
Claustrofobia y terror en el subte
"Creep" (Idem, Gran Bretaña-Alemania/2004). Dirección: Christopher Smith. Con Franka Potente, Vas Blackwood, Ken Campbell, Jeremy Sheffield, Paul Rattany, Kelly Scott, Sean Harris, Kathryn Gilfeather, Grant Ibbs, Joe Anderson, Sean De Vrind, Ian Duncan, Debora Weston. Guión: Christopher Smith. Fotografía: Danny Cohen. Música: The Insects. Edición: Kate Evans. Presentada por Alfa Films. Hablada en inglés. Duración: 86 minutos. Calificación: para mayores de 16 años, con reservas.
Nuestra opinión: buena
El debutante Christopher Smith desciende a las oscuridades del subterráneo londinense, pero el pesadillesco viaje que propone transcurre muy poco a bordo de los trenes y mucho más en pasillos, túneles, galerías, recovecos e inesperados escondrijos a cual más inquietante, sobre todo a medida que la acción avanza y a la angustia por el clima claustrofóbico se suman el suspenso, el horror y la truculencia. El film no marcará un hito en el género, sobre todo por el apreciable desnivel que hay entre la primera parte y la segunda, pero resulta muy efectivo, y sin duda proporcionará unas cuantas emociones fuertes a los aficionados al gore.
El primer acierto está en el ambiente donde se desarrolla prácticamente toda la historia, la extensa red de tenebrosas tuberías que corre por debajo de la ciudad y en la que queda atrapada la protagonista, una muchacha alemana a la que Franka Potente ("Corre, Lola, corre") presta toda su energía y convicción. Recién salida de una fiesta en la que ha bebido bastante y empeñada en asistir a otra donde espera conocer (y seducir) a George Clooney, Kate corre a la estación de Charing Cross, se adormece en un asiento del andén, pierde el último convoy y cuando intenta volver a la superficie encuentra clausuradas todas las salidas. Para colmo, todas sus tentativas por comunicarse con algún ser humano que la libere del encierro fracasan: está sola, o por lo menos eso parece. Ella no sabe -el espectador sí, gracias a un oportuno prólogo- que en ese secreto ámbito donde se superponen los túneles del subte y la red cloacal de la ciudad, han estado ocurriendo muertes inexplicables.
Del suspenso al horror
El suspenso crece mientras algunos sobresaltos vienen a informar que la estación y sus adyacencias no están tan desiertas como parece. La misteriosa amenaza de la que habló el prólogo también empezará a dejar (sangrientas) señales de su presencia. El film entra en el terreno del horror y pronto (entre otros extraños personajes, algunos más confiables y amistosos que otros) asomará el indispensable malvado, una suerte de monstruo cuyas características no conviene detallar, salvo que parece seleccionar algunas de sus víctimas para practicar con ellas cierta modalidad bien sádica de la obstetricia.
Suele suceder, y no sólo en este tipo de relatos, que la intuición del mal resulte mucho más inquietante que su presencia manifiesta; aquí también la aparición del horripilante ser a que alude el título en inglés marca el punto en que el clima del film empieza a perder tensión y la trama a perder consistencia; así y todo, es un personaje del que quizás un realizador menos interesado en el efecto inmediato pudo haber sacado mejor provecho.
El desenlace abunda en escenas cargadas de truculencia, pero mucho más en explicaciones que desdibujan en parte el buen trabajo de Christopher Smith, sobre todo en el planteo de la historia que apunta a miedos con los que cualquier pasajero de subterráneo habrá fantaseado alguna vez.
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