
Agora y una polémica que excede a la pantalla
Intensos debates con científicos y religiosos
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Desde hace un año, el mundo cinematográfico habla de Agora por sus números. Aunque está hablada en inglés, es la película más cara de toda la historia en España (costó 50 millones de euros) y, a la vez, la más taquillera de 2009 en la península: casi 20 millones y medio de euros. Su arduo rodaje en Malta, que exigió entre otros desafíos la virtual construcción de una ciudad entera, comprometió enormes esfuerzos técnicos y humanos.
Pero el debate alrededor del nuevo film del chileno-español Alejandro Amenábar ( Abre los ojos, Tesis, Mar adentro ), que Distribution Company estrena hoy en la Argentina, excede con creces a la pantalla grande. A la par de los críticos cinematográficos han discutido incansablemente la película astrónomos, matemáticos, sociólogos, pedagogos, filósofos e historiadores. Y no se quedaron atrás las polémicas religiosas, tan encendidas que llevaron a la directa prohibición de la película en Egipto, dentro de cuya geografía se desarrolla la trama, y a un tardío lanzamiento en Italia luego de varias objeciones atribuidas a sectores próximos al Vaticano, que llevaron a la mayoría de los distribuidores de ese país a dudar en la compra del film por temor a posibles problemas con la Iglesia.
<b> Trailer de <i> Agora </i></b>
La censura egipcia fue implacable con un film que, a su juicio, "insulta a la religión", a lo que Amenábar replicó con igual énfasis: "Aunque parezca una locura, es una película muy cristiana". Todo por los hechos históricos que se recrean en los 129 minutos del film, 14 menos con respecto a la versión que se vio en el Festival de Cannes 2009. Agora gira en torno a la figura histórica de Hipatia (Rachel Weisz), filósofa, matemática, astrónoma y pedagoga que ejerció su magisterio y sus investigaciones en la agitada Alejandría del siglo V. Ella y sus discípulos son testigos y protagonistas de una época de violentos cambios sociales, políticos y religiosos.
A la cabeza de ellos aparece el rápido crecimiento del pensamiento cristiano, cuya prédica cuestiona la visión grecorromana y amenaza con hacer tambalear todos los valores de su tiempo, cuya muestra más acabada es la violenta destrucción de la famosa Biblioteca de Alejandría. "Siempre hay licencias históricas, pero en comparación con el resto del cine actual tratamos de ser lo más rigurosos y fieles a los hechos", dijo Amenábar al conocer las primeras objeciones al enfoque histórico y científico del film.
"Hoy, el tema más fuerte de discusión es el fundamentalismo islámico. Pero en Agora resulta que los fundamentalistas son los cristianos". En las palabras de Weisz a The New York Times está la matriz de la controversia desatada alrededor de un film que también debió bregar mucho para conseguir distribuidor en los Estados Unidos. "Lo primero que pensé al leer el guión es que la historia de Agora tiene plena vigencia. Es digna del siglo XXI porque plantea el riesgo de levantar paredes entre la ciencia y la religión", precisó la actriz, cuyo personaje comienza a sufrir la persecución de los cristianos coptos.
Al plantear así las cosas, Agora recorrió el mundo durante el último año a partir de dos premisas: la asombrosa (y realista) reconstrucción digital con tecnología de punta de la vida en la Alejandría de la antigüedad y la creciente controversia religiosa. Fue así que Egipto directamente optó por prohibir su exhibición para evitar reacciones de la minoría cristiana copta, mientras que en Italia se hicieron proyecciones privadas anticipadas para el clero. Allí, el estreno sólo se produjo en abril último, tras varias discusiones y controversias.
Amenábar replicó con argumentos más religiosos que artísticos: "Jesús seguramente no hubiese aprobado las reacciones contra Hipatia. Ningún cristiano debería ofenderse por un film que denuncia la intolerancia y habla a favor de la serenidad y el diálogo". Hoy se suma al debate el público argentino.





