Brad Pitt, en busca del éxito perdido
Tras varios fracasos, el actor se trasladó a Londres para participar del nuevo film de Guy Ritchie.
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LONDRES (The Sunday Times).- A principios de este año, Brad Bitt se mudó de California a la capital británica durante un par de meses. Se levantaba al alba, enfilaba hasta un estudio de filmación del East End y calentaba la pava para prepararse una taza de té. Después se sometía a una sesión de maquillaje de tres horas que lo transformaba en un zaparrastroso gitano irlandés llamado Mickey, con diez tatuajes en el cuerpo, para luego ir a una casa rodante que, por sus dimensiones, se parecía más a una cucha.
Las estrellas de cine frecuentemente viven momentos desprovistos de todo encanto como ése, pero para eso acostumbran a cobrar millones y el propio Pitt puede pedir 20 millones de dólares por película. Sin embargo, para este papel trabajó por monedas.
La película, financiada por ejecutivos de Columbia Pictures sin leer el guión, tenía un presupuesto total de 6 millones de dólares. Y Brad Pitt, con mucho empeño, quiso actuar en ella y ser sencillamente uno más del elenco, mayormente conformado por entusiastas jóvenes ignotos.
La película que provocó ese extraño acto de abnegación es "Snatch", la nueva obra de compleja trama del guionista y director Guy Ritchie, que siguió al film "Juegos, trampas y dos armas humeantes". Trata del robo de un diamante y de los esfuerzos de diversas bandas de los bajos fondos para recuperarlo. Abundan los insultos y las amenazas, y es un festival de sangre, tiroteos, camorras, grescas, boxeadores mañosos, combates arreglados e ilegales peleas de perros.
Mickey, el personaje interpretado por Pitt, que se convierte en un factor clave y desencadenante de la trama, es un gitano boxeador manipulado por un sádico jefe mafioso, Brick Top, que quiere que su pupilo vaya a menos en una pelea decisiva. Hay partes cómicas, ya que Mickey parlotea con un irrisorio acento irlandés que aparentemente entienden sólo sus amigotes gitanos.
En marzo de 1999, Brad Pitt llamó por teléfono a Guy Ritchie al hotel de Los Angeles donde el director estaba promoviendo su primer largometraje y se ofreció para interpretar un papel en cualquier película futura. Puesto que la filmación de "Snatch", que hasta ese momento se iba a llamar "Diamonds" (Diamantes), estaba a punto de comenzar, Ritchie le tomó la palabra. El director le respondió: "Casualmente tengo un papel". Inmediatamente, Pitt aceptó. Pero el favor no fue de un solo lado. En cierto sentido, la inclusión de Pitt en "Snatch" fue una movida astuta.
Algo más que un gitano
El equipo que había filmado "Juegos, trampas y dos armas humeantes" conformado por Ritchie, de 31 años, y su productor de 29 años, Matthew Vaughn, estaba en boga en Hollywood desde que su película de un millón y medio de dólares superó en la taquilla norteamericana el año último a proyectos más costosos.
En todo el mundo recaudó unos 110 millones de dólares y promovió a la categoría de estrella a Vinnie Jones, lo que le valió un papel como protector de Nicolas Cage en la película de acción "60 segundos". Y elevó al grado de celebridad a Ritchie, de la mano de su novia, Madonna.
De manera que para Pitt, "Snatch" significa algo más que la oportunidad de interpretar a un gitano irlandés durante unos 10 minutos de la película. Brad necesita una película con la que pueda satisfacer a los espectadores. En el film "El club de la pelea" su actuación fue impresionante, aunque no tanto en la taquilla, pero ¿y qué hay de su rebuscado acento irlandés en "Enemigo íntimo"? Sus películas posteriores también fueron fiascos: la decepcionante "¿Conoces a Joe Black?" y "Siete años en el Tibet". Paralelamente a su casamiento con Jennifer Aniston, una de las estrellas de Friends, Brad quería algo más que regalos de boda. Aún es dudoso que Ritchie, esta vez con "Snatch", vuelva a reventar la taquilla.Pero el propio Pitt les cayó en gracia a todos.
"No tengo palabras para expresar el placer que ha sido trabajar con él. Se esforzó al máximo para asimilar un tosco acento rural irlandés. Y siempre se mostró bien dispuesto para filmar", señaló Ritchie.
Presumiblemente, Pitt sufrió una especie de conmoción cultural. Alquiló un departamento en Londres, siempre estuvo acompañado por su asistente personal y su propia maquilladora norteamericana y se mezclaba con el grupo de extras más recios que hubo conocido. Habían sido contratados en un gimnasio del East End llamado Peacocks y en una compañía especializada en proporcionar personal de seguridad a diversos clubes londinenses. Un gigantón pidió trabajo como guardia de seguridad en el estudio de filmación y terminó haciendo una parte muda debido a su aspecto tan agresivo.
