
Carlos Morelli, por la vuelta
Junto al Instituto de Cine y el 7, planea un ciclo de películas
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El hecho de que Carlos Morelli (sí, el del dúo con Rómulo Berruti, que se tomaba una copita los sábados a la noche en "Función privada") no esté en pantalla no quiere decir que se haya divorciado del cine.
Por el contrario, Morelli estuvo al frente de "Europa Cinema Center", el festival de cine español, italiano y francés que en sólo siete días (incluido el parcial domingo de elecciones) convocó hace sólo un par de semanas a diez mil espectadores en el Village Recoleta. El resultado positivo del festival no hace más que confirmar un presentimiento: que el cine de autor vuelve a ser negocio.
Desde hace un tiempo, Morelli y José Miguel Onaindia, titular del Instituto de Cine, piensan en "El cine que nos mira", un programa para Canal 7 que emitirá el cine argentino estrenado en salas que nunca llegó a la TV (caso "Silvia Prieto", de Martín Rejtman). El canal sumaría un programa de jerarquía y el ente beneficiaría a la industria, ya que los realizadores locales accederán al gran público (sólo un punto de rating representa unas cien mil personas). De modo que son varias las voluntades que intervienen para concretar esta idea (incluido el Instituto de Cine español, que aportaría cine peninsular).
Por ahora, en tanto siguen los esfuerzos, el barcito del Cosmos resulta un lugar inmejorable para entrevistar a Carlos Morelli.
-¿Cómo fue que "Función privada" se convirtió en éxito?
-En el 83, en ATC, con Rómulo hacíamos una "Función privada", pero sin película. Después de mucho insistir nos dieron la trasnoche del viernes y nos dijeron: "Hagan lo que quieran", pero nos daban la peor película, como si pensaran: "¿La quemamos? No. Se la damos a los de "Función privada"". La pasábamos con la cara que podíamos y después hacíamos nuestro juego, hasta que nos dimos cuenta de que el juego funcionaba y empezamos a hacer al revés. Con Alfonsín aparecieron María Herminia Avellaneda y Miguel Angel Merellano, que nos propusieron ir los sábados a la noche con dos condiciones: en plena euforia del color, cine blanco y negro, y en plena furia de la importación, cine argentino. Y el debut fue así: sábado, diez de la noche, contra todo el color y el cine extranjero, "Hijo de hombre", blanco y negro, de Lucas Demare, y yo solo, porque Rómulo estaba enfermo. Hicimos dos puntos de rating. Después vino la idea de hacer cine como en el cine, que se apagaran las luces, se viera el trailer de la semana siguiente y demás, y nos dijeron: "Si la película empieza diez y cuarto nadie la va a ver porque a esa hora ya empezaron la del 11 y la del 9". Lo hicimos igual. Todo. Y nos volvimos los dueños del rating.
-¡Qué fama tenían con el whisky!
-La gente llamaba al canal para decir: "Morelli empezó a torcer la voz y Berruti se puso rojo". Y la verdad es que éramos como las coperas: tomábamos té porque grabábamos a eso de las ocho de la mañana. La única vez que hubo alcohol fue un día en que Rómulo estaba muy engripado y tomó un trago de un vodka maravilloso que lo sanó en cinco minutos. En serio era la comida: Pepe Soriano se comió una paella a las nueve de la mañana y Ulises Dumont, ravioles a las ocho y cuarto. La gente no podía creer que era grabado porque había un clima como de sábado a la noche. Era como decirle al espectador: "Yo me pongo de su lado. Usted a esta hora, un sábado a la noche, tiene una copita de más, está en pijama...". Nosotros estábamos de traje, pero mentalmente en pijamas. Así se abrió un milagro de comunicación y todavía en la calle me preguntan: "Rómulo (los nombres, siempre confundidos), ¿y la copita?"
-Así que hicieron todo lo que se decía que no funcionaba.
-Exactamente. Dábamos el cine que nadie quería dar. Incorporamos cine español, y con "El crimen de Cuenca" hicimos 30 puntos. También tuvimos épocas de indigencia y buscábamos en la filmoteca. Un día encontré "La última cacería", con Stewart Granger, de los 50, un film convencional de cacería africana que había tenido mucho predicamento, y cuando ya estaba programado y anunciado descubrimos que era una copia blanco y negro. ¡Una copia blanco y negro! ¡Y la película siempre había sido en colores! Entonces salí y dije: "Hoy, por primera vez en blanco y negro...".
-¿Hay televidentes para este tipo de cine?
-Hay muchísimo cine de festivales internacionales que nunca llega. Con esas películas se puede armar un ciclo de dos años con el presupuesto con que otro arma un mes, porque es mejor una torta pequeña para pocos que una enorme para muchos. "Función privada" tuvo minorías que sumaron muchísimo. Además, todo cambia. ¿Cuándo ibas a imaginar que el Village Recoleta iba a poner tres salas para cine europeo? Antes tenía que ser el Lorca, el Loire o el Cosmos. Si el Village o Showcase o Hoyts , que decían: "Cinemascope, sonido stereofónico, Nicole Kidman y nada más", ahora dan una iraní o una mexicana, si los grandes pools, que no se juegan por filantropía sino porque saben que hay un negocio, en plena temporada abren salas para este tipo de cine, ¿cómo no va a funcionar en la TV?
-¿Y los anunciantes?
-Todo es cuestión de hacer un camino. La TV no cree más en el cine presentado cuando, en realidad, si das elementos de goce se potencia el interés del espectador. Vender también es una tarea que hay que saber hacer. El anunciante siempre va a reaccionar igual. Cuando le decís: "Tengo el Goya, el premio del Festival de Montreal, la Espiga de Oro de Valladolid", te pregunta: "¿En ninguna trabaja Brad Pitt? ¿Y aunque sea Leonardo Di Caprio cuando era más joven?".





