Amazon: Mike Leigh ofrece un riguroso retrato de la masacre de Peterloo

Una plaza convertida en campo de batalla entre la hambruna del pueblo y la indiferencia del poder
Una plaza convertida en campo de batalla entre la hambruna del pueblo y la indiferencia del poder
Paula Vázquez Prieto
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27 de enero de 2020  • 12:08

Peterloo (Gran Bretaña, 2018). Guion y dirección: Mike Leigh. Fotografía: Dick Pope. Montaje: Jon Gregory. Elenco: Rory Kinnear, Maxine Peake, David Moorst, Karl Johnson, Neil Bell, Philip Jackson, Alastair Mackenzie. Duración: 154 minutos. Disponible en: Amazon Prime Video. Nuestra opinión: muy buena.

Mike Leigh construye el más exacto de los puentes entre las cenizas humeantes del triunfo de la Restauración en Waterloo yla masacre de la plaza St. Peter's Field en Manchester, en un territorio signado por distancias que convergen en una sola, escenario de la injusticia, la arrogancia y el rostro más absurdo de los males. El rigor y la efectividad del retrato que propone Leigh no podía haber sido más desolador: sostenido en ese brutal contraste entre una aristocracia encerrada en sus privilegios y un pueblo marcado por la hambruna y la indiferencia del poder, el encuentro en esa plaza convertida en campo de batalla no podría haber sido más desigual.

Mike Leigh hace años que se ha alzado como el discreto cineasta de las causas justas en el panorama inglés, sin la consciente hoja de demandas que agita su colega Ken Loach, más afecto a la franca emotividad que inspiran sus personajes desplazados y a la complejidad con la que suele establecer los vínculos personales y sociales en sus ficciones. En Peterloo, película que este mes estrena en streaming Amazon Prime Video, el interés consiste en mirar de frente aquel episodio de cobardía e ignominia que persiste en el pasado inglés, revelando sus aristas conocidas bajo una luz directa y severa, que solo su estilo puede conseguir.

Cuando Joseph regresa a casa, marcado por las heridas de Waterloo, encuentra en su familia el hambre y el desasosiego. El triunfo del duque de Wellington y el orgulloso reinado de locura del rey Jorge, comandado bajo la tiranía grotesca de su heredero, no tienen espejo alguno en el pueblo. Lentamente Leigh abre su mirada a la agitación que atraviesa a Inglaterra, y que encuentra en Manchester la justa causa del sufragio universal. En 1819 varias regiones del país no tenían representación en la Cámara de los Comunes y las voces del reformismo se hacían escuchar en los diarios, los bares y las calles. Distintos grupos se reúnen, agitan fervores en mitines, convocan a una marcha conjunta en el corazón de la ciudad industrial que, sin saberlo, albergará la matanza.

El cuidado de Leigh para con sus personajes es evidente en la presencia de sus peores miserias: la soberbia del orador Henry Hunt (siempre impecable Rory Kinnear), la ridícula verba del reverendo Ethelson, la aristocrática superación del general John Byng. Cada uno de ellos sintetiza los contraluces de una clase sin perder carnadura ni humanidad. Y Leigh delinea cada una de sus escenas con esa extraña poética que define su cine, aireando el espíritu de cuadros campestres y acciones brutales, haciendo de la vergonzosa redada del final, la mirada obligada que toda conciencia debe atesorar para siempre.

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