Alberto Lecchi: "Querés contar historias y no importa cuánto te puedan criticar"
Conocido por su trabajo en cine y TV, en estos días dirige su tercera obra teatral y preside un club de fútbol, Temperley
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Pasión y entrega. Según Alberto Lecchi, son los sentimientos que motorizan por igual tanto al director de cine como al hincha de fútbol que conviven en él. Nació en Lomas de Zamora, el punto inicial de su amor por la camiseta de Temperley, el club que ahora preside y al que dedicó referencias más o menos explícitas en algunas de las numerosas películas y ciclos de televisión que realizó a lo largo de su extensa trayectoria profesional, que incluye también la dirección teatral.
"Soy un dirigente más por corazón que por vocación", reconoce Lecchi, que a fin de año cerrará el capítulo de su experiencia presidencial. "Estamos trabajando mucho y muy bien, pero en diciembre me voy porque es muy agotador. Y en definitiva, si bien Temperley es muy fuerte socialmente, es un club de fútbol. Y el fútbol es tremendo. Está todo bien, pero si la pelotita no entra, está todo mal. Y la pelotita puede no entrar. Entonces es muy desgastante. Otra cosa que pasa es que en el club todos trabajamos ad honorem. Entonces no podés exigirle a la gente que haga más de lo hace, hay que ser muy cuidadoso para manejar eso", le comenta Lecchi a esta periodista, que poco sabe de fútbol, pero igual arriesga: "Pasaste del amor a la camiseta a la gestión de un club, ¿esta actividad tiene algún punto de contacto con la producción de cine?". Lecchi asume que se trata de dos actividades "absolutamente pasionales", que como tales conllevan "cierto grado de locura", y lo explica en estos términos: "En cine peleás dos, tres, cinco años para que salga un proyecto. Después sale y tenés que convencer a un equipo de técnicos y actores de que crean en ese proyecto y trabajen lo mejor posible. Luego estrenás y en una semana se murió. Y entonces te proponés hacer otra película. No decís que no hacés más cine. Hay una cosa de pasión y entrega, como pasa con el cuadro de fútbol que amás y al que querés que le vaya bien. En cine es lo mismo. Querés contar historias. Y no te importa cuánto te puedan criticar o no. Lo hacés. Por ahí pasa un tiempo, no tenés laburo y no la pasás bien económicamente, pero seguís. Entonces hay mucho en común. Y en ambos además son grupos grandes, hay que tener la sensibilidad como para decir sí o no, saber delegar y bajar línea para que todo el equipo sepa por dónde vas".

-Podría decirse que aprendiste a jugar el partido en el cine y en un club. ¿Cómo es en el teatro, donde actualmente dirigís, en el Payró, La hora de la calabaza?
-No me considero un director de teatro, aunque ésta es la tercera obra que dirijo. Lo considero un juego, una experiencia más. A mí me gusta crear un ámbito para ver cómo un actor puede manejarse en él con soltura y lo más creíblemente posible. Nunca haría un clásico ni se me ocurriría. Pero me gusta estar con los actores. Me sirve también como experiencia para el cine, que es lo que más me gusta. Y me enriquece.
-¿Qué te sedujo de La hora de la calabaza?
-Me gustó mucho el libro. Si bien es una historia con la que creo que las mujeres van a sentirse identificadas, yo también me sentí identificado por todas las cosas que habla de los hombres. La protagonista es una escritora, y escribe lo que viven dos personajes, una con su amante y otra con su marido. Y en ese tácito personaje masculino que está en la obra me siento identificado. Muchas veces hice cosas como las que dice esta mujer que hacen los hombres. Eso me divierte. Y supongo que a las mujeres les divertirá mucho más. Además, me pareció un desafío como director tener a dos personajes, uno que se ve y otro que no, en escena, para que Romina Ricci se sintiera y dijera las cosas cómoda, y que además fuese lindo lo que sucede sobre el escenario. Son varias apuestas, con las que uno se pone a prueba. Por suerte aún sigo aprendiendo. Y el teatro me enseña más cosas, que sé que después son útiles a la hora de trabajar en una película con un actor y en un decorado.
-¿Qué te decidió a dar el salto al teatro?
-Me llevo muy bien con los actores. Y en casi todas mis películas ellos han ganado premios de actuación. La propuesta fue del productor Luis Cella, que me dijo: "Manejás muy bien a los actores, quiero que dirijas una obra de teatro". La leí, me interesó y decidí probar qué pasaba. Era Illia (Historia de un hombre honesto). Luego Eduardo Rovner, que era el autor de esa obra, me convocó para hacer El hombre lobo, y ahora Esther Feldman me propuso dirigir La hora de la calabaza.
-Además hiciste una película, Te esperaré, aún inédita.
-Sí, es una coproducción con España, en la que actúan Darío Grandinetti, Inés Estévez, Jorge Marrale, Hugo Arana, Ana Celentano, Juan Grandinetti y los españoles Juan Echanove y Blanca Jara, y se estrena en octubre. Es una obra que escribí con Daniel García Molt. Es una historia de vínculos, entre un escritor español, que ha escrito la saga de un compatriota suyo que terminó viviendo en la Argentina y que es contratado para escribir el tercer tomo de esa saga, por lo cual viaja a nuestro país. Aquí descubre a la familia de ese personaje, que es Darío Grandinetti, su mujer (Inés Estévez) y el hijo (Juan Grandinetti). Y aquí se empieza a construir un vínculo que es definitivo en la historia. Es emotiva y habla de la relación entre padres e hijos.
-Tu trayectoria como director incluye la televisión, con sucesos como Epitafios, Mujeres asesinas, Maltratadas y En terapia. Hoy las series ganan cada vez más terreno a escala global. ¿Cómo te llevás con estas nuevas formas de consumo y de producción audiovisual?
-Hay aspectos en los formatos que mejoraron mucho lo que se produce. Podés hacer televisión casi de la misma manera en que hacés una película, lo cual es genial. Pero por otro lado me enoja tanta publicidad de los comunicadores para las series que pasan en Netflix o donde sea, y que casi no hablen del cine ni de ver películas en una sala. Es mucho más cómodo ver una serie en tu casa que ir al cine. Pero esto lo que genera es precisamente que la gente se quede más en la casa y vea menos películas. Tengo 63 años, no es que me resista a las nuevas formas, pero sigo disfrutando cuando un sábado a la noche voy a ese cine donde todavía siguen dando una película francesa, italiana o de nuestra cinematografía. Yo trato de ir una vez por semana al cine y al teatro. Y sé que eso no tiene precio. Hay algo en el cine y en esto de construir una historia tan artesanal que valoro muchísimo y que esas series globales no lo tienen.
El cine, su primer amor
Más de cincuenta películas como asistente de dirección a partir de 1977, trabajando junto a cineastas como Adolfo Aristarain, María Luisa Bemberg, Héctor Olivera, Fernando Ayala y Carlos Saura, entre otros, preceden la trayectoria de Alberto Lecchi como director y guionista, conformada por los siguientes títulos: Perdido por perdido (1993), El dedo en la llaga (1996), Secretos compartidos (1998), Operación Fangio (1999), Apariencias (2000), Nueces para el amor (2000), Déjala correr (2001), El juego de Arcibel (2003), 18-J (2004, codirector), Una estrella y dos cafés (2006), El frasco (2008), Sola contigo (2013) y Te esperaré (2017), cuyo lanzamiento se anuncia para octubre.


