Cómo me enamoré de un gánster: una película polaca repleta de trucos que queda presa del cálculo y las especulaciones
Gran éxito en Netflix, este film de tres horas de duración está inspirado en la vida de un famoso criminal que se convirtió en un magnate en pleno régimen comunista
4 minutos de lectura'

Cómo me enamoré de un gánster (Jak pokochalam gangstera / Polonia, 2022). Dirección: Maciej Kawulski. Guion: Krzysztof Gureczny, Maciej Kawulski. Fotografía: Bartek Cierlica. Montaje: Marcin Drewnowski, Maciej Kawulski. Elenco: Tomasz Wlosok, Aleks Kurdzielewicz, Antoni Królikowski, Agnieszka Grochowska, Magdalena Lamparska, Krystyna Janda. Duración: 185 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular.
Nikodem Skotarczak fue uno de los criminales más famosos de la historia de Polonia, el Don Corleone de Tricity, un área urbana del norte del país integrada por las ciudades de Gdansk, Gdynia y Sopot. Tuvo una infancia cargada de traumas que lo marcaron, como ocurre con frecuencia en casos como el suyo, e inició su carrera delictiva después de trabajar como guardia de seguridad en un club nocturno y guardaespaldas. A mediados de los 70 organizó una célula dedicada a importar vehículos robados de Alemania y Austria, un negocio ilegal que le permitió acumular pingües ganancias y convertirse en un poderoso capo mafia que no se privó de caprichos como patrocinar al Lechia Gdansk, un modesto club de fútbol que gracias a su apoyo económico ganó la Copa de Polonia en la temporada 1982/1983. Vivió también en Hamburgo, estuvo preso en Berlín y logró escapar de prisión, regresó clandestinamente a su país y después de que lo apresaran nuevamente, en 1993, salió en libertad muy pronto gracias a una serie de sobornos que pagó al Servicio Penitenciario de Varsovia.
Cómo me enamoré de un gánster, una de las películas más exitosas de Netflix en estos últimos días, narra esta historia tomándose algunas licencias. La gran cantidad de claroscuros de la biografía de “Nikos”, tal el apodo con el que fue más conocido el protagonista de la historia, abrió las puertas para las convenientes invenciones de la película, orientada a presentarlo como un criminal hábil y seductor, una especie de héroe marginal recreado glamorosamente para una ficción de alcance popular.
Por su obstinación en presentarlo como un personaje cool, enfocado con una mirada romántica y esteticista, Cómo me enamoré de un gánster recuerda a El ángel, la película de Luis Ortega que reconvirtió la vida real del asesino serial Carlos Robledo Puch para volverla relato de aventuras con atractivo cinematográfico.
El film empieza con un recurso típico del noir: una mujer que conoció a Nikos de muy cerca le cuenta a un joven periodista su versión de la historia. Ese extenso flashback recorre una vida llena de excesos, cuenta el auge y la caída del mafioso polaco, remarcando con una curiosa fijación que su decadencia estuvo especialmente relacionada con el consumo de cocaína.

Tanto la dinámica de la narración como los procedimientos a los que apela Maciej Kawulski -un aficionado a las artes marciales mixtas que en 2018 convirtió ese interés personal en un gran éxito del cine polaco con Klatka- están marcados por la lógica de la publicidad: el efecto, antes que la profundidad. Montaje acelerado, uso y abuso de filtros lumínicos, una banda sonora omnipresente -con una versión remozada del hit internacional de los años 80 “Big in Japan” de Alphaville como caballito de batalla- y la ruptura constante de la cuarta pared de muchos de los personajes que provoca una fricción evidente con el punto de vista de la narradora que la propia película propone desde el arranque.
Pero el problema más notable de Cómo me enamoré de un gánster es su duración: a lo largo de las tres horas de la película las situaciones se repiten y el personaje central no evoluciona demasiado, apenas cambia de aspecto y de vestuario. Decididamente pensada como producto de consumo masivo, despliega su arsenal de recursos, una carga de pirotecnia visual que está por encima del desarrollo de un guion que pinta a los personajes apenas con pinceladas y que ni siquiera toma en cuenta el contexto: no hay demasiados rastros de la Polonia comunista, salvo apuntes, notas al pie breves y superficiales que revelan que el interés está puesto en otra cosa. El villano simpático que construye la película es intercambiable: se puede acomodar en Nueva York, Miami o una ciudad imaginaria, el tiempo histórico no lo atraviesa, es una figura de cartón recortada específicamente para que encaje en un rompecabezas ideado por alguien que claramente pensó más en la demanda que en la creación de un discurso personal.
Otras noticias de Netflix
1Matteo Bocelli: cómo prepara su debut en la Argentina, por qué canta en español y el consejo de su padre famoso
2El thriller alemán de seis episodios que está en Netflix y se convirtió en un fenómeno global
3Cuándo es la final de MasterChef Celebrity
- 4
Adiós al maestro de música: a los 85 años, murió José van Dam







