
Carrey, ahora el peor de los malvados
"Lemony Snicket, una serie de eventos desafortunados" ("Lemony Snicket, A Series of Unfortunate Events", EE.UU./2005, color; versión doblada al español). Dirección: Brad Silberling. Con Jim Carrey, Jude Law, Emily Browning, Liam Aiken, Meryl Streep, Kara Hoffman, Shelby Hoffman, Bill Connolly, Timothy Spall, Luis Guzmán, Dustin Hoffman. Guión: Robert Gordon, basado sobre los libros "The Bad Beginning", "The Reptile Room’" y "The Wide Window", de Daniel Handler. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Música: Thomas Newman. Edición: Dylan Tichenor. Presentada por UIP. 106 minutos. Apta para todo público.
Chicos herederos de una fortuna pero huérfanos, perseguidos por la adversidad, amenazados por malvados de todas las especies (incluida la propia parentela) e ignorados por los adultos de buen corazón, que acostumbran desconfiar de la fantasía infantil. Chicos dueños de múltiples habilidades, gracias a las cuales son capaces de sobreponerse a todas las desgracias y escapar del enemigo, sea éste un fenómeno natural, un tío sin escrúpulos o un ejército de sanguijuelas. Chicos, en fin, cuyas peligrosas aventuras pueden ser vividas en carne propia por los otros chicos, los de la platea, que suelen disfrutar de los sobresaltos, la excitación y el miedo que les proporcionan estos relatos fantásticos.
Desfile de luminarias
A ellos va dirigido este film, en el que sus productores deben de haber depositado grandes esperanzas, a juzgar por lo que han invertido en la producción y por la presencia de figuras tan cotizadas como Jim Carrey, Meryl Streep, Jude Law, Timothy Spall o Dustin Hoffman. Esperanzas excesivas, por cierto. No tanto por el aporte de los intérpretes (que apenas si puede apreciarse por la mitad, ya que la versión que aquí se exhibe les ha impuesto voces ajenas y ha cometido la descortesía de suprimir por completo a Jude Law, cuya función era la de relator), sino por la endeblez de las historias, por la estructura reiterativa del guión y por su penoso déficit de gracia, que siempre es necesaria en un cuento infantil, aun para agitar las fantasías más tenebrosas.
Esta "serie de eventos desafortunados" procede de tres best sellers de Daniel Handler. Lemony Snicket es su seudónimo o por lo menos el nombre de quien relata las historias, un personaje del que sólo vemos su silueta. Todo se inicia cuando la noticia de la trágica muerte de sus padres sorprende a los tres hermanitos Baudelaire: una inventora de ilimitado ingenio, un experto en todo gracias a su cultura libresca y una beba que no habla (aunque emite ruidos que equivalen a frases bastante rústicas), pero muerde lo que encuentra al paso.
Huérfanos y en la calle, hay que buscarles un tutor. El que les asignan, un tal Olaf, es un actor fracasado, ebrio de codicia y capaz de las peores crueldades. Los chicos suelen sentir cierta fascinación por los villanos más siniestros: este que compone Jim Carrey con tanta exuberancia como para volverse molesto tiene, por su oficio, la posibilidad de transfigurarse y reaparecer convertido en otro personaje cada vez que los chicos logran deshacerse de él y buscar refugio al lado de otros tutores igualmente extravagantes pero benignos. Todo el film no es sino el encadenamiento de aventuras similares: sometidos por Olaf a los peores tormentos, los chicos confían en sus fuerzas y sortean el peligro en el último minuto. De modo pasajero, claro, porque ahí esta Jim Carrey listo para cambiar de disfraz y entrar otra vez en escena.
El envoltorio vistoso y los abundantes efectos no alcanzan a disimular la monotonía de las historias: al film le falta encanto. Por otro lado, el mensaje voluntarista que propone –muy apropiado para estos tiempos de autoayuda– es que "siempre se puede", y lo hace tan explícitamente como le gusta a Hollywood.
Todavía más preocupante es la noción que el film transmite acerca de la justicia. Cuando el villano es sometido a proceso, el juez lo condena a padecer los mismos sufrimientos que él causó a los demás: en otras palabras, ojo por ojo...





