
Ben Stiller y el apocalipsis en forma de comedia
El próximo jueves llega Una guerra de película, despiadada y exitosa sátira que se ríe de Hollywood y ya provocó varias quejas
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"Estábamos en la jungla, éramos demasiadas personas, teníamos acceso a demasiado dinero, a demasiado equipo y, poco a poco, nos fuimos volviendo locos." Así describía Francis Ford Coppola su experiencia en Filipinas durante la filmación de Apocalipse Now , la película que para muchos es el mejor relato sobre la insensatez de la guerra jamás realizado.
Muchos años antes de desembarcar en Buenos Aires para filmar una película pequeña, intimista, barata, Coppola tuvo que lidiar con un rodaje en el que lo que sucedía fuera de cámara era casi tan caótico, violento y dramático como lo que se representaba frente a ella. El ego desatado de una estrella, Marlon Brando, que apareció en el set con sobrepeso y sin haber leído el guión; un protagonista, Martin Sheen, que sufrió un infarto en medio del rodaje y un tornado que obligó a parar todo por tres meses.
Con ese material se hizo un documental, Heart of Darkness: A Filmmaker s Journey y hasta sobraron cosas para hacer una comedia. Ben Stiller escribió, dirigió y protagonizó Una guerra de película , el film que UIP presenta este jueves en la Argentina. El actor y director escribió un guión, junto con Justin Theroux y Ethan Coen, en el que apunta directo al corazón de las tinieblas, pero no de la guerra, sino de un territorio para él tan hostil como gracioso: Hollywood.
En su primer proyecto directoral en siete años (la última vez había estado al frente de esa rara comedia sobre la industria de la moda, Zoolander ), Stiller tomó retazos de dramones, como Pelotón ; Rescatando al soldado Ryan ; El francotirador, y los mezcló con Las reglas del juego, de Robert Altman. El resultado es una película muy graciosa, grandilocuente y tan políticamente incorrecta que no debe quedar asociación de defensa al ciudadano en los Estados Unidos que no haya protestado en su contra. De hecho, 22 grupos que luchan por la dignidad de las personas con discapacidades intelectuales organizaron un boicot a la película al que se sumaron algunas voces de la comunidad afroamericana y la judía. Peculiar logro el de Stiller y sus socios, que se las arreglaron para ofender a tantos en apenas 107 minutos de película. Y, sin embargo, el grupo que es verdaderamente castigado en el film, los productores, agentes, actores, directores y miembros de la Academia que pululan por la industria del cine -sí, se meten con los dorados Oscar también-, decidió mirar para otro lado. Y no sólo eso. El estudio le asignó a esta sátira que lleva dos semanas en el primer puesto de la taquilla norteamericana un presupuesto de casi 90 millones de dólares, una cifra bastante más elevada de la que suelen recibir las comedias.
Su risa no molesta
Habrá que llegar a la conclusión entonces de que a Hollywood no le molesta que se rían de él y que en realidad ese conglomerado de empresas que se dedica a hacer películas tiene sentido del humor. O un gran olfato para hacer dinero además de altas dosis de cinismo. Mientras el público se burla de ellos, los productores se desternillan de risa camino al banco para depositar los casi 71 millones de dólares que recaudó sólo en los Estados Unidos en apenas dos semanas.
