Ari Aster, un referente del cine de terror actual pasó por Buenos Aires
El director de El legado del diablo y Midsommar despertó fervor en un reportaje público realizado este jueves
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Pocas horas antes del comienzo del Mundial, un entusiasmo parecido al del fútbol pero volcado hacia otros protagonistas colmó en el mediodía del jueves el espléndido auditorio del complejo ArtHaus, un atípico espacio consagrado a la creatividad y el intercambio de experiencias en distintas disciplinas audiovisuales, escénicas y musicales. El lugar está emplazado en pleno microcentro, a pocos pasos de Plaza de Mayo, en el séptimo piso de la antigua (y más que centenaria) sede del Banco de Italia y Río de la Plata, reciclada por completo.
Ari Aster participó allí de la actividad más importante de su primera visita a Buenos Aires. El director de El legado del diablo (Hereditary), Midsommar, Beau tiene miedo y Eddington (recientemente agregada al catálogo de HBO Max) fue la principal atracción de la semana de proyecciones y debates organizada por Caligari (publicación digital especializada en cine de autor) y la American Cinematheque de Los Angeles.
Delante de la enorme pantalla que preside las funciones de cine contemporáneo programadas por ArtHaus, en la que sobresalía la leyenda “Pesadillas contemporáneas”, un locuaz y amabilísimo Aster, de gorra y zapatillas, conversó con su colega argentina Laura Casabé (La virgen de la tosquera) frente al público porteño más conocedor de su obra. La convocatoria fue enorme y llevó a que gran parte de la concurrencia siguiera todo el encuentro de pie al agotarse los asientos disponibles.
Confeso admirador de la obra de Jorge Luis Borges y de las películas de Lucrecia Martel y Lisandro Alonso, Aster contó en el comienzo de la charla que antes de convertirse en director estaba animado por otro propósito: “Cuando era chico pasaba todo el tiempo mirando películas y quería ser actor porque era lo primero que veía en la pantalla. Después empecé a tomar conciencia muy rápido de que detrás de esas cosas de las que yo quería ser parte había un arquitecto. Y ahí empezaron a aparecer Scorsese, los hermanos Coen, Hitchcock, Buñuel...”

Casabé, inmediatamente después, quiso saber cuál fue el punto de partida (¿una imagen, un diálogo, alguna historia de su vida?) de cada una de las películas de Aster. Cada caso fue diferente, respondió el realizador neoyorquino. En el caso de Midsommar todo empezó cuando vio a una mujer pidiendo en vano algún tipo de ayuda desde un celular. La situación aparece representada al comienzo de la película con un primer plano de Florence Pugh mientras habla por teléfono con su novio.
“En Hereditary, yo estaba pasando por una ruptura y quería hablar de eso y de mi familia en una película pero no sabía cómo hacerlo sin perderla en el camino. Para eso me sirvió mucho la cuestión del cine de género, me pude escurrir a través de los filtros de los géneros para tomar una distancia saludable y hablar de esas cuestiones dramáticas de una manera un poco más aliviada”, explicó.
Las películas de Aster, según sintetizó en un momento Casabé, se reconocen inmediatamente en el mundo del cine de autor a partir de su identificación con el terror, que se conecta de manera original y única con otros géneros como el melodrama y la comedia de tintes más bien oscuros.
“Mis películas son muy personales y creo que tengo la suerte de que me guste el género y que mi imaginación simplemente vaya naturalmente en esa dirección, porque es una herramienta muy útil para ser muy fiel a los sentimientos que estás teniendo. Todo arranca con alguna imagen que tengo en mi cabeza que quiero seguir, luego otras imágenes empiezan a agruparse a su alrededor y simplemente surge la historia", detalló.
La influencia de Borges en el cine de Aster, expresamente mencionada por Casabé, tiene su manifestación más visible en Beau tiene miedo, según propia confesión del realizador. “Digamos -agregó Aster- que allí había más referencias literarias que cinematográficas y además de Borges recurrí allí a Cervantes, Kafka, los griegos clásicos. Mis películas tienen más forma de novela que de cine y eso siempre es un problema, empezando por el tiempo. La primera versión de Midsommar duraba cuatro horas y media y casi lo mismo me pasó con Beau tiene miedo: cuatro horas”.
Aster definió como “apasionante” el actual momento que vive el cine de género a partir del éxito global de dos películas de terror muy recientes surgidas de espacios ajenos a los circuitos convencionales de producción y distribución como Backrooms, de Kane Parsons, y Obsesión, de Curry Barker.
“Estas dos películas dieron vuelta todo –sostuvo Aster-. Sus directores hicieron todo por su cuenta sin pasar, por ejemplo, por el circuito de festivales. Subían sus películas a Internet y encontraban allí a su propia audiencia. Ahora Hollywood está viendo cómo sacar provecho de esta situación. Yo tengo 39 años y en todo este contexto nuevo me siento como un dinosaurio”.
Cuando Casabé quiso saber algo más sobre las noticias de una posible precuela de El legado del diablo, Aster se tomó unos segundos para responder, entre incómodo y risueño. “Ya me estoy arrepintiendo de haber contado eso. La escribí hace un par de años y es muy oscura y también muy cara, así que la dejé de lado. Hay otras tres películas que quiero hacer antes de volver a ese guion. A mí me encanta, pero no es una película que sienta que todo el mundo vaya a querer. Es larga, es cara y es alienante. Estaría feliz si no la hago”, respondió entre las risas del público.
Aster cerró el encuentro hablando de lo complicado que es hacer cine de autor en este momento en Estados Unidos. “Además de ser director yo produzco películas y les aseguro que en este momento salir a buscar financiamiento para llevar adelante los proyectos en los que realmente creo no es algo divertido. Es muy difícil. Pero lo interesante es que esos proyectos que se mueven siempre en los márgenes al final también encuentran su camino y el contacto con la audiencia. Quizás algo de esto les recuerde a los ejecutivos que a veces está bueno animarse, ser más aventurero”, concluyó.
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