
Amelie se va a la guerra
Tras el éxito de 2001, Jean Pierre Jeunet y Audrey Tautou se reencuentran en "Amor eterno", un romance entre las trincheras
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Calificar a "Amor eterno" como una suerte de "Amelie en las trincheras" no resultó el fruto de la caprichosa imaginación del periodista británico Matthew Campbell, de The Sunday Times. Quienes conocen al dedillo a Jean Pierre Jeunet dentro de los sets de filmación y fuera de ellos saben que su nuevo proyecto -el más ambicioso hasta aquí del realizador nacido en la región del Loire cinco décadas atrás- es el fruto de una larga obsesión personal con la Primera Guerra Mundial.
Fiel a su costumbre de llevar a la pantalla relatos cuyos protagonistas afrontan alguna pérdida familiar muy cercana, Jeunet volvió a convocar a Audrey Tautou -a quien dirigió, cuatro años atrás, en "Amelie", uno de los últimos grandes éxitos del cine francés fuera de sus propias fronteras- para encarnar a un personaje bastante alejado de la vida "extraordinaria" de aquél.
En "Amor eterno", Tautou es la reconcentrada Mathilde, joven novia de un soldado con paradero desconocido desde que fue obligado a participar como soldado del ejército francés de ese infierno de barro y hollín bajo tierra en forma de trinchera que se impuso, con el tiempo, como la imagen más recurrente de la Gran Guerra que estalló en Europa entre 1914 y 1918.
Así, Jeunet parece haberse dispuesto aquí a equilibrar las cosas entre un costado decididamente romántico, que muestra a Mathilde (Tautou) jamás resignada a la pérdida de su amado y resuelta a reencontrarse con él moviendo cielo y tierra, y otro mucho más duro y realista, con secuencias bélicas rodadas en un tono tanto o más descarnado que el que eligieron Steven Spielberg ("Rescatando al soldado Ryan") y John Woo ("Códigos de guerra"). Pero el propio director dijo que su influencia más directa fue "La patrulla infernal", de Stanley Kubrick, uno de los pocos relatos clásicos de la historia del cine sobre la Gran Guerra.
Jeunet, tan atrapado por los escenarios de la Primera Guerra Mundial al punto de haberse convencido -según relata Campbell- de que él mismo había sido ultimado en ese conflicto y logró reencarnarse, dijo que desde el primer día de rodaje tuvo un inequívoco sentimiento de familiaridad con los hechos que se disponía a narrar a través de la pantalla grande.
Gracias al éxito internacional de "Amelie", que potenció el estilo de Jeunet y a la vez abrió como nunca el debate por las posiciones divididas con las que se recibió esa película -riquísima en imágenes, para algunos; rebuscada y artificiosa, para otros-, el director pudo contar con un envidiable presupuesto para acometer el desafío de hacer "Amor eterno".
Gracias al apoyo incondicional que recibió directamente de Estados Unidos por parte del poderoso estudio Warner -cuya filial local distribuirá entre nosotros el film a partir de mañana-, parecía que a Jeunet se le abría un panorama diáfano con relación a ese ambicioso proyecto. Pero los problemas acababan de comenzar en ese mismo momento.
Con los 55 millones de dólares que tuvo a disposición -una cifra envidiable para cualquier producción europea- Jeunet pudo rodar las secuencias bélicas tal como se lo había propuesto, logró construir en pleno París una gigantesca réplica del antiguo mercado callejero de Les Halles y se valió de una parte del Museo de Orsay para ambientar allí una vieja estación ferroviaria. Pero casi al mismo tiempo debió afrontar las duras protestas de grupos ecologistas que invocaban perturbaciones al medio ambiente en las zonas rurales elegidas para recrear los fangosos campos de batalla de la Gran Guerra. Jeunet, según dice The Sunday Times, debió pagar más de 100.000 dólares para replantar las zarzamoras que habían sido taladas por necesidades de rodaje.
No menos complicado fue el flanco legal que se abrió inesperadamente para el director a partir del apoyo financiero de Warner, que determinó -según el dictamen de una corte francesa- que la producción tenía carácter internacional y que por lo tanto no podía representar a aquel país en festivales o competencias internacionales.
"Es absurdo -reaccionó Jeunet-. La película les dio trabajo a 50 actores, a 600 técnicos y a 1500 extras, todos franceses. Todo el país nos apoyó con excepción de las tres o cuatro grandes productoras francesas, como Pathé y Gaumont. Por culpa de sus intereses particulares o por dinero se niegan a que alguien desde afuera esté dispuesto a apoyar un rodaje 100 por ciento francés. Es una situación de monopolio que espero pueda resolverse algún día."
A la vez, otro factor de controversias abierto por el film tiene que ver con los hechos históricos a partir de los cuales Sebastién Japrisot escribió la novela que sirvió de base al film. Allí se narra la historia de 45 soldados que decidieron automutilarse para evitar la permanencia en el frente de batalla. De ellos, 25 fueron condenados a muerte por fusilamiento. "Pero la sentencia -relata Jeunet- no pudo llevarse a cabo por temor a un motín."
Para narrar este episodio, tabú por largos años en la sociedad francesa, Jeunet se apoyó en un elenco integrado por varias figuras de la pantalla gala (Jean Claude Dreyfus, Denis Lavant, André Dussollier, Ticky Holgado, Jean- Pierre Darroussin, Tcheky Karyo) y la bienvenida reaparición de Jodie Foster, que con un francés de perfecta dicción encarna a una emigrante polaca.
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