La historia que cuenta Una guerra de película comienza con un pantallazo por las vidas de cuatro actores, cuatro versiones del estereotipo del intérprete de Hollywood. Por un lado, está Tugg Speedman (Stiller), un héroe de películas de acción que va por la sexta entrega de Scorcher (Candente) y acaba de protagonizar Simple Jack , un film en el que encarnó a un discapacitado mental con el objetivo de ganar un Oscar. Su calculador intento, fracasado, funciona como el impulsor de todo el relato además de ser el tema de discusión de una de las escenas más graciosas y cuestionadas de la película. (Ver aparte). Speedman está tan desesperado por recuperar parte de su éxito que acepta feliz el desafío de protagonizar Tropic Thunder , la película de guerra que se filma dentro de Una guerra de película . Junto con él están Alpa Chino (Brandon T. Jackson), un rapero y empresario en busca de algo de experiencia actoral; Jeff Portnoy (Jack Black), un comediante famoso por sus films monotemáticamente escatológicos con un serio problema de drogadicción, y Kirk Lazarus, una composición de Robert Downey Jr., quien, según la crítica de The New York Times Manohla Dargis, a estas alturas de su carrera es incapaz de dar un paso en falso. Lazarus es un actor australiano de ojos celestísimos, rubio platinado que con cinco premios Oscar en su haber decide llevar la escuela de actuación conocida como "el Método" al último extremo: interpretar al sargento Lincoln Osiris, un hombre de honor que resulta ser negro. Para mantener la verdad de su personaje Lazarus se hace una operación para cambiar el pigmento de su piel. Una vez completado el proceso, comienza la filmación y todo lo que podría salir mal lo hace.
El malo es Tom Cruise
Un director inglés (Steve Coogan) incapaz de controlar a sus estrellas, un guionista (Nick Nolte) tan traumatizado por sus recuerdos de la guerra que está dispuesto a todo y un cartel de heroína a la vuelta de la esquina pondrán a los héroes de la pantalla en peligro por primera vez en su vida. Lejos de los teléfonos celulares, los agentes de prensa, los asesores de negocios y de tantas otras cosas más, los actores terminarán perdidos en la selva, creyendo que las cámaras siguen rodando cuando existe la seria posibilidad de que lo que ruede sean sus cabezas.
Exagerada, a veces cercana al humor de los hermanos Farrelly ( Loco por Mary ), la película no deja gremio cinematográfico en pie. Así, mientras los actores son mostrados como seres débiles, egocéntricos y bastante idiotas, el experto en efectos especiales es un piromaníaco y el director no logra realizar ni un plano sin que el productor amenace con matarlo de las maneras más dolorosas y humillantes posibles. De hecho, más allá de los narcotraficantes ocultos en la jungla vietnamita, el verdadero villano de Una guerra de película es Les Grossman, el mandamás del estudio responsable.
El hombre, que algunos encontraron muy parecido a Harvey Weinstein, tiene el carácter de un toro de lidia y el aspecto de un personaje de Fiebre de sábado por la noche , pelado y excedido de peso. Que lo interprete Tom Cruise le agrega un par de lecturas inesperadas al film. Después de todo, él, cuya carrera está en franco declive, aparece como el más inescrupuloso de los productores calculando las ganancias para cobrar el seguro por la posible muerte de uno de los actores para, finalmente, cerrar su participación con una escena tan graciosa como perturbadora que en sí misma justifica la realización de esta película, en la que Hollywood se vuelve a mirar el ombligo, se para nuevamente frente a su propia bestia y, una vez más, sobrevive para contarlo.
Sale Owen Wilson, entra Mc Conaughey
- Sin llegar a los extremos de Apocalipsis Now, entre el elenco de Una guerra de película también hubo problemas. En realidad, el conflicto fue de Owen Wilson, que debía interpretar al representante del personaje de Stiller, pero nunca llegó al rodaje porque coincidió con su depresión y posterior intento de suicidio. Su lugar lo tomó Matthew McConaughey.
Protesta y descargo
"Es un tema espinoso, pero sentimos que siempre y cuando el foco estuviera en esos actores que estaban haciendo algo demasiado arriesgado y loco para que los tomaran en serio, el humor saldría de allí. La broma es a los actores que interpretan a ciertos personajes para ganar premios." Así se defendió Ben Stiller de quienes lo acusaban de burlarse de las personas con discapacidades mentales. La escena que más irrita es una en la que Tugg (Stiller) y Kirk (Downey Jr.) discuten cuán "retardado" hay que actuar para ganarse un Oscar.
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