Creatividad visual en un audaz film animado
1 minuto de lectura'
"Las trillizas de Belleville" ("Les Triplettes de Belleville", Francia-Canadá-Bélgica/2003). Guión y dirección: Sylvain Chomet. Música: Benoît Charest. Edición: Dominique Brune, Chantal Colibert Brunner y Dominique Lefever. Diseño de producción: Evgeni Tomov. Producción animada presentada por Quasar Films. Duración: 78 minutos. Apta para todo público.
Así como el estreno comercial de "El viaje de Chihiro" demostró la maestría de la animación japonesa, el lanzamiento de "Las trillizas de Belleville" sirve no sólo para confirmar el talento de su creador, el joven Sylvain Chomet, sino también para ratificar que no sólo Hollywood es capaz de innovar, sorprender y cautivar dentro del género.
"Las trillizas de Belleville" es una verdadera obra de arte, aunque -cabe aclararlo- no apuesta al entretenimiento fácil y accesible que suelen proponer las películas animadas pensadas para el consumo familiar. Si bien su extraordinario despliegue visual puede interesar a segmentos de públicos muy diversos, no parece destinada a los chicos más pequeños, que se pueden sentir abrumados por su apuesta por el desborde y la excentricidad, su tono melancólico, la veta absurda, su mirada sobre el patetismo, la soledad y la incomunicación de personajes de vida gris.
La trama -absurda, sin pretensiones de realismo ni credibilidad- se centra en las desventuras de Champion, un retraído ciclista que vive en condiciones penosas en compañía de su madre e incansable entrenadora, y de Bruno, su perro obeso y holgazán. Luego de años de preparación, Champion llega a competir en el Tour de France, pero tiene la mala suerte de ser secuestrado por una oscura organización que lo lleva en un transatlántico hasta la ciudad de Belleville. Hacia allí se trasladarán su madre y su perro, que pronto se toparán con las trillizas del título, veteranas cantantes y bailarinas que subsisten de recuerdos, comiendo ranas y realizando todavía hilarantes shows.
Banquete cinéfilo
La película, que fue nominada al premio Oscar al mejor largometraje animado y tuvo su première en el Festival de Cannes, es un verdadero banquete cinéfilo, lleno de logrados guiños, referencias y homenajes al cine mudo y al jazz, al cine noir y a los musicales, a los grandes maestros del surrealismo, a artistas como Josephine Baker o Django Reinhardt, a la animación de genios como Tex Avery y Max Fleischer, al humor físico de Buster Keaton o Charles Chaplin, y muy especialmente a ese modélico cómico francés que fue Jacques Tati.
Así, la audacia y la exuberante creatividad visual no exenta de lirismo de Chomet y el notable sostén musical compuesto por Benoît Charest convierten a "Las trillizas de Belleville" en uno de esos espectáculos que los amantes de la animación (y del buen cine) sabrán apreciar y disfrutar en toda su dimensión.