Un "actor" callejero
Para Vinnie Jones, que parece un alfeñique al lado de algunos de esos tipos de nariz chata, fue una conmoción distinta. Con el papel de Bullet Tooth, Tony llegó al set de "Snatch" después de filmar en Los Angeles durante seis meses junto a una superestrella como Nicolas Cage. "Nunca esperé que alternara con el resto de nosotros -indicó Vinnie-. A Nic le importaban los 21 millones que cobró por filmar «60 segundos», pero pienso que a Brad le interesaba todo. El tenía su propio grupo y mantenía una actitud reservada, pero Brad prefería ser uno más y que no hubiera tanto revuelo a su alrededor. Fuimos a divertirnos un par de veces y siempre fue franco y directo."
Una conclusión similar se le oyó decir a Jason Statham, el aficionado que obtuvo un papel en "Juegos, trampas y dos armas humeantes" después de decirle a Ritchie que había hecho "teatro callejero durante diez años" (en realidad, valija en mano, vendía piedras preciosas en la calle Oxford), y ahora interpreta a Turkish, un aspirante a promotor de boxeo.
Jason expresó que una tarde fue junto con Pitt a correr en karting. "Manejábamos como locos -recordó- y tratábamos de darnos topetazos. Fue muy cómico. Después fuimos a divertirnos a un bar del Soho -los actores y los técnicos- y todo lo pagó Brad. No sabía qué se podía esperar de él porque uno ha oído historias acerca de que las estrellas de Hollywood no se dejan ver hasta que las llaman para filmar. Pero Brad llegaba al set todas las mañanas, a todos les daba la mano e invitaba con té que el mismo había preparado".
A los agentes publicitarios de "Snatch" les interesa sobremanera acentuar el hecho de que esa no es una película de Brad Pitt sino que el actor norteamericano es tan sólo uno más en un elenco de 41.Además, Brad no es el único norteamericano, ya que Dennis Farina interpreta a Avi, un individuo ladino de Nueva York que comercia con diamantes, mientras que Benicio Del Toro es un tahur empedernido apodado Frankie Cuatro Dedos.
Pero es a Brad Pitt a quien muchos espectadores tendrán interés de ver, en el papel -similar al de su personaje en "El club de la pelea"- de boxeador de torso desnudo y a mano limpia, y con su "pinta" tiznada y oculta debajo de la base del maquillaje.
La experta maquilladora Fae Hammond y Phil Clarke, un especialista en tatuajes, lo embadurnaron de pintura para ir a la guerra. Entre los tatuajes de Pitt figuran la Ultima Cena, una imagen de la Virgen María, un ramo de rosas, una víbora que asoma de los pantalones y, por pedido propio, un perro y un hombre en plena carrera.
Los tatuajes debieron retocarse en varias oportunidades porque la tintura duraba unos tres días, en los cuales Brad no podía siquiera ducharse. Además, hubo otras "humillaciones" para el actor. Su pelo rubio fue teñido de castaño y después tijereteado torpemente para darle un aspecto desprolijo y pobretón. En la nariz le colocaron un falso puente para que su cara pareciera deforme y diera una impresión de tosquedad y rudeza.
Un dúo con enemigos
El británico Guy Ritchie, director de "Snatch" y actual pareja de la cantante Madonna, no es el más amado de los hombres que se dedican al cine. Su aire canchero y el afectado acento de las orillas londinenses que adoptó esconden un origen opulento y privilegiado. Su padre, John, habita actualmente una casona de un millón y medio de dólares en Chelsea. Su madre, Amber, que se divorció de su esposo y es conocida ahora como lady Leighton, contrajo matrimonio con el undécimo heredero de una familia aristocrática que se remonta a unos 300 años.
Guy pasó gran parte de sus primeros años en una lujosa casa de campo antes de ser enviado a la escuela Standbridge Earls, cuyo arancel alcanza los 25.000 dólares anuales. El productor, Matthew Vaughn, cursó estudios en Stowe, donde el arancel anual ronda los 27.000 dólares.
Por medio de un amigo en común que posee en el Soho un bar especializado en ostras y champagne, ambos se conocieron hace cinco años. Hoy parecen ser conscientes de que mucha gente los considera apenas algo más que "niños bien" con muchos contactos y buena suerte. Vaughn, cuyo único proyecto cinematográfico anterior a "Juegos, trampas y dos armas humeantes" fue "The Innocent Sheep", que fue un fracaso en 1996, espera un contragolpe. "Hay muchas compañías cinematográficas que desean nuestro fracaso y están afilando los cuchillos a la espera de que nuestra película llegue y pase", advirtió. No le falta razón.
La combinación Ritchie-Vaughn parece irritar a la gente. Aparentemente, tienen muy pocos amigos dentro de la industria cinematográfica británica. Incluso los responsables del área de promoción publicitaria de la ya desaparecida compañía Polygram, que en su momento respaldó aquella primera película, tienen algunos recuerdos amargos. Uno de ellos señaló: "Había una fijación con el ego". Vaughn reconoce: "Enfurecimos a mucha gente".
En el nuevo film, Brad Pitt gana por puntos. Pero, ¿y el resto? Prepárense, porque, de pronto, como suele decir un conocido relator de boxeo, puede madurar el knock out.


