Amor y redención en el paisaje chino
Al otro lado del mundo ( The Painted Veil , EE.UU.-China/2006, color; hablada en inglés). Dirección: John Curran. Con Naomi Watts, Edward Norton, Liev Schreiber, Toby Jones, Diana Rigg. Guión: Ron Nyswaner, sobre la novela de W. Somerset Maugham. Fotografía: Stuart Dryburgh. Música: Alexandre Desplat. Edición: Alexandre de Franceschi. Presentada por Distribution Company. 123 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
Es la tercera vez que El velo pintado , la novela de Somerset Maugham, da origen a una película. La primera y más famosa, de 1934, estaba puesta al servicio de Greta Garbo; la segunda, de 1957 y comprensiblemente olvidada, tenía como protagonista a Eleanor Parker. Ahora le toca a Naomi Watts asumir el papel de la frívola, egoísta y presumida inglesita burguesa que experimenta una sustancial transformación cuando sucesivas decisiones equivocadas la ponen en contacto con la durísima realidad de una epidemia de cólera en la convulsionada China de los años veinte.
La inteligente adaptación ha procurado dar alguna relevancia al contexto sociopolítico en el que se desarrolla esta atípica historia de amor -una historia de aprendizaje, autoconocimiento y redención- y aunque sólo lo logra en parte, alcanza a sugerir algún parangón entre aquellas realidades exóticas que tanto entusiasmaban al escritor británico y ciertos hechos de la actualidad: por ejemplo, la actitud arrogante con que el extranjero, aun animado por las mejores intenciones, intenta imponer sus criterios a una cultura que desconoce y juzga inferior.
Claro que el eje del cuento sigue siendo Kitty, la muchacha que se casa sin amor (y sólo por escapar de la presión familiar) con un bacteriólogo distante y reservado que la lleva a vivir muy lejos de su circuito mundano, Shanghai. A ese primer error -la relación matrimonial es, naturalmente, un fracaso- suma otro más grave al enredarse con un diplomático mujeriego. Sólo el temor al escándalo la obliga a acompañar al marido al remoto paraje de las montañas chinas, donde el cólera hace estragos. En esa desgarradora convivencia con el dolor, la miseria y la muerte, pero también con la solidaridad y la compasión, irá aprendiendo mucho sobre sí misma y sobre el hombre que ha vivido a su lado como un desconocido.
La cuidada realización de John Curran sabe aprovechar los imponentes paisajes de China -bellamente fotografiados por Stuart Dryburgh- y la solvencia de un elenco en el que casi todo el peso recae sobre los protagonistas, aunque a Diana Rigg (la madre superiora del orfanato), Lieb Schreiber (el amante ocasional) y Toby Jones (reciente Capote en Infame y aquí el típico funcionario colonial desaliñado, gracioso, curtido y de buen corazón), les sobran unas pocas escenas para imponer su jerarquía y de paso sumar alguna vibración emotiva a un film que a ratos se percibe bastante cerebral.
La lenta y sutil transformación de su personaje exige a Naomi Watts un trabajo minucioso que ella aborda con visible compromiso y sensibilidad, si bien parece a veces excesivamente contenida. También Edward Norton acierta al pasar de la turbación y la timidez del principio al silencio acusador del marido agraviado.



