hulk, Thor y Loki-, los X-Men y así la lista (no interminable, pero sí fértil como pocas) de hombres y mujeres en calzas. Lee siempre decía que la inspiración para el primer número de Fantastic Four, allá por 1961, había sido el hecho de que ya se había cansado de Marvel, donde trabajaba desde 1939, cuando había entrado como asistente gracias a su tío Robbie Solomon, cuando todavía se llamaba Stanley Lieber. "Hay que pagar las cuentas, así que había que hacer milagros, dentro y fuera de la página" le dijo Lee alguna vez a quien esto escribe.

Los cameos de Stan Lee en las películas de Marvel Fuente: YouTube

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Gracias a su capacidad para el marketing, Lee fue siempre considerado el padre de estos personajes (aunque es, en realidad, una tenencia compartida) y quien supo venderlos como nadie. Fue quien encontró la forma de crear tanto un superhéroe humano, con corazón, un retruco a los inalcanzables Batman y Superman, como encontrar el modo de presentarlos como feria de circo, como el gran evento universal que vale centavos pero que había que presenciar sí o sí. Su retórica en las páginas de Marvel ( ¡Excelsior!) es tan esencial como los dibujos e historias dentro de sus cómics: creó un sentido de comunidad entre los lectores de sus creaciones, que sería ridículo no considerar la cuna de cierta cultura pop que aún hoy puede verse en el éxito de las Comic-Con alrededor del mundo.

Lee decodificó, con una enorme ayuda de sus empleados-enemigos, aquel nervio comunal que hacía que Peter Parker, un joven que lanza telarañas, sea la fórmula perfecta, más grande que la vida misma, para generar miles de millones de fanáticos, dólares y, aún más importante, saludables franquicias cinematográficas.

Lee había nacido en 1922 en Manhattan, y como muchos de los creadores vitales del género, era hijo de inmigrantes: la edición barata de los cómics era un refugio pero también una forma de reconfigurar la identidad que sus padres no habían tenido. Y siguiendo el mismo arco que sus hijos ficticios, murió en Los Ángeles, rodeado de pleitos legales. En vida, Lee fue odiado por varios de sus colaboradores. Jack Kirby, dibujante clave de los años 60 en Marvel –todo lo dibujó, todo lo creó, de Thor a Silver Surfer–, y Steve Ditko, responsable de Spider-Man y Doctor Strange, lo habían acusado abiertamente de ser un ladrón. Agotado por las peleas con Lee y por los derechos sobre los personajes, Kirby hasta creó personajes que eran la caricatura de Lee cuando se fue de Marvel.

Lee había quedado viudo de su adorada esposa Joan hace un año y era padre de dos hijas, Joan Celia Lee y Jan Lee. Vivió gran parte de su vida en Marvel, hizo allí su revolución lúdica, y luego se convirtió en personaje y marca (hay varias creaciones de los últimos años empujadas bajo la etiqueta "Stan Lee presenta"). Lo cierto es que Stan "The Man" Lee –tal su sobrenombre de pluma– ahora también vivirá por siempre como su especialidad: siendo un personaje de ficción que sobrevive en un mundo imposible y aun así late humano, sea para la comedia o para lidiar con su famosa responsabilidad.

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