Cines que cierran o se reciclan
Hace un cuarto de siglo había 1900 salas; ahora, hay sólo un millar en todo el país
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Por momentos parece que abren cines. De hecho, hubo algunos ejemplos durante 2005 (como el Cinemark Caballito). Sin embargo, las novedades al respecto siguen siendo pocas. La cuenta es simple: hace un cuarto de siglo funcionaban en el país más de 1900 salas, la mayoría grandes o muy grandes (es decir, superiores a las 500 butacas), mientras que en la actualidad solamente hay un millar, y la mayoría de tamaño reducido (con un promedio de 400 butacas).
En cuanto a cierres, en el centro porteño tanto la calle Lavalle como sus alrededores siguen dando noticias poco alentadoras. La peor en esta dirección es la del adiós al Ocean (que actualmente opera en común con el Monumental), en la peatonal que supo ser "la calle de los cines". Dentro de algunas semanas (con fecha aún no confirmada), su fachada clonada de la del Gran Rex ya no lucirá más afiches de películas, para dar paso, con suerte (como ocurrió hace más de una década, casi llegando a Florida, con el Luxor) a una galería comercial.
El peor de los destinos ya se conoce: terminar como el Ambassador, que en esa misma cuadra alberga a un descendente (conserva el plano inclinado original hacia el fondo de la vieja platea) que da albergue a una sucesión de quioscos tipo feria. Allí, donde ahora se venden chucherías, el 20 de noviembre de 1942 se estrenó "La guerra gaucha".
No es la única novedad: el Monumental, que ahora se está reciclado a toda velocidad, cambió de propietarios para convertirse en un complejo de siete salas. Parte del edificio de estilo híbrido a la porteña, pero sobrio, con finos detalles art déco, al comenzar la temporada de estrenos fuertes se convertirá en siete salitas, ubicadas entre planta baja (actualmente en obra), subsuelo y primer nivel. En este último, el veterano exhibidor Norberto Feldman (flamante propietario de la sala), sueña con un "paseo temático", que recupere la historia de la calle Lavalle -con carteles, fotos, dibujos y planos-, algo parecido a lo que fue la balconada superior del Roosevelt Hotel, en Hollywood, cuyo acervo acaba de ser trasladado a lo que fue un efímero complejo de cines, en la vereda opuesta del Hollywood Boulevard. Al parecer, Feldman estaría muy preocupado porque la tarea de dar con ese material necesario para recordar lo que fue Lavalle en tiempos de esplendor podría darles más de un dolor de cabeza.
Por su distinción y su enorme foyer, el Monumental fue, en sus mejores momentos, una sala dedicada principalmente al estreno de cine argentino. En su enorme pantalla (que, según adelantan, sobrevivirá al reciclaje) se proyectaron centenares de clásicos desde "La maja de los cantares", "El alma del bandoneón", "Cita en la frontera" y "La ley que olvidaron", las tres con Libertad Lamarque, hasta policiales en blanco y negro, como "Fuera de la ley", o a todo color, como "La parte del león", entre muchos otros.
Los más optimistas dicen que los tiempos cambian, que nada se pierde y todo se transforma.
Al mismo tiempo que Lavalle, de Florida a la 9 de Julio, se convertía definitivamente en una zona difícil de transitar apenas cae el sol, el Metro de la calle Cerrito dejó de ser cine, esta vez para siempre. La sala principal, manejada por una sociedad en la que participa la mexicana CIE, será destinada a recitales, y si bien no se sabe qué utilidad se les dará las que se construyeron en las bandejas superiores, el resto del edificio sería reciclado como hotel de varias estrellas.
En la calle Lavalle sobreviven en la actualidad el complejo Atlas (el edificio original de 1966 es obra del arquitecto Alberto Prebisch), que incorporó al lindero Normandie para totalizar seis salas, y el continuado Electric, con tres salas (próximamente, cuatro), además del subterráneo Multicine para películas condicionadas. Dos salitas de lo que fue el superpullman del Trocadero están ahora en venta. Circuló que hubo interesados en instalar allí cines de arte, pero desistieron, al comprobar que la zona no es para nada acogedora para el público que sigue ese tipo de obras. Es probable que el único destino para ella sea el de salas para exhibición de películas con sexo explícito, rubro que en el microcentro porteño todavía da muestras de ser redituable.
En el último cuarto de siglo, Lavalle y sus alrededores perdieron al menos una docena de sus grandes salas. A los ya mencionados Luxor, Ambassador y ahora el Ocean, se suman el París, que más tarde se subdividió como Cineplex Lavalle (ahora un restaurante), el Arizona (una zapatería), el Sarmiento y el Hindú-Alfa (un bingo que alguna vez intentó sumar el Gran Rex en un proyecto de casino porteño que no prosperó). En el último tramo de Lavalle, es decir, entre Suipacha y Carlos Pellegrini, los que fueron Iguazú, Select Lavalle, Renacimiento (este último, finalmente Beta y Concorde), se convirtieron sucesivamente en templo evangélico, disquería y farmacia, respectivamente. En las calles de cruce ocurrió lo mismo con el Biarritz, el Cinema Uno (ahora, agencia hípica), el Real (estacionamiento) y el Ideal (salitas para cine porno). Sobrevive el Suipacha, convertido en el Complejo Tita Merello, del Incaa. Sobre Corrientes, el Astor, finalmente teatro, está abandonado; el Opera y el Gran Rex cumplen con una excluyente programación de shows y conciertos; el Royal (que fue el Tabarís) y el Plaza son ahora templo evangélico y estacionamiento, respectivamente. Desaparecieron definitivamente los marginales Rotary, Rose Marie y Adán. En 2005, también sobre Corrientes, el Libertador, donde se estrenó "Crónica de un niño solo", cayó bajo la picota. Precisamente entre Cerrito y Callao, el Broadway, el Metropolitan y el Loire devinieron teatros, cerraron el Lorange, el Lorena (ex Lorraine), el Losuar y el Alfil. Los únicos que todavía superan el paso del tiempo son el Lorca y parte de lo que fue el Los Angeles.
Los que opinan que la caída en las recaudaciones del 2005 es nada más que ocasional apuestan al futuro. Avanza el proyecto Palermo Centro, de la empresa Arcos del Gourmet, de convertir 16 hectáreas de Palermo, a la altura de Santa Fe y Juan B. Justo, en un centro gastronómico y de espectáculos, con nueve salas de cine. En diciembre se liberó la inmensa playa ferroviaria, frente a las ex Bodegas Giol de quienes la habían usurpado, y continúan los trámites para que la sociedad argentino-española que proyecta el complejo multipantalla (con los productores Pablo Bossi y Gerardo Herrero), comience las obras.
Sigue en stand by un complejo -el Cinemark- que se construiría en un millonario centro comercial por levantarse en la costa de Vicente López, que desató polémica entre los actuales vecinos del lugar.
No obstante la quietud en Buenos Aires y en sus alrededores, dicen los que entienden del tema que en el interior -en plazas como Córdoba, Mendoza y Posadas, entre otras- existiría interés por abrir pequeñas salas, y también que la intención de crecimiento de las empresas de multipantallas sigue firme en agenda. Pero no para este año.

